Delegación de Ecumenismo

Delegado
Rvdo. D. Benito Méndez Fernández
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· Jornada de Oración por la Humanidad (14 de mayo de 2020)

Haciendo eco de la iniciativa del Alto Comité para la Fraternidad Humana y ante la iniciativa del papa Francisco, realizada el Domingo pasado, día 3 de mayo, el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso invita a los creyentes de todas las religiones y a las personas de buena voluntad, a unirse espiritualmente en una Jornada de oración, ayuno y caridad, para implorar a Dios que ayude a la Humanidad a superar la pandemia causada por el coronavirus.

Esta Jornada, fijada para el próximo 14 de mayo, no prevé alguna manifestación común pública, como es comprensible para prevenir los riesgos de contagio, pero cada uno la vivirá en su propia interioridad, poniéndose ante Dios y su propia conciencia.

Estaremos, de todos modos, unidos en el vivir los valores universales de la oración, del ayuno y de las obras de caridad como «testimonio de la grandeza de la fe en Dios que une los corazones divididos y eleva el alma humana» (cfr. Declaración sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común). No estamos, de hecho, en el tiempo de la indiferencia, de los egoísmos, de las divisiones, ya que todo el mundo está sufriendo y debe reencontrarse unido al afrontar la pandemia (cfr. Papa Francisco, Mensaje Urbi et Orbi para la Pascua, 12/04/2020).

Miguel Ángel Card. Ayuso Gixot, MCCJ
Presidente

 

· A busca apaixonada da unidade dos cristiáns

“A promoción do restablecemento da unidade entre todos os cristiáns é un dos principais obxectivos do Concilio Vaticano II”.  Con estas verbas iniciais, o Decreto conciliar Unitatis redintegratio, non só nos presentaba o que é o ecumenismo, senón tamén o que fora un dos principais desafíos que se propuxo o Concilio: a busca apaixonada da recomposición da unidade perdida entre os cristiáns.  Cando dicimos apaixonada referímonos á actitude do papa Xoan XXIII, en primeiro lugar. Esta paixón xa fora nacendo nel durante a súa experiencia como diplomático pontificio; pero, sen dúbida, naceu tamén na Semana de Oración pola unidade dos cristiáns. Non en van anunciou a convocatoria do Vaticano II ao final desa Semana, o día 25 de Xaneiro de 1959, festa da conversión de san Paulo.  Este feito indica ás claras que o papa Xoán estaba convencido de que renovación da Igrexa e unidade entre os cristiáns debían de ser as dúas caras dunha mesma moeda. E así, xa dous anos antes do comezo da asemblea conciliar, o 5 de xuño de 1960 constituíu o Secretariado para a Unidade, encargándolle a súa dirección ao xesuíta alemán Agostiño Bea.

Paulo VI, pola súa banda, tamén estaba convencido desta estreita relación entre renovación da Igrexa e promoción da unidade entre os cristiáns. Sen necesidade de renunciar á propia verdade católica, tratábase de vela con outros ollos, os ollos de Deus. Nese Misterio, que ha de manifestar a Igrexa, hai unidade, pero tamén diferenza ou diversidade simultánea. Por iso a Igrexa, sendo “icona da Trindade” (Bruno Forte), non pode máis que promover o espírito de comuñón en todas as súas facetas, especialmente en relación co movemento ecuménico:

Queremos implorar o sopro do Espírito Santo sobre o movemento ecuménico. Desexamos repetir a nosa emoción e o noso gozo polo encontro – cheo de caridade e non menos que de nova esperanza- que tivemos en Xerusalén con Patriarca Atenágoras; queremos saudar con respecto e con recoñecemento a intervención de tantos representantes das Igrexas separadas no Concilio ecuménico Vaticano II;… con amor e con reverencia saudamos a todos estes cristiáns na espera de que, cada vez mellor, poidamos promover con eles, no diálogo da sinceridade e do amor, a causa de Cristo e da unidade que El quixo para a súa Igrexa” (Ecclesiam suam, 52).

Seguindo esta liña, os Papas que viñeron despois continuaron a promover e profundar na tarefa ecuménica. Estamos seguros de que a historia lle fará xustiza a Xoán Paulo II, que alentou a firma da Declaración Conxunta sobre a doutrina de Xustificación xunto coa Federación Luterana Mundial (31 de Novembro do 1999). Con iso rompíase un muro de cinco séculos. Pero, se temos que falar de verdadeira paixón, non temos outra que destacar as verbas e os xestos do papa Francisco, pois el foi en persoa a conmemorar cos Luteranos o aniversario da Reforma, o 31de outubro do 2016 en Lund (Suecia). Con elo recoñecía na práctica que a Igrexa sempre necesita reforma e renovación, para ser fiel a Xesús; e que, polo tanto, o obxectivo final de Lutero non era o de facer outra Igrexa senón o de acadar unha Igrexa máis evanxélica, como dicía o coñecido teólogo protestante W. Pannenberg. É mais, segundo el, a división da cristiandade foi un fracaso para todos. Por iso, o éxito da Reforma chegará solo no momento en que as divisións poidan ser superadas definitivamente e se poida vivir unha unidade na que todos se sintan recoñecidos na súa diversidade (Ética e Eclesioloxía). O apóstolo Paulo márcanos o camiño a seguir para esa meta final: “Un so corpo e un so Espírito, así como unha é a esperanza á que fostes chamados. Un só Señor, unha soa fe, un só bautismo, un só Deus e Pai de todos, que está sobre todos, por todos e en todos” (Ef 4, 4-6).

