Anécdotas de viajes

Dublín. Trinity College, 1993
"Su decisión fue rápida: se fiaron de mí y me adelantaron el dinero para que tomase otro vuelo. Una vez en Ferrol me faltó tiempo para ordenar el reintegro del dinero y telefonearles para darles las gracias. Recuerdo que él me decía: “Me llamo Donald, como el pato”

Alguno, a lo mejor, se cree que soy un potentado que anduvo haciendo viajes a diestro y siniestro… Pero la verdad es que mis feligreses del Carmen, por mi santo, tenían el cariño y la generosidad de regalarme “el viaje del verano”; luego, yo ponía el resto. Hice cuatro de aquellos maravillosos que organizaba Juan Basoa, a la sazón párroco de san Pedro Apóstol, que seguía la tradición de su antecesor Fernando Porta, y después otros dos con distintas agencias. Y, claro, siempre gusta recordar y compartir.
 

Va de ronquidos

1.- Ronquidos escuchados. Era la primera vez que salía “al extranjero”. En la Ponti de Salamanca me había hecho amigo de un sacerdote portugués, el padre Joao da Assunçao Jorge, que era párroco de Portalegre (Alto Alemtejo). Me invitó un fin de curso a ir con él a Portugal. Sus feligreses le habían regalado un coche muy bueno (creo que era un Volkswagen coupé o algo así). Aunque el tiempo era fatal, con agua a cántaros casi todo el viaje, corría que se las pelaba entre las dehesas de Ciudad Rodrigo hasta la frontera de Fuentes de Oñoro-Vilar Formoso. Después pasamos Guarda, Covilhá,… En Castelo Branco paramos a cenar en casa de un pariente: ¡¡allí ví por primera vez la televisión!! Entrada ya la noche, llegamos a nuestro destino: Portalegre. Allí me dejó instalado en una pequeña pensión y, enseguida, me fui a la cama. Pero allá por la madrugada me desperté sobresaltado: quien fuese el emisor de los ronquidos, ¡emitía unos maullidos de gato pavorosos! Si existiese una “Antología del Ronquido”, seguro que éstos ocuparían los primeros puestos. Nunca oí una cosa igual.

2.- Ronquidos emitidos. Como siempre dormí sólo, nadie me había dicho que roncaba; yo estaba persuadido de que eso no iba conmigo. La verdad se descubrió cuando hicimos la preregrinación parroquial a Santiago desde O Cebreiro: dormíamos en albergues o pensiones. Y empezó a correrse la voz de que yo roncaba. Yo siempre lo negaba. Pero alguien llevaba una grabadora y me grabaron: tuve que rendirme humildemente ante la evidencia sonora. Estábamos haciendo un viaje precioso: después de Praga pasamos a la ciudad balneario Karlovy Vary (Carlsbad) y nos hospedamos en el hotel “Esplanade”. Compartíamos habitación Pepe Velo y yo. Ya a la hora de acostarnos, surgió el tema de que si roncas tú o si ronco yo.. Pepe dejó bien claro que en caso de ser víctima lo solucionaría a su manera. Y vaya si lo solucionó. Sobre la madrugada me levanté para ir al baño y ví que la cama de Pepe estaba vacía.. Abrí el cuarto de baño y me lo encontré ¡durmiendo en la bañera!
 

Un robo muy señalado

No tanto por la cantidad de dinero, desde luego, pero sí por el momento y el lugar. En S.Petersburgo, en su arteria principal: la Nevsky Prospekt, el 12 de Julio de 2.009, fecha de mis Bodas de Oro Sacerdotales. Acabábamos de celebrar la Eucaristía en la Iglesia de los Dominicos Polacos, con todo el grupo: emociones, felicitaciones, etc. Nos llamó la atención la tienda de Zara y Zarina y nos acercamos para preguntar si había algún ferrolano por allí… No lo había, pero sí de otros sitios de Galicia. Ibamos juntos por la acera Leoncio, Pepe Velo y yo. En esto que yo sentí una situación extraña: un grupo de fornidos hombres de negro, que me aíslan y luego se alejan… después de haberme sustraído la riñonera, cortando hábilmente la cinta. Allá iban unos 200 euros,  el DNI, la tarjeta sanitaria y una Visa bancaria. Gracias que el Pasaporte lo llevaba en el bolsillo de la camisa. El susto fue de alucine.En cuanto nos reunimos con el grupo grande ya Juan Basoa se puso a solucionar todo lo solucionable: llamó a Caixa Galicia para anular la tarjeta y organizó en el bus una colecta: la gente fue muy gentil conmigo, como para estarles siempre agradecido.
 

La generosidad de los Wells

Uno de los primeros viajes que hice a Dublín fui a la Tourist Office y me asignaron como estancia para B&B (cama y desayuno) un domicilio particular en la zona sur de la ciudad: Rathfarnham. Eran el matrimonio Donald y Nuala Wells, unos señores encantadores que me trataron a cuerpo de rey, sobre todo en cuanto supieron que era sacerdote. Yo no estaba todavía muy ducho en aeropuertos, vuelos y demás. Así que el día de la marcha cogí un bus al Aeropuerto, pero que resultó ser lento y con infinidad de paradas. Total, que cuando llegué, el avión había despegado ya. Y “pegado” que me quedé yo sin saber qué hacer, porque ya no me alcanzaba el dinero que tenía. Volví a casa de los Wells y les conté todo. Su decisión fue rápida: se fiaron de mí y me adelantaron el dinero para que tomase otro vuelo. Una vez en Ferrol me faltó tiempo para ordenar el reintegro del dinero y telefonearles para darles las gracias. Recuerdo que él me decía: “Me llamo Donald, como el pato”.
 

La sorpresa de Tallaght

Regresábamos de un recorrido que habíamos hecho desde Belfast por toda la costa oeste. Un viaje con bastantes aventuras. Bajamos hasta Limerick on Shannon, desde donde emprendimos ruta a la capital. Allí me dejaron en el convento dominico de Tallaght, en las afueras de Dublín: al día siguiente tenía vuelo a España. Después de cenar, se me ocurrió dar una vuelta por la casa y bajé hasta la capilla. Me llevé una sorpresa mayúscula cuando me encontré con un féretro delante del presbiterio: lo iluminaba una tenue luz.. Recé por el difunto/a, y subí directo a mi dormitorio sin encontrar a nadie vivo por el camino. Al día siguiente en el desayuno me explicaron que la capilla hace las veces de parroquia de la zona y de que no es raro que las iglesias sirvan de tanatorio nocturno. ¡Qué fuerte!
 

¡Campeones, campeones!

Ahora que ya terminó todo lo de la Eurocopa, con el triunfo de Portugal  y el fracaso previo de España, recordé varias veces lo que nos sucedió aquél 11 de Julio de 2.010, final del Campeonato del Mundo de Sudáfrica: Holanda-España. Habíamos llegado a Bergen (Noruega), después de haber recorrido aquella tierra de imponente belleza. Precisamente, navegando por el Sognefjord, nos habíamos cruzado con unos holandeses, que también iban llenos de euforia futbolística. Fuimos a cenar en la parte alta de la ciudad, subiendo en el teleférico; pedimos que nos colocaran un televisor grande para seguir el partido . Así fue como seguimos el evento con un ojo en el plato y otro en la TV. Esperamos a que se terminase el partido y, ya campeones, bajamos por todo Bergen gritando: ¡campeones! ¡campeones! La gente se nos quedaba mirando con simpatía y nos acompañaba con sus aplausos.
 

Los caraítas

A primer oído no suena muy bien, pero ahí están ellos. Yo no tenía idea de su existencia, pero la descubrí en un viaje que hicimos por las Repúblicas Bálticas. No muy lejos de Vilnius, la capital de Lituania, visitamos  el lago de Trakai, con su pintoresco castillo en medio, y en su orilla un pueblo de unos 5.000 habitantes. En ese idílico paraje existe una colonia de caraítas: “pequeña comunidad étnica religiosa (una rama del judaísmo) de habla turca, provenientes de Crimea”. Hasta allí los trasladó el Gran Duque de Lituania,Vytautas, entre los ss. XIV-XV, junto con otras minorías que se asentaron allí. La diferencia fundamental con relación a otros judíos consiste en que ellos no aceptan el “Talmud” (comentarios rabínicos), sino que se basan directamente en el texto de la Ley o “Torah”. Se salvaron del exterminio nazi porque el Oficio de Investigación de Genealogía del III Reich, en un decreto de 5-1-1939 los declaró “no judíos”. De no haber sido así, habrían desaparecido.

Termino ya este ramillete de anécdotas. Espero que, al menos, os haya entretenido.

Publicado: 26/07/2016: 2160
Rosendo Yáñez Pena

A Pedra (1935) - Sacerdote - Capellán de la residencia 'Mi Casa'-Ferrol