Cosas de niños

"Un grupo que se reunía en el redondel frente a la iglesia me puso el apodo que todavía sigue vigente: 'La Pantera Rosa'. Si no lo decían, tarareaban la melodía de Henry Mancini que acompañaba a la historieta"

Sólo pretendo reunir aquí un puñado de anécdotas para que os hagan sonreir.

Pecadillos romanos
La corta experiencia parroquial que tuve, ayudando en la vecina de S. Marcellino e Pietro en Via Merulana, me deparó la ocasión de escuchar confesiones de niños que, en italiano, me resultaban muy graciosas, como: “Ho disubbidito a la mamma”, “ho picchiato a la sorellina” (me peleé con mi hermanita), “ho rubato piccole cose”, “ho detto delle parolaccie” (palabrotas), “ho detto delle bugie” (mentiras), “qualche volta ho marinato la scuola”(alguna vez falté a clase)  y así por el estilo.

Jugando con el nombre
No sé por qué se liaban con mi nombre, unos inocentemente, como los que me llamaban directamente San Rosendo, y otros más mayores con su guasita: como el simple DonRo, pasando por el RonRoendo, llegando incluso al Don Horrendo, que ya había que cortar con un coscorrón. Saliendo del lío de las erres, un grupo que se reunía en el redondel frente a la iglesia me puso el apodo que todavía sigue vigente: La Pantera Rosa. Si no lo decían, tarareaban la melodía de Henry Mancini que acompañaba a la historieta. Qué lejos queda cuando me llamaban Garfunkel (el alto y de pelo rizo del dúo Simon & Garfunkel) o El Greco. Qué lejos, ahora que estoy convertido en un viejo barrigola.

Rudi
Había bautizado a una niña de una familia amiga y a los pocos días pasé por su casa para saludarlos y saber cómo estaba la neófita. Me abrió la puerta el padre y, a su lado, asomó la cabeza su hermano Rudi (de cuatro años) diciéndome: “¡Tapizóon, tapizóon, que tapizaste a mi hermana…! Me quedé sin saber qué decir.

El papa de Roma
Fué con motivo de la primera venida de Juan Pablo II a Santiago. Yo les pregunté a los niños de la catequesis qué era para ellos el Papa. Inmediatamente me respondió uno que era vecino mío de la calle Gravina: “¡El dictador de todo el mundo!”. Traté de reorientar la cosa y , un poco más adelante, les pregunté qué otro nombre le darían ellos al pontífice; y el mismo niño que ese día debía de estar en vena saltó rápido: “Toturus Tuturus” . Toma ya… Menos mal que después salieron otras voces y otras opiniones más cercanas a la realidad.

Los tacos
Salió el tema de las palabrotas que si eran pecado, que si sólo eran maleducación, etc. etc. Les pregunté si decían u oían muchos tacos. Entonces salió Pablito diciendo que ¡uff! Que en el recreo y en su casa se decían muchos, reconoció con toda ingenuidad, sin pensar que le oían sus padres. Al domingo siguiente salió otro tema y, como él era de los más participativos, también le pregunté: "¿Qué dices tú, Pablito?". Contestó a media voz: “Nada, que después me riñen en casa”.

“¡Ni una gota..!”
Una tarde de Jueves Santo organizamos una eucaristía muy familiar y pensamos que estaría bien dar la comunión bajo las dos especies de pan y de vino. ¿Quién se iba a encargar de sostener a mi lado el cáliz? Se lo encomendamos a Pepe, un muchacho de unos doce años, que tenía una madurez superior a su edad; era acólito y hasta pertenecía al grupo de liturgia. Todo iba bien hasta que, no sé por qué, perdió el equilibrio y se cayó. Todos estábamos preocupados por si se había hecho daño y por si se habría derramado el vino…. Pero él se levantó rápidamente y, levantando el dedo índice, dijo en voz alta: “¡No se cayó ni una gota, ni una sola gota!”. Quedó bien claro. Y todo siguió normalmente. Ahora Pepe quizá se esté riendo desde el cielo.

Una petición razonable
Muchas veces hacíamos la oración de los fieles con peticiones espontáneas de los niños. Ya os suponéis que no faltaban las clásicas: por los pobres, los enfermos, los misioneros, etc. etc. Se iban acercando al micro ellas y ellos dejando su mensajito… En esto se acercó un niño rechonchete y sonrosado que hizo esta petición razonada: “Por los muertos, porque no pueden comer”. Natural.

