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El privilegio de la Basílica

de San Martiño

Suso FERNÁNDEZ

El Progreso, Ed. A Mariña, 13 de septiembre, p.11

     
     
 

"A lo largo de la vieja historia de ese baluarte focense del arte y de la cultura que es la iglesia de San Martiño de Mondoñedo, a la que los expertos catalogan como "ejemplar único del pre-románico gallego" se sucedieron, como no puede ser de otra forma, episodios de muy diversa índole, incluso de sentido y consecuencias contradictorias.

Del balance negativo de las mismas cabe destacar, sobre todo, aquel gravísimo incidente, ocurrido en 1861, que a punto estuvo de hacer desaparecer el monumento: una noche de febrero del citado año se derrumbó el techo de la iglesia y con él el coro, y como ya de antiguo mostraba por el lado de los ábsides unas grietas preocupantes, los técnicos que vinieron a valorar lo sucedido, en su informe pericial recomendaban que se procediese al total derrumbamiento del cenobio y se construyese otra iglesia nueva, a expensas de la Corona, que era de quien dependía.

El párroco, alarmado ante tal posibilidad, se presentó delante del obispo exponiéndole su criterio acerca de lo que él consideraba una aberración desde el punto de vista de la historia de la diócesis y mismo del patrimonio artístico y cultural de la Iglesia.

El prelado, Don Ponciano de Arciniega, fue sensible a los planteamientos del cura y encargó a un maestro de obras de Mondoñedo que estudiase qué se podría hacer para evitar que con su destrucción desapareciese aquel bastión, testimonio de los siglos de la brillante historia de la diócesis mindoniense; y aquel artesano, Francisco Lanteiro, se comprometió a que el edificio continuase en pie, para lo que se precisaría la construcción de unos contrafuertes que son los que desde aquella se contemplan en la estructura externa del edificio; elementos que si bien resultan exóticos y en cierta medida deslucen, por ejemplo, la contemplación de los ábsides, permitieron la supervivencia de algo que, de no recurrir a los mismos, resultaría dramático: la desaparición de esa joya de la arquitectura reconocida como tal por expertos y estudiosos.

Situados en la otra parte de la balanza, es decir, de los acontecimientos gratos para la historia de San Martiño, además de las obras de restauración realizadas en los años sesenta del pasado siglo, nos quedamos con el hecho de que en el año 1933 la iglesia fue declarada Monumento Nacional, lo que sin duda venía a reconocer oficialmente el interés extraordinario, cultural e histórico, de la misma.

Pues bien, en estos momentos San Martiño está viviendo lo que representa el episodio más importante de su largo currículo: la declaración por parte del Papa Benedicto XVI como Basílica.

Evidentemente el logro de tal privilegio no se produce por generación espontánea; hay, hasta llegar al objetivo final, un trabajo importante por parte de quienes se afanaron en el mismo; la historia está ahí y hubo que desempolvarla y aportar toda prueba documental, gráfica y escrita, en una minuciosa labor que condujo al éxito final de la empresa.

Todos los habitantes de la comarca estamos de enhorabuena porque, incluso desde una consideración extra-religiosa, hay que ser conscientes de la importancia que para los pueblos tiene su patrimonio histórico-cultural y todavía más cuando se reconoce universalmente.

El próximo domingo va a tener lugar en la iglesia de San Martiño un acto, presidido por el obispo de Mondoñedo-Ferrol, para celebrar con la solemnidad que el hecho histórcio de la nominación de Basílica merece; acto singular que será oficiado por el rito Mozárabe, de la misma manera que en el siglo X lo hacía en la entonces catedral el obispo San Rosendo, tan homenajeado en este Año Jacobeo Rosendiano, con motivo de cumplirse el once centenario de su nacimiento".

     
   
   
   
 
 

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