Benito Méndez Fernández
Delegado de Ecumenismo de Mondoñedo-Ferrol

 

· OPINIÓN: "El papa Francisco y el ecumenismo"

Ya se ha hecho costumbre que a los actos de celebración de la entrada de un nuevo papa pertenezca el encuentro con los representantes de otras confesiones cristianas asistentes a dicho acontecimiento. Cabe destacar la importancia de la presencia del Patriarca de Constantinopla Bartolomé I, pues se trata de una primera vez. Desde el levantamiento de las excomuniones mutuas de 1054, la víspera de la clausura del Concilio Vaticano II, el 7 de Diciembre de 1965, o el ya famoso abrazo entre Pablo VI y el patriarca Atenágoras en Jerusalén, han tenido que pasar cincuenta años para ver un gesto de esta importancia. Cierto es que ha habido visitas mutuas, en Roma y en Estambul, a lo largo de estos años, pero nunca con esta carga simbólica.

Se podría interpretar como un gesto de reconocimiento por parte del más alto representante de la Ortodoxia de la máxima autoridad de la Iglesia católica. Decimos "se podría interpretar“, puesto que habría matizar algo crucial: el Patriarca de Constantinopla no es el papa de la ortodoxia y, en estos momentos, tiene en su contra al Patriarca ortodoxo de la "Tercera Roma“, es decir, Moscú. A ello se suma el contencioso con la Iglesia católica por el viejo problema del 'uniatismo' y su pérdida de influencia  en los países que se hicieron independientes después de la caídad de la antigua Unión Soviética.

En todo caso, la respuesta de Francisco no se hizo esperar y en sus manifestaciones siempre se refiere a sí mismo como el obispo de Roma, denominación muy estimada por los orientales, pues para ellos el principio primacial en la Iglesia ha de ser compatible con el de la sinodalidad. El espíritu ecuménico que presidió el  Concilio, tal y como lo había expresado el papa Juan XXIII en su discurso de apertura, indica que es necesario buscar principalmente lo que nos une y no lo que nos separa. El papa Francisco así lo expresó desde el comienzo de su pontificado y lo acaba de corroborar en su exhortación 'Evangelii gaudium': "¡Son tantas y tan valiosas las cosas que nos unen!. Y si realmente creemos en la libre y generosa acción del Espíritu, ¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros!“ (nº 246).

Si todo esto es verdad, sin embargo es de justicia reconocer que el mérito de iniciar oficialmente el diálogo con las Iglesias ortodoxas es de Juan Pablo II, así como el de haber firmado con la Federación Luterana Mundial el documento de consenso más importante desde la época de la Reforma, como fue la Declaración Conjunta sobre la Justificación por la fe (1999). Este hecho, como recordó Benedicto XVI en su vista a Alemania en 2011, marcará un antes y un después en las relaciones mutuas. Una ocasión para reafirmar este compromiso ecuménico es la que nos brinda a todos la celebración del 500 aniversario de la Reforma Protestante en 2017.

No cabe la menor duda de que el actual papa seguirá la estela marcada, si bien no posea la alta formación de sus antecesores, tanto en lo que se refiere a la teología protestante como a la ortodoxa. Eso es importante, pero no imprescindible, puesto que un papa no tiene por qué saber de todo. Además, junto con la labor del diálogo doctrinal, en el Ecumenismo de los últimos cincuenta años han sido más importantes los gestos de confianza mutua y de cercanía  que los documentos teóricos, completamente desconocidos para la mayoría de cristianos de todas las confesiones. Y de confianza mutua y de cercanía con los demás sabe mucho el que fuera Arzobispo de Buenos Aires, pues allí vivió de primera mano la opción conciliar por un Ecumenismo  que se ha de manifestar en la vida pastoral concreta. Según parece, con ocasión de alguna celebración o encuentro ecuménico, les pedía a los pastores evangélicos allí presentes su bendición y su oración por él. Algo inédito, que sepamos, en cuanto a lo que a gestos se refiere; pero algo normal, si le hacemos caso al Concilio cuando afirma que en "los hermanos separados“ también actúa el Espíritu Santo.

Benito Méndez Fernández es delegado diocesano de Ecumenismo y profesor del ITC

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