La irrespirable crispación

Alepo es la ciudad más devastada por la guerra civil de Siria · Autor: AFP

"Los pobres son cada día más pobres, el paro no acaba de resolverse, muchas familias siguen divididas, los jóvenes sin un mañana ilusionante, los ancianos cada vez más solos y el futuro de este mundo más incierto"

Llevamos largos meses -demasiados ya- en que la atmósfera de nuestra convivencia social y política, aireada por los medios de comunicación, se nos ha vuelto tóxica: el “procés” independentista de Cataluña, los juicios interminables a los presuntos corruptos, la huelga de los juzgados, los hipotéticos máster expedidos por ciertas universidades, la confrontación de los políticos, la interminable guerra de Siria (ahora con armas químicas), los atiborrados campos de refugiados, los naufragios de las pateras en el Mediterráneo, el tráfico de drogas… y un largo etcétera.

A uno se le caen de las manos las portadas de los periódicos y los titulares de los telediarios nos chirrían los oídos con el martilleo persistente de las mismas noticias, sin avance ni atisbo de solución que nos hagan mirar el futuro con más esperanza.

A veces uno piensa que si esto no estalla es porque Dios no lo quiere, aunque muchos no crean en él o, creyendo, viven como si Dios no existiera. Es lo que en el lenguaje del catecismo de siempre se llama “la Divina Providencia”.

¿Merece la pena tanta crispación, explotación y violencia? ¿Nos hemos preguntado serenamente a dónde nos puede llevar toda esta cadena de descalificaciones, desencuentros, actitudes cerradas y violentas? ¿Vale la pena vivir con tanta tensión y violencia por lograr aquello por lo que se lucha?

Y lo peor es que silenciosamente los pobres son cada día más pobres, el paro no acaba de resolverse, muchas familias siguen divididas, los jóvenes sin un mañana ilusionante, los ancianos cada vez más solos y el futuro de este mundo más incierto.

Es hora de que la gente de “buena voluntad” nos pongamos las pilas y no nos cansemos de ser sembradores de paz, armonía y serenidad. Y que el tesoro del Evangelio, - nuestra mayor riqueza -, sea, entre nosotros y más allá de nuestros ambientes, orado, vivido y testimoniado con la fuerza del Espíritu del Resucitado

Publicado: 17/04/2018: 1021
Antonio Rodríguez Basanta

Xove (1950) - Vicario General - Especialista en Catequética

@tonobasanta