Editorial: 'Gozar de la creación'

Programa 'El Espejo de la Diócesis' del viernes 15 de julio de 2016

Estamos en pleno verano. Son los días más largos y luminosos del año. Quien más y quien menos trata de buscar un hueco para disfrutar del medio, relajarse, tomar la vida con más calma y respirar hondo. Son días para convivir en familia, para relacionarse con los amigos, para saborear la vida y disfrutar, y, ojala también, para contemplar el misterio que encierra en sí misma la naturaleza.

Porque la naturaleza, el cosmos, la creación, “todo el universo material - dice el papa Francisco en su carta encíclica Laudato si’- es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios”.

¡Qué bueno sería que al menos atisbáramos en la naturaleza la huella del Autor del Universo, en la creación la marca del Creador! No todo en la vida depende de nosotros, de los avances y los logros de la ciencia y de la técnica. Hay cosas que nos son dadas gratuitamente para gozarlas. Cosas o bienes que no tienen precio y que no podemos despilfarrar caprichosamente. Al contrario: si de verdad las valoramos, las respetamos y cuidamos. Es nuestra “casa común”, no tenemos otra. Es el hábitat que tenemos que dejar en herencia a las nuevas generaciones, a quienes no podemos ni debemos defraudar.

El verano, las vacaciones para quienes puedan disfrutarlas, puede ser una ocasión preciosa para redescubrir, valorar, cuidar y promocionar nuestro medio natural, allí donde estemos. “Nosotros mismos somos tierra”, nos dice el papa. Tenemos que apostar por un “desarrollo sostenible e integral”. “Todos los seres nos necesitamos unos a otros”. Y lo que es más importante, “el ser humano todavía es capaz de intervenir positivamente”.

El presente y el futuro depende de ti y de mí, de cada persona y colectivo. “Siempre podemos reorientar el rumbo, siempre podemos hacer algo”.

Insisto, el verano, las vacaciones, el tiempo libre, las fiestas de nuestros pueblos, pueden ser una oportunidad para cuidar el planeta, recrearse en el medio natural y al menos atisbar la mano del Creador, para reconocer, agradecer y alabar la grandeza de su obra.

Amigos, felices vacaciones. Y si no nos olvidamos de quienes, por lo que sea, no pueden disfrutarlas, mejor: pensemos en los enfermos y en sus familias, en los que no tienen un puesto de trabajo digno, en las gentes del mar, cuando mañana celebramos la fiesta de su Patrona, la Virgen del Carmen, pensemos en este percebeiro y en su familia que en las costas de Xove perdió la vida por buscarse su sustento.

Si lo hacemos así, nuestras vacaciones serán más felices todavía.

Por Antonio Rodríguez Basanta