Oraciones del P. Teilhard de Chardin

En el 60º aniversario de su muerte

"Es el testimonio de la vida coherente de un hombre poseído por Cristo en lo más profundo de su alma"

Pierre Teilhard de Chardin nació en Sarcenat (Auvernia,Francia) en 1881. A los 18 años ingresó en la Compañía de Jesús. Se convertiría en un paleontólogo famoso,que recorrió Europa y Asia tras las huellas de la evolución del ser humano.

De sus escritos numerosos, algunos de los más conocidos son ”El fenómeno numano”,”El medio divino” o “El corazón de la materia”. Su doctrina fue muy contestada en el seno de la Iglesia Católica y llegó a estar prohibido. Actualmente se reconoce el valor de su visión cósmica, iluminada por la fé.

En 1981, el cardenal Casaroli escribe: ”Lo que nuestros contemporáneos, sin duda, recordarán (del P.Teillard)  más allá de las dificultades de concepción y deficiencias de expresión en este audaz intento de llegar a una síntesis, es el testimonio de la vida coherente de un hombre poseído por Cristo en lo más profundo de su alma”…
 

En busca de Dios

“¡Te necesito, Señor!,
porque sin Ti mi vida se seca.
Quiero encontrarte en la oración,
en tu presencia inconfundible,
durante esos momentos en los que el silencio
se sitúa de frente a mí, ante Ti.
¡Quiero buscarte!
Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que Tú has creado;
en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro,
y en la profundidad de un bosque
que protege con sus hojas los latidos escondidos
de todos sus inquilinos.
¡Necesito sentirte alrededor!
Quiero encontrarte en tus sacramentos,
En el reencuentro con tu perdón,
en la escucha de tu palabra,
en el misterio de tu cotidiana entrega radical.
¡Necesito sentirte dentro!
Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres,
en la convivencia con mis hermanos;
en la necesidad del pobre
y en el amor de mis amigos;
en la sonrisa de un niño
y en el ruido de la muchedumbre.
¡Tengo que verte!
Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser,
en las capacidades que me has dado,
en los deseos y sentimientos que fluyen en mí,
en mi trabajo y mi descanso
y, un día, en la debilidad de mi vida,
cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo”.


La confianza

El expresaba su confianza en la adoración apasionada de la Eucaristía, como puede verse en muchos pasajes de su obra,pero especialmente en dos pequeñas joyas incluidas en su “Himno del universo”: “la custodia” y “el ostensorio”.

«No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos ni por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí.

Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente agarrado,
cuanto más decaído y triste te encuentres.

Vive feliz. Vive en paz. Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Conserva siempre sobre tu rostro
una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.
Por eso, cuando te sientas apesadumbrado, triste,
adora y confía».


Para envejecer bien

El P.Teillard falleció en Nueva York un Domingo de Resurreción,como él había deseado,un 10 de Abril de 1955. Años antes había escrito en su Cuaderno de notas espirituales”: ”Te confío, Jesús, desesperadamente, mis últimos años activos ,mi muerte: que no logren debilitar lo que tanto he deseado terminar para Ti…”. Esta oración resulta, de entrada, un poco estremecedora por su realismo, pero descubrimos en ella “la apuesta fuerte del creyente por poner en las manos de Dios la vida toda y su después, con sus incertidumbres y fragilidades”.

«Cuando los signos de la edad marquen mi cuerpo,
y más aún cuando afecten a mi mente,
cuando la enfermedad que vaya a disminuirme o a causarme la muerte me golpee desde fuera o nazca en mi interior;

cuando llegue el doloroso momento de tomar conciencia de pronto de que estoy enfermo o envejeciendo;
y sobre todo en ese último momento en que sienta que pierdo el control de mí mismo y que estoy absolutamente inerte en manos de las grandes fuerzas desconocidas que me han formado;

en todos esos oscuros momentos, oh Dios, concédeme comprender que eres tú -supuesto que mi fe sea lo bastante fuerte- quien está separando dolorosamente todas y cada uno de las fibras de mi ser para penetrar hasta la médula misma de mi esencia y llevarme contigo».

Publicado: 21/04/2015: 4162
Rosendo Yáñez Pena

A Pedra (1935) - Sacerdote - Capellán de la residencia 'Mi Casa'-Ferrol