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Las viejas
piedras de Mondoñedo, labradas a fuerza de música de campanas, de latines
y también -¿cómo no decirlo ahora, en estas circunstancias...?- de lo que
entre ellas soñaron desde Fray Antonio de Guevara hasta Álvaro Cunqueiro,
contemplaron ayer una ceremonia cuyas liturgias recordaron el esplendor
episcopal de otros tiempos.
Las diócesis
de Galicia, Asturias, Astorga y Braga celebraron juntas, bien podría
decirse que hermanadas, en la muy venerable ciudad medieval, entre mitras
y hábitos de caballeros del Santo Sepulcro y de la Orden de Malta, la
Clausura del Año Jubilar de San Rosendo.
Era, el de
ayer, un día muy de otoño. Una de esas jornadas de noviembre, Mes dos
Santos, en las que el humo de las chimeneas -porque en Mondoñedo,
afortunadamente, aún hay chimeneas que dan testimonio de la vida que la
ciudad guarda dentro de sí- tendía a quedarse tumbado, lacazaneando, sobre
los tejados de losa de las casas, con mucha frecuencia, blasonadas.
A primera
hora de la mañana, en lo alto de la catedral ("pastoreando os ventos", que
decía el propio Cunqueiro, permítasenos de nuevo citarlo), la talla de
piedra que representa a San Rosendo, patrono de la diócesis que hace diez
siglos fue la suya, contemplaba, impasible, los preparativos de la
ceremonia. Había, en
la plaza que vio decapitar al mariscal Pardo de Cela, quienes se quejaban
de lo temprano de la hora: "¡Mira se isto no se podía poñer un pouco máis
tarde...!". Pero los organizadores replicaban pragmáticos: "Para poder
sacalo por televisión en directo, non había outra posibilidade".
Y así
comenzó, puntual, a las diez y media de un domingo tan frío, la ceremonia
catedralicia. La basílica, siempre imponente (los obispos y los sacerdotes
concelebrantes, el cabildo, los hábitos de los caballeros), sobrecogía al
visitante.
El Arzobispo
de Santiago de Compostela, el prelado de la ciudad con la vista puesta en
el próximo Xacobeo ya aguarda por el Papa, invocaba el ejemplo de San
Rosendo: "La esperanza cristiana -decía ayer, monseñor Barrio- ayuda a
superar la angustia, el escepticismo y el desencanto; en medio de la indiferencia
religiosa que de espacio a los falsos profetismos, a presunciones temerarias
y
a pietismos estériles, la norma de la vida cristiana es Cristo y su Evangelio".
Manuel
Sánchez Monge, el prelado mindoniense, recordaba que el legado de San
Rosendo es una invitación permanente a apostar por una "fe comprometida",
por la "labor social" con quienes nada tienen y, por supuesto, para la
"reconciliación".
En palabras
del teólogo Segundo Leonardo Pérez López, "San Rosendo es la prueba de que
la
cultura de Galicia tiene raíces hondamente cristianas". |