Tiempo de Adviento, tiempo de esperanza

"Pobres de nosotros si nos falta la esperanza. Nuestra vida, con sus trabajos y sus luchas, no tendría un “por qué” ni un “para qué” ser vivida"

El Adviento siempre nos evoca y nos anima a revivir la esperanza. El ser humano está marcado y a veces tensionado por la esperanza de un futuro mejor. Pobres de nosotros si nos falta la esperanza. Nuestra vida, con sus trabajos y sus luchas, no tendría un “por qué” ni un “para qué” ser vivida.

Sin embargo en esto de la esperanza hay muchas gangas que tarde o temprano generan insatisfacción. Por eso habría que distinguir varias clases de esperanza. O lo que es lo mismo, preguntarnos en qué o en quién ponemos nuestras esperanzas. ¿Solo en las cosas materiales?, ¿en la riqueza, en los bienes materiales, en nuestros planes de corto alcance, en el afán de ser más o estar por encima del otro, etc.?...

Si nuestras expectativas no van más allá y no levantan la mirada para “volar más alto”, entonces reinará el desencanto, fácilmente nos frustraremos y la tristeza ensombrecerá nuestro ánimo.

Por eso la liturgia del Adviento un año más nos pone por delante a aquel que sí colma todas nuestras expectativas: Dios mismo, manifestado en ese niño frágil y desvalido, cuyo nacimiento conmemoramos en Navidad.

Vale la pena, pues, perfilar y pulir nuestras esperanzas para vivir intensamente esta gran esperanza, ya cumplida, al menos inicialmente, y a la vez en camino de ser realizada plenamente.

Quien en estos días de Adviento se deja iluminar por la palabra de aquel que cumple sus promesas, no quedará jamás defraudado.

Publicado: 04/12/2017: 53
Antonio Rodríguez Basanta

Xove (1950) - Vicario General - Especialista en Catequética

@tonobasanta