Permanecer y comprender

Artículo publicado en la revista diocesana 'DUMIO' (n. 133, oct. 2016)

"Afincarse en la fe y el amor a Cristo, con un sentido de la realidad recibido, que afirma la supremacía de lo invisible y permite afrontar la vida de una forma mucho más auténtica y humana"

Pronto se cumplirán cuatro años, en febrero de 2017, de la renuncia de Benedicto XVI a continuar manteniendo sobre sus hombros todo el peso del pontificado. Desde entonces el papa emérito, como ahora lo conocemos, ha podido llevar la vida de retiro y oración que sin duda necesitaba y merecía. Todos recordamos aquellos momentos en que se produjo su retirada, que solo contaba con un precedente en la Historia de la Iglesia, la de Celestino V a finales del siglo XIII.  A estas alturas el trauma que pudo ocasionar un acontecimiento tan poco habitual e importante, ya está prácticamente superado. Como a lo largo de toda su vida Joseph Ratzinger, cerca ya de cumplir 90 años, sigue sirviendo en la medida de sus fuerzas a Dios y a la Iglesia, desde la posición retirada y discreta que ahora le corresponde.

A estas alturas no voy a ocultar mi admiración por la sabiduría y la santidad de Benedicto XVI. Cuando nos dejó, un poco huérfanos, para dar paso a la elección del papa Francisco, gracias a la providencia con que el Espíritu Santo cuida de su Iglesia, escribí un breve artículo que se titulaba ¡Adiós! Bien es verdad que como aclaraba en aquel breve escrito, no se trataba de una despedida, pues cuando nos encontramos con algo o alguien que nos aporta tanto bien y cala tan profundamente en nuestro entendimiento, no estamos dispuestos a prescindir definitivamente de su influencia. Hay experiencias que marcan y enriquecen y con las que estamos deseosos  de reencontrarnos continuamente.

La obra de Joseph Ratzinger es un pozo sin fondo de conocimientos realmente provechosos, por no decir maravillosos, relacionados con las verdades fundamentales de la fe y la piedad cristiana. Se trata de uno de los grandes teólogos de nuestro tiempo, que desde su Cátedra universitaria y a través de su incansable labor al servicio de la Iglesia, sobre todo durante la época del Concilio Vaticano II, ha aportado luz nueva para los creyentes. Como he tenido oportunidad de manifestar más de una vez, su “Introducción al cristianismo” o su trilogía sobre “Jesús de Nazaret”, por citar sólo algunos de sus escritos, son una contribución espléndida desde la perspectiva filosófica y teológica, una verdadera gozada intelectual, si se me permite hablar así.

Pero más allá de tanta sabiduría se encuentra el descubrimiento de una vida, que por si algo se caracteriza es por lo que el mismo Ratzinger denomina como “permanecer y comprender”; es decir afincarse en la fe y el amor a Cristo, con un sentido de la realidad recibido, que afirma la supremacía de lo invisible y permite afrontar la vida de una forma mucho más auténtica y humana. Mientras sus predecesores en el pontificado, están siendo reconocidos y aclamados como santos, ya en ese ámbito invisible que solo conocemos por la luz de la fe, Benedicto XVI continúa entre nosotros como testimonio vivo de esa misma fe de la Iglesia.

Un nuevo libro del periodista Peter Seewald, Benedicto XVI. Últimas Conversaciones,  recientemente traducido al castellano, nos permite conocer muchos aspectos de la vida del papa emérito. Un siervo de Dios, un hombre de fe, situado ante la realidad, visible e invisible, natural y sobrenatural, con una luminosidad que resulta ser un don de Dios y a la que vale la pena acercarse para encontrar respuesta al significado real y verdadero de nuestras vidas.

Publicado: 26/10/2016: 945
Manuel Recuero Astray

Catedrático de Historia Medieval - Universidade da Coruña

@manuelrecuero