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                                                                                                                                                          las reliquias de San Rosendo

                             

 
 
 
       
 

Las reliquias de San Rosendo

Antón NIÑE

El Progreso, 24 de octubre de 2007, p. 10

     
     
 

Si miramos nuestro calendario vemos como los dos primeros días del mes de noviembre están dedicados a "Todos los Santos" y a los "Fieles difuntos". Son días en los que proliferan las visitas a nuestros cementerios: en la memoria de nuestros antepasados se rezan unas oraciones, se limpian las lápidas y se adornan con flores sus tumbas. Este ritual se puede repetir en cualquier momento del año, pero es en estos días cuando hay más abundancia de personas.

Es sabido que la persona, desde tiempos inmemoriales, sintió un hondo respeto por el misterio de la muerte. Ella inspiró multitud de rituales y símbolos que son una reflexión sobre el "más allá". En la cultura occidental, y particularmente en la gallega, el culto a los muertos tiene una relevancia destacada. Si recorremos nuestra geografía podemos encontrarnos con "mámoas", dólmenes, "petos de ánimas", cruceros, etc., que nos indican que en nuestro rico patrimonio etnográfico "la muerte forma parte de nuestras vidas en forma de recuerdos, ritos, oraciones, espiritualidad y arte".

En el cristianismo las primeras manifestaciones artísticas se originan en las catacumbas. Se decoran sus paredes y techos con escenas de la Sagrada Escritura que proclaman la esperanza cristiana  de una vida eterna. Jesucristo, en un principio, se representa por medio de símbolos o alegorías, porque se temía que las representaciones del Señor no tuviesen la dignidad que le corresponde al Hijo de Dios. La representación más difundida es el anagrama formado por las dos iniciales del nombre Jesucristo en griego X y P, empatadas, que recibe el nombre de crismón. Acostumbran acompañarlas la primera y la última letras del alfabeto griego, alfa y omega, símbolos de principio y fin, o sea, de eternidad.

Las pinturas y las esculturas de los primeros siglos se conocen como arte paleocristiana. En la Mariña podemos ver un buen ejemplo de este arte en Vilanova de Lourenzá: el sepulcro del Conde Santo. En nuestro entorno encontramos otros sepulcros y tumbas muy visitadas, como pueden ser el Sepulcro del Bispo Santo, en Foz (San Martiño de Mondoñedo), o la tumba de Álvaro Cunqueiro, en el cementerio de Mondoñedo.

Esta semana, coincidiendo con la celebración del XI Centenario del nacimiento de San Rosendo, recibiremos en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol sus restos mortales. La Delegación diocesana de Turismo, Santuarios y Peregrinaciones nos informan que con el lema "Ven a nuestra casa", queremos recibir "como signo de acción de gracias por la transmisión de la fe, las reliquias de nuestros santo".

A la Mariña llegarán a Viveiro el día 24 de octubre, a San Martiño de Mondoñedo y a Foz el día 25, a Ribadeo el 26, y a Mondoñedo el 27. En estas villas y ciudades, y en lugares diferentes, bien sea en iglesias parroquiales, santuarios o monasterios, los fieles tendrán la oportunidad de participar en distintos actos: eucaristías, vigilias de oración, rezo de laudes, etc.; y, al mismo tiempo, observar la urna con los restos mortales de San Rosendo que se conserva en la Iglesia de Celanova y que data del siglo XVII.

A lo largo de este "Año Rosendiano" tuvimos la ocasión de conocer su vida y obra. La vida y la obra de un obispo y de un monje que tiene un lugar destacado en la historia de Galicia y tan vinculado a nuestra comarca. Un hombre transmisor de la fe y de la esperanza cristiana y preocupado por la sociedad de su tiempo.

Tener entre nosotros los restos de nuestro patrón y participar en alguno de los actos previstos nos servirá para acercarnos a las raíces de nuestra fe y para "sentirnos un poco más comunidad, sentirnos miembros de nuestra realidad diocesana", sabiendo que los santos que hoy celebramos son personas de vida ejemplar: desde las situaciones que ellos vivieron nos ayudan a comprender cómo podemos nosotros vivir evangélicamente".

Acojamos, pues, con alegría sus restos y que la contemplación de la hermosa urna, nuestra meditación, nuestra escucha y nuestra plegaria nos acerque más a Dios y a los hombres.

     
   
   
   
 
 

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