Unidos en la esperanza. El viaje del Papa a Suecia y la Reforma protestante

Artículo publicado en la revista diocesana 'DUMIO' (n.133, oct. 2016)

"Cinco siglos después de la de Lutero también los cristianos del siglo XXI nos encontramos, pues, con el mismo reto de reformar la Iglesia, no de hacer otra nueva"

El día 31 de octubre de 2017 se cumplirán los quinientos años de la publicación de las famosas 95 tesis contra las indulgencias y para la reforma de la Iglesia. Su autor fue el profesor de Teología de la universidad de Wittenberg (Alemania), Dr. Martín Lutero. Tanto la historiografía católica como la protestante han llegado ya hace tiempo a la conclusión de que el suyo no fue un acto de rebeldía frente a la autoridad eclesiástica, sino fruto de sus profundas convicciones teológicas y espirituales. Como otros reformadores del pasado, pensemos en San Francisco de Asís o Santo Domingo, quería que la Iglesia recuperara la frescura de sus orígenes. Ya sabemos a lo que llevaron esas intenciones en la práctica, a saber, a una Iglesia dividida en confesiones. Por eso fue conveniente revisitar el pasado, para concluir que los resultados hubieran sido diferentes, si se hubieran dado otras circunstancias, especialmente políticas. Este trabajo común de revisión ha sido realizado por ambas confesiones desde hace cincuenta años. Los frutos se pueden sintetizar diciendo que tanto unos como otros, aquí y ahora, nos reconocemos como necesitamos de reforma.

Cinco siglos después de la de Lutero también los cristianos del siglo XXI nos encontramos, pues, con el mismo reto de reformar la Iglesia, no de hacer otra nueva. Desde el Vaticano II no hemos estado hablando de otra cosa, porque "la Iglesia peregrina en este mundo está llamada por Cristo a esta perenne reforma, de la que ella, en cuanto institución terrena y humana, necesita permanentemente; tanto que si algunas cosas, por circunstancias de lugar y tiempo, decayeren de su debida observancia en las costumbres, en la disciplina eclesiástica o incluso en el modo de exponer la doctrina -el cual debe distinguirse con sumo cuidado del depósito mismo de la fe-, deberán restaurarse a tiempo en la forma y orden debidos" (Decreto sobre el Ecumenismo Unitatis redintegratio, 6). Era importante citar este texto para indicar que las iniciativas del papa Francisco encuentran aquí su fundamento. En este sentido, él mismo, durante su reciente viaje a Armenia, fue preguntado por el significado de Lutero y su Reforma: “En ese tiempo la Iglesia no era un modelo de imitar, había corrupción en la Iglesia, había mundanidad, el apego al dinero, al poder, y por esto él protestó. Él era inteligente, ha hecho un paso adelante justificando el por qué lo hacía, y hoy luteranos y católicos, protestantes, todos, estamos de acuerdo con la doctrina de la justificación, en este punto tan importante él no se ha equivocado”.

Lutero no quería fundar, pues, una nueva Iglesia, aunque lo que vino después fue la división, las guerras de religión, y, más tarde, el desprestigio de la fe cristiana en toda Europa, todos ellos efectos que todavía hoy estamos padeciendo. Es un hecho que el desafío común no es solo el de la unidad visible de la Iglesia de Cristo, sino que más profundo todavía es el de la situación de descristianización que afecta a todos, tanto católicos como protestantes. El papa Benedicto XVI ya lo había afirmado cuando convocó un ‘año de la fe’, pues pensaba que nuestro empeño común no ha de ser principalmente la supervivencia de las Iglesias, sino la evangelización, es decir, la transmisión de la fe en Jesucristo a las generaciones actuales y futuras.

Así pues, nos encontramos en nueva época, pues la renovación de los motivos para creer, para ser cristianos y pertenecer a la Iglesia, y sentir con ella –como diría San Ignacio de Loyola- , no están claros para muchos de nuestros contemporáneos;  y ello, como decimos, nos afecta a todos. ¿Cómo hacerlo? Si partimos de la voluntad de Cristo, según la cual es necesaria la unidad ‘para que el mundo crea’ (Jn 17,21), entonces una iniciativa histórica está ante nuestras puertas. En efecto, hasta ahora las conmemoraciones anteriores de la Reforma protestante, desde la de 1617 hasta la última de 1917, habían sido ocasión para continuar con la polémica, con la enemistad. Por primera vez, por lo tanto, conmemoraremos el aniversario de la Reforma como un acontecimiento que nos ha de llevar a mirar juntos hacia el futuro. Y, para preparar tal evento, el próximo 31 de octubre de 2016, el papa Francisco y la Federación Luterana Mundial invitan a todos los cristianos a iniciar los actos del aniversario por medio de una celebración ecuménica conjunta. El hecho de que este primer acto se haga en Lund se debe a que fue en esta pequeña ciudad universitaria sueca donde, en el año 1947, se constituyó la Federación Luterana Mundial. Y nos preguntamos, ¿por qué ahora? Porque llevamos cincuenta años de diálogo y hemos descubierto que es mucho más los que nos une que lo que nos separa, pues todos somos bautizados. Como decía Juan XXIII en la apertura del Concilio, ahora la Iglesia quiere aplicar la medicina de la misericordia. Por ello la visita del papa a Lund, algo inimaginable no hace tantos años, es un acontecimiento cargado de esperanza en la unidad de los cristianos. En este sentido son muy positivas las reacciones de los luteranos suecos ante la visita del papa. Lo recordaba recientemente el arzobispo luterano de Uppsala (Suecia), la señora Antje Jackelén: “No hay motivos para hacer una celebración triunfalista de este centenario; más bien ha llegado la hora de curar los recuerdos, de un ecumenismo del amor y del encuentro, de la escucha y de la amistad”.

Publicado: 26/10/2016: 773
Benito Méndez Fernández

Cubelas (1958) - Sacerdote - Profesor ITC-UPSA