Extraño saludo de paz
A la hora de la paz se producía el consiguiente revuelo (no llegaba a tumulto) entre la santa infancia: se saludaban unos a otros, a las catequistas, a los padres, y algunos subían hasta el altar a darme la paz a mí. Un niño subía siempre a saludarme, dándome la mano y diciendo solemnemente: “Queda usted nombrado alcalde de este pueblo”… Ahí queda eso. Nunca pude saber por qué lo decía y de dónde lo había sacado. Hace poco, ya va mayorcito, lo encontré en la calle y le volví a preguntar: no supo qué responderme. Así que nos quedamos sin saber el origen y la razón de la frasecita.

¿Qué le pasaba a Rocío?
A lo mejor me veía como una especie de supermán o algo así: no me quitaba ojo de encima, se pegaba a mí cuando la encontraba… Yo no le daba importancia, hasta que un día cuando me puse a la puerta a despedir pasó ella con su madre y se puso a decirle: “Mamá, yo quiero..  yo quiero ser  como... ¡yo quiero ser don Rosendo! ¡Qué pena de vocación masculina!

Los ojos de Kyra
Estaba pasando unos días con mis amigos irlandeses en la caravana-casa que tenían en Mulroy Bay, una playa perdida en el Condado de Donegal. Coincidió un domingo y celebramos la eucaristía en el saloncito de la caravana. Había algunos invitados de la familia y de las caravanas vecinas. Al final, una niña de seis o siete años, llamada Kyra (cara pequeña, ojos grandes), se acercó  a mí y me dijo: “Rosendo, are you God?” (... ¿eres tú Dios?)  y por qué no le había dado del pan. Tras la sorpresa inicial, me recuperé e improvisé allí mismo una catequesis para ella. Quedó tranquila.

Poli, el filósofo
Le llamo así porque el otro día, antes del puente de los Santos, le encontré a la vuelta del cole y le pregunté qué iba a hacer en aquellas mini-vacaciones. Me dijo: “Divertirme”… Al pedirle más detalles remató: “Divertirme, vivir la vida”. Algún tiempo antes, al cruzarnos, había venido hacia mí con los ojos brillándole tras las gafas. Dice: “Mi mamá está embarazada: voy a tener un hermanito, barra(/), hermanita”. Le felicité. A los pocos días volvimos a vernos y ya no le brillaban los ojos. Al preguntarle “cómo iba todo”, su respuesta fue escueta: “Ya no hay nada”. Adiós ilusiones.

Martín, el geógrafo
Pertenece a una familia amiga, muy cercana a la parroquia. Le gusta la Geografía, lo mismo que a mí. A veces, cuando comíamos en casa de los abuelos nos preguntábamos capitales de países, los más exóticos: casi no fallaba uno. Un mediodía nos encontramos en la esquina de Sargadelos; volvía del colegio con su abuelo. La mañana había estado extrañamente nublada. Como si me transmitiera un parte meteorológico: “Rozendo, va a haber una ciclogéneziz exploziva”. Me quedé parado y repliqué: “Laos ¿capital?”. “Vientianne”, saltó él. La clavó.

Carlitos, el futbolista
Es primo del anterior. Le gusta y practica mucho el fútbol. Necesitaba unas botas nuevas y su madre se las compró. Pero, desgraciadamente, aquel día perdió. Al pedirle explicaciones su madre él le dijo: “La culpa la tienes tú, mamá, que me compraste unas botas que no corren”. No le faltaba razón a Carlitos: el calzado deportivo, debido a los dibujos en la goma, las cámaras de aire, etc., hacen que el paso sea o no más ligero. Seguro que el próximo partido lo gana con o sin las “botas de siete leguas”.

Ultima hora
Ayer alguien lo contaba en La Noche en 24h. de TVE: hoy ya está en las redes. Un padre francés trataba de explicarle a su hijo pequeño lo que había sucedido, hablándole de los terroristas: “Hijo, los terroristas tienen armas, pero nosotros tenemos flores”. El hijo le contestó: “ Sí, papá, pero las armas matan y las flores, ¿qué hacen”. Parece que quedó más tranquilo cuando le dijo que las flores y las velas eran para no olvidar.

Publicado: 19/11/2015: 6814
Rosendo Yáñez Pena

A Pedra (1935) - Sacerdote - Capellán de la residencia 'Mi Casa'-Ferrol