Editorial: 'Los abuelos'

Programa 'El Espejo de la Diócesis' del viernes 29 de julio de 2016

A veces me dan pena los abuelos. No tanto por los achaques propios de la edad, que es natural, sino por la soledad, el silencio y el arrinconamiento al que son obligados tantas veces por una sociedad en la prima el rendimiento y se idolatriza lo joven.

Una sociedad sin abuelos o que no cuenta con los abuelos, es una sociedad huérfana, sin historia ni pasado. Los abuelos son nuestra memoria viva, son manantial de sabiduría y, sobre todo, representan una generación de la que nosotros y nuestros hijos somos deudores.

Gracias a sus trabajos y a sus luchas, nosotros hemos llegado hasta aquí. Ellos nos dieron lecciones de una vida entregada y sacrificada. Con muchos menos medios que nosotros, fueron capaces de salir adelante, de luchar por un futuro mejor para ellos y para sus hijos.

Acercarse a un abuelo, a una abuela, aunque solo sea para saludar y acariciar, o simplemente escuchar, aunque a veces haya que hacerlo con paciencia, es vivir una experiencia de humanidad que siempre nos enriquece. Qué pena que las  nuevas tecnologías nos aíslen a unos de otros, los medios de comunicación nos incomuniquen con el que convive con nosotros y que las redes sociales nos relacionen con los de lejos soslayando a los tenemos más cerca.

Es verdad que la sociedad con sus ritmos y horarios en los que prima el rendimiento económico y la productividad, y no tanto las personas y las familias, nos obliga a estar menos en casa, a disponer de menos tiempo libre y gratuito, y que esto nos está perjudicando como personas, pero, a pesar de todo, depende de cada uno el hacer un hueco para humanizar nuestras relaciones, comenzando por los que están más cerca.

Según una encuesta reciente, más de la mitad de abuelos de nuestro país ayudan a sus familias, ya sea económicamente o cuidando a los nietos. Esto quiere decir que todavía, a pesar de los años y de un bien merecido descanso, nuestros abuelos siguen en “activo”: un activo imprescindible en nuestra sociedad actual.

Y si nos pasamos al ámbito religioso – el pasado día 26 celebramos la fiesta de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús – muchos abuelos siguen haciendo de puente en la transmisión de la fe a sus nietos. También ellos, los abuelos, son un “activo” muy importante en la vida y en la misión de la Iglesia con los que seguimos contando en nuestras parroquias.
Nunca seremos lo suficiente agradecidos con nuestros abuelos.

Por Antonio Rodríguez Basanta.