Ojos, corazón y manos cuaresmales

Mensaje del obispo Luis Ángel de las Heras para la Cuaresma 2020

"No hagamos muchos propósitos que provoquen cansancio en el camino. Busquemos esa palabra sanadora: reconciliación, que implica conversión"

Resuena con fuerza el Miércoles de Ceniza la llamada del apóstol Pablo: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). El papa Francisco nos lo recuerda en su mensaje para esta Cuaresma, invitándonos a dejarnos salvar por el Misterio pascual, fundamento de una urgente conversión.

Vivimos en un mundo roto y herido, con mucha gente que sufre y en el que, al mismo tiempo, palpita con fuerza la vida. Los cristianos recorremos el tiempo cuaresmal con la alegre esperanza de la reconciliación con Dios, que nos cura y libera, para vivir en Su misericordia y en paz con nosotros mismos y con todos. Es un tiempo fuerte para la conversión que amplía el punto de mira de nuestros ojos, que transforma un corazón de piedra en corazón de carne y que pone nuestras manos al servicio de la misericordia realizando sus obras.

Ojos abiertos, corazón sensible y mano pronta —decía san Pablo VI que debía tener la Iglesia— «para la obra de la caridad que está llamada a realizar en el mundo, con objeto de promover el progreso de los pueblos más pobres y favorecer la justicia social entre las naciones» .

Ojos, corazón y manos que bien pueden trazar un camino cuaresmal hoy hacia la Pascua de Jesús con el fin de anunciar el amor más grande a toda la tierra y trabajar por el progreso y la justicia para las personas y los pueblos más pobres. Reconciliados con Dios, abramos nuestros ojos —y nuestros oídos—, dejémonos transformar el corazón ante las realidades de crucifixión y actuemos con prontitud para colaborar en la obra de la redención y dar vida en nombre de Jesucristo.

Esto nos permitirá experimentar con renovada intensidad, y con todas las consecuencias, que el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús sustenta y da sentido a nuestra historia y a la de la humanidad en la historia de la salvación. Dispongámonos sin temor para dejar que crezca en nosotros el Misterio pascual de modo que nos haga atentos, abiertos, sensibles y prontos. Porque este Misterio responde a nuestras dudas, alivia nuestros cansancios, inspira nuestras páginas en blanco, llena nuestros vacíos, cura nuestras heridas, transforma en entrega nuestro egoísmo, nos enseña a perdonar y a pedir perdón, cambia el odio en amor, nos mueve a llevar esperanza, compañía y consuelo a las regiones de dolor y muerte de la humanidad y hace prósperas nuestras obras guiados por la misericordia del Padre.

Dejemos que sea un tiempo propicio para reconciliarse con Dios, para aceptar la alianza de la vida. Para dialogar sinceramente con Él con apertura y sensibilidad hacia un compromiso valiente, queriendo ser auténticos discípulos misioneros. No hagamos muchos propósitos que provoquen cansancio en el camino. Busquemos esa palabra sanadora: reconciliación, que implica conversión. Palabra que surge de los labios misericordiosos de Dios y nos invita a levantar con humildad la vista y encontrar sus ojos henchidos de ternura para quien se siente pecador. Su palabra y su mirada de misericordia hacen comprender sus brazos abiertos en la cruz. Mirar así el misterio del crucificado que da vida nos lleva a tocar la carne de Cristo que sufre en tantas personas llagadas hoy. Ojos, corazón y manos misericordiosos y samaritanos. Ojos, corazón y manos cuaresmales.

Oro por vosotros, queridos hermanos de Mondoñedo-Ferrol, para que halléis una feliz conversión cuaresmal de ojos y oídos más atentos, corazón más sensible y manos y pies más ágiles y dispuestos a caminar con los hermanos —sin dejar de lado a ninguno y menos a los pequeños— hacia la Pascua.



GALEGO

Resoa con forza o Mércores de Cinza a chamada do apóstolo Pablo: «En nome de Cristo pedímosvos que vos reconciliedes con Deus» (2  Co 5,20). O papa Francisco lémbranolo na súa mensaxe para esta Coresma, convidándonos a deixarnos salvar polo Misterio pascual, fundamento dunha urxente conversión.

Vivimos nun mundo roto e ferido, con moita xente que sofre e no que, ao mesmo tempo, palpita con forza a vida. Os cristiáns percorremos o tempo coresmal coa alegre esperanza da reconciliación con Deus, que nos cura e libera, para vivir na Súa misericordia e en paz connosco mesmos e con todos. É un tempo forte para a conversión que amplía o punto de mira dos nosos ollos, que transforma un corazón de pedra en corazón de carne e que pon as nosas mans ao servizo da misericordia realizando as súas obras.

Ollos abertos, corazón sensible e man pronta —dicía san Pablo VI que debía ter a Igrexa— «para a obra da caridade que está chamada a realizar no mundo, con obxecto de promover o progreso dos pobos máis pobres e favorecer a xustiza social entre as nacións».

Ollos, corazón e mans que ben poden trazar un camiño coresmal hoxe cara á Pascua de Xesús co fin de anunciar o amor máis grande a toda a terra e traballar polo progreso e a xustiza para as persoas e os pobos máis pobres. Reconciliados con Deus, abramos os nosos ollos —e os nosos oídos—, deixémonos transformar o corazón ante as realidades de crucifixión e actuemos con prontitude para colaborar na obra da redención e dar vida en nome de Xesucristo.

Isto permitiranos experimentar con renovada intensidade, e con todas as consecuencias, que o misterio da paixón, morte e resurrección de Xesús sustenta e dá sentido á nosa historia e á da humanidade na historia da salvación. Dispoñámonos sen temor para deixar que creza en nós o Misterio pascual de modo que nos faga atentos, abertos, sensibles e prontos. Porque este Misterio responde as nosas dúbidas, alivia os nosos cansazos, inspira as nosas páxinas en branco, enche os nosos baleiros, cura as nosas feridas, transforma en entrega o noso egoísmo, ensínanos a perdoar e a pedir perdón, cambia o odio en amor, móvenos a levar esperanza, compañía e consolo ás rexións de dor e morte da humanidade e fai prósperas nosas obras guiados pola misericordia do Pai.

Deixemos que sexa un tempo propicio para reconciliarse con Deus, para aceptar a alianza da vida. Para dialogar sinceramente con El con apertura e sensibilidade cara a un compromiso valente, querendo ser auténticos discípulos misioneiros. Non fagamos moitos propósitos que provoquen cansazo no camiño. Busquemos esa palabra sanadora: reconciliación, que implica conversión. Palabra que xorde dos beizos misericordiosos de Deus e convídanos a levantar con humildade a vista e atopar os seus ollos enchidos de tenrura para quen sente pecador. A súa palabra e a súa mirada de misericordia fan comprender os seus brazos abertos na cruz. Mirar así o misterio do crucificado que dá vida lévanos a tocar a carne de Cristo que sofre en tantas persoas chagadas hoxe. Ollos, corazón e mans misericordiosos e samaritanos. Ollos, corazón e mans coresmais.

Rezo por vós, queridos irmáns de Mondoñedo-Ferrol, para que achedes unha feliz conversión  coresmal de ollos e oídos máis atentos, corazón máis sensible e mans e pés máis áxiles e dispostos a camiñar cos irmáns —sen deixar de lado a ningún e menos aos pequenos— cara á Pascua.
 

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel