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JORNADAS
REGIONALES: Santiago de Compostela, 17-18 de abril
Lema: "Dando
vida, sembrando esperanza"
CARTEL INFORMATIVO + HOJA DE INSCRIPCIÓN

DOCUMENTOS: Día del Enfermo
2010
Lema: "Dando
vida, sembrando esperanza"
Jueves
11 de febrero
LITURGIA 11 DE FEBRERO
CARTEL
ESTAMPA
DANDO VIDA: 25
años del Día del Enfermo
Lema: "Dando
vida, sembrando esperanza"
Orientaciones
En 1985 se
inició el Día del Enfermo en la Iglesia española, una de las
actividades más relevantes de la pastoral de la salud, cuya
celebración se ha convertido en el eje vertebrador de la acción
pastoral de la Iglesia en el mundo de la salud y la enfermedad.
La
celebración del Día del Enfermo durante estos años ha servido para
acercar el mundo del enfermo a las comunidades cristianas y afinar
su sensibilidad. Ha impulsado la reflexión sobre la fuerza sanante
del Evangelio, y ha estimulado la renovación de la acción
evangelizadora de la Iglesia en este campo. Ha sido ocasión para
celebrar lo que hay de saludable y esperanzador en el mundo
sanitario, incluso en situaciones límite. Ha promovido, finalmente,
la dimensión comunitaria y el protagonismo del enfermo en la
pastoral.
Es bueno y
provechoso hacer un alto en el camino y dedicar la Campaña del 2010
a contemplar el trabajo realizado a lo largo de estos 25 años, a
valorar y difundir las grandes aportaciones a la presencia
evangelizadora de la Iglesia en el mundo de la salud y de la
enfermedad, a evaluar la repercusión que el Día del Enfermo ha
tenido en las comunidades cristianas, en la atención sanitaria y en
la sociedad.
Es justo y
saludable aprovechar la celebración de los 25 años para agradecer al
Señor todo el bien que, con su inspiración y ayuda, hemos podido
hacer a los hermanos más pequeños, los enfermos, y el que ellos nos
han regalado.
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“La Iglesia
al servicio del amor hacia los enfermos y los que sufren”
Mensaje
del Santo Padre Benedicto XVI con ocasión de la XVIII Jornada
Mundial del Enfermo
11 de febrero de
2010
25º Aniversario de la Institución
del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios (para la Pastoral
de la Salud)
El 11 de febrero próximo,
memoria litúrgica de la Beata Virgen María de Lourdes, se celebrará
en la Basílica Vaticana la XVIII Jornada Mundial del Enfermo. La
feliz coincidencia con el 25º aniversario de la Institución del
Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios es un motivo más para
agradecer a Dios por el camino recorrido hasta ahora en el ámbito de
la pastoral de la salud. Deseo de corazón que dicha solemnidad sea
ocasión para un empeño apostólico más generoso en el servicio a los
enfermos y a las personas que los asisten.
En efecto, a través de la
anual Jornada Mundial del Enfermo la Iglesia quiere sensibilizar
capilarmente a la comunidad eclesial sobre la importancia del
servicio pastoral en el amplio mundo de la salud, servicio que es
parte integrante de su misión, ya que se inscribe en el surco de la
misma misión salvífica de Cristo. Él, Médico divino, “pasó haciendo
el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (Hch
10, 38). El sufrimiento humano alcanza su sentido y plenitud de luz
en el misterio de su pasión, muerte y resurrección. En la Carta
apostólica Salvifici doloris, el Siervo de Dios Juan Pablo II
tiene palabras iluminadoras al respecto. “El sufrimiento humano
–afirma– ha alcanzado su culmen en la pasión de Cristo. Y a la vez
ésta ha entrado en una dimensión completamente nueva y en un orden
nuevo: ha sido unida al amor…, a aquel amor que crea el bien,
sacándolo incluso del mal, sacándolo por medio del sufrimiento, así
como el bien supremo de la redención del mundo ha sido sacado de la
cruz de Cristo y de ella toma constantemente su arranque. La cruz de
Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ríos de agua
viva” (n. 18).
En la Última Cena, antes
de regresar al Padre, el Señor Jesús se inclinó para lavar los pies
a los Apóstoles, anticipando así el supremo acto de amor de la Cruz.
Con ese gesto invitó a sus discípulos a entrar en su misma lógica
del amor que se dona especialmente a los más pequeños y a los
necesitados (Cf. Jn 13, 12-17). Siguiendo su ejemplo, cada
cristiano está llamado a revivir, en contextos diferentes y siempre
nuevos, la parábola del buen Samaritano que, pasando junto a un
hombre que los salteadores habían abandonado medio muerto al borde
del camino, “lo vio, tuvo compasión y, acercándose, vendó sus
heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su
propia cabalgadura, lo llevó al posadero y dijo: «Cuida de él y si
gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva»” (Lc 10, 33-35).
Concluyendo la parábola,
Jesús dice: “Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37). Con estas
palabras se dirige también a nosotros. Nos exhorta a inclinarnos
sobre las heridas del cuerpo y del espíritu de numerosos hermanos y
hermanas que encontramos en los caminos del mundo; nos ayuda a
comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida en la vida de
cada día, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento se puede
convertir en escuela de esperanza. En verdad, como he afirmado en la
Encíclica Spe salvi, “lo que cura al hombre no es esquivar el
sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la
tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante
la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito” (n. 37).
En su momento, el Concilio
Ecuménico Vaticano II recordaba la importante tarea de la Iglesia de
ocuparse del sufrimiento humano. En la Constitución dogmática
Lumen gentium leemos que así “como Cristo … fue enviado por el
Padre a «evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos» (Lc
4, 18), «para buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc
19, 10), de manera semejante la Iglesia abraza con su amor a todos
los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los
pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y
paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir
en ellos a Cristo” (n. 8). Esta obra humanitaria y espiritual de la
Comunidad eclesial hacia los enfermos y los que sufren a lo largo de
los siglos se ha expresado en muchas formas y estructuras sanitarias
también de carácter institucional. Quisiera recordar aquí aquellas
que las diócesis administran directamente y las que han nacido de
la generosidad de varios Institutos religiosos. Se trata de un
precioso “patrimonio” que responde al hecho de que “el amor necesita
también de organización como presupuesto para un ordenado servicio
comunitario” (Enc. Deus caritas est, 20). La creación del
Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, hace ya veinticinco
años, forma parte de esta solicitud eclesial por el mundo de la
salud. Debo añadir que, en el momento histórico-cultural actual, se
advierte más todavía la exigencia de una presencia eclesial atenta y
capilar junto a los enfermos, así como de una presencia en la
sociedad capaz de transmitir de modo eficaz los valores evangélicos
para tutelar la vida humana en todas sus fases, desde su concepción
hasta su término natural.
Quisiera retomar aquí el
Mensaje a los pobres, enfermos y a todos los que sufren que
los Padres conciliares dirigieron al mundo, al concluir el Concilio
Ecuménico Vaticano II: “¡Oh vosotros, que sentís más el peso de la
cruz! –dijeron– … Vosotros que lloráis, … vosotros, los pacientes
desconocidos, tened ánimo: vosotros sois los preferidos del reino de
Dios, el reino de la esperanza, de la bondad y de la vida; vosotros
sois los hermanos de Cristo paciente y con El, si queréis, ¡salváis
al mundo!” (Ench. Vat. I, n. 523*, [p. 313]). Agradezco de
corazón a las personas que, cada día, “realizan un servicio para con
los que están enfermos y los que sufren”, de modo que “el apostolado
de la misericordia de Dios, al que se dedican, responda cada vez
mejor a las nuevas exigencias” (Juan Pablo II, Cons. ap. Pastor
Bomus, art 152).
En este Año Sacerdotal, mi
pensamiento se dirige particularmente a vosotros, queridos
sacerdotes, “ministros de los enfermos”, signo e instrumento de la
compasión de Cristo, que debe llegar a cada hombre marcado por el
sufrimiento. Os invito, queridos presbíteros, a no ahorrar vuestros
esfuerzos en proporcionarles cuidado y consolación. El tiempo
transcurrido junto a la persona probada se revela fecundo de gracia
para todas las demás dimensiones de la pastoral. En fin, me dirijo a
vosotros, queridos enfermos, y os pido que oréis y ofrezcáis
vuestros sufrimientos por los sacerdotes, para que se mantengan
fieles a su vocación y su ministerio sea rico de frutos
espirituales, en beneficio de toda la Iglesia.
Con estos sentimientos,
imploro sobre los enfermos, así como también sobre quienes los
asisten, la materna protección de María Salus Infirmorum, y a
todos imparto de corazón la Bendición Apostólica.
Desde el Vaticano, 22 de
noviembre de 2009, Solemnidad de N. S. Jesucristo, Rey del Universo.
Papa Benedicto XVI
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Presentación del curso 2009-2010
Queridos amigos y amigas
de Pastoral de la Salud:
Os deseamos que os
encontréis bien y con ganas comenzar un nuevo curso pastoral. En
este primera comunicación escrita del nuevo curso os adelantamos los
objetivos y el trabajo que nos proponemos llevar adelante.
Como sabéis el punto de
partida son las Jornadas Nacionales de Delegados que cada año en
septiembre organiza el Departamento de Pastoral de la Salud de la
Conferencia Episcopal Española. Este año se celebraron las XXXIV:
son 34 años de reuniones para dar unas directrices que sirvan de
pauta a todas las Diócesis. En estas Jornadas a los organizadores
les ha parecido oportuno pararse a evaluar las celebraciones de la
Pascua del enfermo que se vienen celebrando el VI domingo de Pascua,
ya que este año se cumplen los 25 años de dichas celebraciones. Por
eso estas Jornadas han tenido un carácter de mirada al pasado, para
analizar el trabajo realizado, los temas a retomar, los aspectos que
se propusieron pero que no se han llevado a cabo.
Con este punto de
referencia, nos parece oportuno marcarnos a nivel diocesano los
siguientes objetivos para este curso 2009-2010:
OBJETIVO
GENERAL
Profundizar
en la identidad de lo que es y abarca la Pastoral de la Salud en la
Iglesia.
OBJETIVOS
ESPECÍFICOS
1º.
Que los enfermos sean no sólo
sujetos pasivos de la evangelización, sino agentes activos dentro de
la acción evangelizadora de la Iglesia. Para ello profundizar en el
sentido del sufrimiento humano desde la Carta Apostólica de Juan
Pablo II SALVIFICI DOLORIS, por celebrarse los 25 años de su
publicación.
2º.
Con motivo del “Año Sacerdotal”,
fomentar, potenciar y reavivar los grupos parroquiales de Pastoral
de la Salud, teniendo como animador principal al sacerdote que, en
virtud de su ministerio, está particularmente al servicio de la
misión evangelizadora con los enfermos.
ACCIONES A
LLEVAR A CABO
* Ámbito de la
FORMACIÓN: creación e impulso de nuevos grupos de Pastoral de la
Salud en las Parroquias, atendiendo a su formación en este campo.
* Ámbito de la COMUNIÓN:
trabajo con otras delegaciones afines: Liturgia, en la preparación
de celebraciones; y Caritas y Familia en casos puntuales.
* Ámbito de la MISIÓN:
hacer participes a los enfermos de la misión evangelizadora de la
Iglesia, desde la experiencia personal del sufrimiento y la cruz.
MATERIAL DE
FORMACIÓN ESPECÍFICA DE LOS GRUPOS
*
Identidad del voluntario de
Pastoral de la Salud.
*
“Salvifici Doloris” de Juan Pablo II.
*
La comunidad cristiana y los enfermos.
Sin más, y deseándoos un
fructífero trabajo en cada una de vuestras comunidades, recibid un
cariñoso saludo en el Señor.
Ana Mª Gracía-Heras
Delegada |