Bautizados, sí; pero ¿convertidos?

"El regalo de la fe cristiana, de ser y crecer como hijos de Dios, de formar parte de la gran familia de los cristianos que constituimos la Iglesia"

Todavía muchas familias, por no decir la inmensa mayoría, piden a la Iglesia el sacramento del bautismo para sus hijos recién nacidos. Casi todos por tradición, costumbre o más o menos convicción religiosa; pocos sabiendo realmente lo que significa este sacramento y a que se comprometen al pedirlo.

Lo más fácil es bautizar por mera costumbre o como pretexto para celebrar el nacimiento de un hijo y reunir a la familia, lo que, por otra parte que es bueno. Sin embargo lo correcto es que aquellos padres y padrinos que piden el bautismo sean conscientes de la importancia que tiene este sacramento, al menos para una persona creyente.

No se trata de un rito de iniciación o de una ceremonia sin más. El sacramento del bautismo es un don, un regalo de Dios que se nos ofrece a través de la Iglesia: el regalo de la fe cristiana, de ser y crecer como hijos de Dios, de formar parte de la gran familia de los cristianos que constituimos la Iglesia.

Y como todo regalo, lo lógico es que se valore y se aprecie como tal. De ahí el compromiso de los padres, de los padrinos y de la comunidad que acoge al niño que va a ser bautizado, de educarlo en la fe cristiana, en los valores del evangelio, en el conocimiento y seguimiento de Jesucristo. Y educar en este caso es acompañar y acoger, transmitir la fe y testimoniarla con nuestro ejemplo…

Para lo cual hemos de estar “convertidos” - o en camino de conversión -, no sólo “bautizados”.

He aquí la importancia de una buena preparación.

Antonio Rodríguez Basanta
Vicario general de Mondoñedo-Ferrol

Publicado: 23/01/2017: 402
Antonio Rodríguez Basanta

Xove (1950) - Vicario General - Especialista en Catequética

@tonobasanta