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"A lo largo
de la vieja historia de ese baluarte focense del arte y de la cultura
que es la iglesia de San Martiño de Mondoñedo, a la que los expertos
catalogan como "ejemplar único del pre-románico gallego" se sucedieron,
como no puede ser de otra forma, episodios de muy diversa índole,
incluso de sentido y consecuencias contradictorias.
Del balance
negativo de las mismas cabe destacar, sobre todo, aquel gravísimo
incidente, ocurrido en 1861, que a punto estuvo de hacer desaparecer el
monumento: una noche de febrero del citado año se derrumbó el techo de
la iglesia y con él el coro, y como ya de antiguo mostraba por el lado
de los ábsides unas grietas preocupantes,
los técnicos que vinieron a
valorar lo sucedido, en su informe pericial recomendaban que se
procediese al total derrumbamiento del cenobio y se construyese otra
iglesia nueva, a
expensas de la Corona, que era de quien dependía.
El párroco,
alarmado ante tal posibilidad, se presentó delante del obispo
exponiéndole su criterio acerca de lo que él consideraba una aberración
desde el punto de vista de la historia de la diócesis y mismo del
patrimonio artístico y cultural de la Iglesia.
El prelado,
Don Ponciano de Arciniega, fue sensible a los planteamientos del cura y
encargó a un maestro de obras de Mondoñedo que estudiase qué se podría
hacer para evitar que con su destrucción desapareciese aquel bastión,
testimonio de los siglos de la brillante historia de la diócesis
mindoniense; y aquel artesano, Francisco Lanteiro, se comprometió a que
el edificio continuase en pie, para lo que se precisaría la construcción
de unos contrafuertes que son los que desde aquella se contemplan en la
estructura externa del edificio; elementos que si bien resultan exóticos
y en cierta medida deslucen, por ejemplo, la contemplación de los
ábsides, permitieron la supervivencia de algo que, de no recurrir a los
mismos, resultaría dramático: la desaparición de esa joya de la
arquitectura reconocida como tal por expertos y estudiosos.
Situados en
la otra parte de la balanza, es decir, de los acontecimientos gratos
para la historia de San Martiño, además de las obras de restauración
realizadas en los años sesenta del pasado siglo, nos quedamos con el
hecho de que en el
año 1933 la iglesia fue declarada Monumento Nacional,
lo que sin duda venía a reconocer oficialmente el interés
extraordinario, cultural e histórico, de la misma.
Pues bien,
en estos momentos San Martiño está viviendo lo que representa el
episodio más importante de su largo currículo: la declaración por parte
del Papa Benedicto XVI como Basílica.
Evidentemente el logro de tal privilegio no se produce por generación
espontánea; hay, hasta llegar al objetivo final, un trabajo importante
por parte de quienes se afanaron en el mismo; la historia está ahí y
hubo que desempolvarla y aportar toda prueba documental, gráfica y
escrita, en una minuciosa labor que condujo al éxito final de la
empresa.
Todos los
habitantes de la comarca estamos de enhorabuena porque, incluso desde
una consideración extra-religiosa, hay que ser conscientes de la
importancia que para los pueblos tiene su patrimonio histórico-cultural
y todavía más cuando se reconoce universalmente.
El próximo
domingo va a tener lugar en la iglesia de San Martiño un acto, presidido
por el obispo de Mondoñedo-Ferrol, para celebrar con la solemnidad que
el hecho histórcio de la nominación de Basílica merece; acto singular
que será oficiado por el rito Mozárabe, de la misma manera que en el
siglo X lo hacía en la entonces catedral el obispo San Rosendo, tan
homenajeado en este Año Jacobeo Rosendiano, con motivo de cumplirse el
once centenario de su nacimiento". |