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Si miramos
nuestro calendario vemos como los dos primeros días del mes de noviembre
están dedicados a "Todos los Santos" y a los "Fieles difuntos". Son días
en los que proliferan las visitas a nuestros cementerios: en la memoria de
nuestros antepasados se rezan unas oraciones, se limpian las lápidas y se
adornan con flores sus tumbas. Este ritual se puede repetir en cualquier
momento del año, pero es en estos días cuando hay más abundancia de
personas.
Es sabido que
la persona, desde tiempos inmemoriales, sintió un hondo respeto por el
misterio de la muerte. Ella inspiró multitud de rituales y símbolos que
son una reflexión sobre el "más allá".
En la cultura occidental, y
particularmente en la gallega, el culto a los muertos tiene una relevancia
destacada. Si
recorremos nuestra geografía podemos encontrarnos con "mámoas", dólmenes,
"petos de ánimas", cruceros, etc., que nos indican que en nuestro rico
patrimonio etnográfico "la muerte forma parte de nuestras vidas en forma
de recuerdos, ritos, oraciones, espiritualidad y arte".
En el
cristianismo las primeras manifestaciones artísticas se originan en las
catacumbas. Se decoran sus paredes y techos con escenas de la Sagrada
Escritura que proclaman la esperanza cristiana de una vida eterna.
Jesucristo, en un principio, se representa por medio de símbolos o
alegorías, porque se temía que las representaciones del Señor no tuviesen
la dignidad que le corresponde al Hijo de Dios. La representación más
difundida es el anagrama formado por las dos iniciales del nombre
Jesucristo en griego X y P, empatadas, que recibe el nombre de crismón.
Acostumbran acompañarlas la primera y la última letras del alfabeto
griego, alfa y omega, símbolos de principio y fin, o sea, de eternidad.
Las pinturas
y las esculturas de los primeros siglos se conocen como arte
paleocristiana. En la Mariña podemos ver un buen ejemplo de este arte en
Vilanova de Lourenzá: el sepulcro del Conde Santo. En nuestro entorno
encontramos otros sepulcros y tumbas muy visitadas, como pueden ser el
Sepulcro del Bispo Santo, en Foz (San Martiño de Mondoñedo), o la tumba de
Álvaro Cunqueiro, en el cementerio de Mondoñedo.
Esta semana,
coincidiendo con la celebración del XI Centenario del nacimiento de San
Rosendo, recibiremos en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol sus restos
mortales. La
Delegación diocesana de Turismo, Santuarios y Peregrinaciones nos informan
que con el lema "Ven a nuestra casa", queremos recibir "como signo de
acción de gracias por la transmisión de la fe, las reliquias de nuestros
santo".
A la Mariña
llegarán a Viveiro el día 24 de octubre, a San Martiño de Mondoñedo y a
Foz el día 25, a Ribadeo el 26, y a Mondoñedo el 27. En estas villas y
ciudades, y en lugares diferentes, bien sea en iglesias parroquiales,
santuarios o monasterios, los fieles tendrán la oportunidad de participar
en distintos actos: eucaristías, vigilias de oración, rezo de laudes,
etc.; y, al mismo tiempo, observar la urna con los restos mortales de San
Rosendo que se conserva en la Iglesia de Celanova y que data del siglo
XVII.
A lo largo de
este "Año Rosendiano" tuvimos la ocasión de conocer su vida y obra. La
vida y la obra de un obispo y de un monje que tiene un lugar destacado en
la historia de Galicia y tan vinculado a nuestra comarca. Un hombre
transmisor de la fe y de la esperanza cristiana y preocupado por la
sociedad de su tiempo.
Tener entre
nosotros los restos de nuestro patrón y participar en alguno de los actos
previstos nos servirá para acercarnos a las raíces de nuestra fe y para
"sentirnos un poco más comunidad, sentirnos miembros de nuestra realidad
diocesana", sabiendo que los santos que hoy celebramos son personas de
vida ejemplar: desde las situaciones que ellos vivieron nos ayudan a
comprender cómo podemos nosotros vivir evangélicamente".
Acojamos,
pues, con alegría sus restos y que la contemplación de la hermosa urna,
nuestra meditación, nuestra escucha y nuestra plegaria nos acerque más a
Dios y a los hombres. |