Primer mensaje a la diócesis de Mondoñedo-Ferrol

Miércoles 16 de marzo de 2016

"Doy gracias al Señor, que me ha regalado una nueva familia en vosotros. Desde ahora os acojo en mi corazón y me comprometo a dejarme acompañar por vosotros y acompañaros para encontrar juntos a Cristo y dar testimonio de la fe, esperanza y caridad que nos reúne"

Querida comunidad diocesana:

Un saludo de fe, esperanza y caridad en Jesucristo, rostro de la misericordia del Padre, cuando se hace público, en este Año Jubilar de la Misericordia, que el Santo Padre se ha dignado nombrarme obispo de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. En primer lugar, quiero agradecer al papa Francisco haberme confiado pastorear esta Iglesia particular sin ningún mérito por mi parte. Con este motivo, os pido una oración por él y por este vuestro servidor.

Me presento ante vosotros como misionero. Sabéis que soy misionero claretiano, hijo del Inmaculado Corazón de María. En el Espíritu de Jesús, enviado del Padre, asumo este precioso envío para hacer camino como pastor de la Iglesia de Mondoñedo-Ferrol con pasión, misericordia y esperanza fundadas en Jesucristo. Doy gracias al Señor, que me ha regalado una nueva familia en vosotros. Desde ahora os acojo en mi corazón y me comprometo a dejarme acompañar por vosotros y acompañaros para encontrar juntos a Cristo y dar testimonio de la fe, esperanza y caridad que nos reúne.

Mi primer saludo es para D. Antonio Rodríguez Basanta, administrador diocesano, que con celo, esfuerzo, paciencia y esperanza ha cuidado pastoralmente la diócesis en este tiempo de sede vacante, que supongo se habrá hecho largo.

El día 1 de marzo, solemnidad de San Rosendo, patrono principal de la diócesis, me conmovieron sus palabras, sobre todo cuando leí: «Sabemos que un obispo no lo es todo en la diócesis y que tampoco podemos esperar de él que acierte en todas sus decisiones o solucione todos los problemas. Pero una Iglesia diocesana sin obispo está huérfana». Muchas gracias, D. Antonio.

Precisamente ese día, por azar o designio de la Divina Providencia, yo me encomendaba a San Rosendo, con temor y temblor, para que, por su intercesión, el Señor me iluminara. Desde la fiesta de San Rosendo hemos entrado en comunión orante.

Junto a D. Antonio, quiero saludar a todos los sacerdotes, en especial a los enfermos. Os necesito y quiero contar con cada uno de vosotros. Por ello os encomiendo al Buen Pastor para que os conceda —y me conceda a mí— ser cada vez más pastores según el corazón de Dios (cf. Jer 3,15), pastores misericordiosos. Que Él mantenga encendida y avive entre nosotros la llama de la comunión para la misión. Me uno a vuestra entrega al servicio de la Iglesia que peregrina en estas hermosas tierras del noroeste de Galicia, de buenas gentes, con hondas raíces cristianas y unos retos de futuro esperanzador.

En la campaña del Día del Seminario que acabamos de celebrar, un saludo cercano a los seminaristas. En este Jubileo de la Misericordia se os recuerda que sois enviados a reconciliar. Rezo para que os forméis como hombres de paz y reconciliación, hombres de Dios para su Pueblo, misioneros de la misericordia. Os ofrezco mi apoyo incondicional en este momento tan importante de vuestra formación.

Por intercesión de San José, invito a todos a orar por las vocaciones al sacerdocio. Nos hemos de comprometer con esta oración y estar atentos, para que quienes sientan esta llamada encuentren en nuestra diócesis toda la ayuda y el ánimo que necesiten para responder con generosidad y alegría.

Saludo con afecto a las personas consagradas, de vida contemplativa y activa, y a la CONFER diocesana. Aquí tenéis otro consagrado que ama entrañablemente esta forma de vida eclesial, y cree en ella tal y como el Señor la propone en el Evangelio y el Espíritu la inspira a través de los distintos carismas. Siempre para embellecer la Iglesia desde el testimonio, el servicio y la profecía. Cuento con vuestro tesoro carismático para esta diócesis.

Quiero saludar con cariño a los matrimonios y a las familias, uno de los bienes más preciosos de la humanidad. Saludo a los niños, júbilo del hogar, y a los ancianos, sabiduría guiadora. Aquí expreso una sentida palabra de aliento a los jóvenes, tanto a los que viven con alegría como a quienes no acaban de ver claro su futuro. Tenemos que luchar juntos.

Un saludo misericordioso y esperanzado a los enfermos, a los discapacitados, a los parados, a los inmigrantes, a las familias con problemas, a cualquier víctima, a quienes sufren la soledad, el abandono, la droga… A todos los que estéis pasando por dificultad y necesidad. Quiero hacer mío vuestro sufrimiento para intentar abrazar con vosotros la esperanza.

Saludo con agrado a quienes formáis las asociaciones de fieles, los movimientos apostólicos, las cofradías, a los catequistas, a los voluntarios y a todos los agentes pastorales. Igualmente, a cada una de las personas del resto del Pueblo de Dios que peregrina en Mondoñedo-Ferrol por tierra y por mar.

Nos iremos conociendo. Vuestras vidas me importan y quiero serviros como lo hace Cristo, Buen Pastor y Buen Samaritano. Estando próximo a todos, sin excluir a nadie, procuraré que la senda del seguimiento me lleve a la casa de los pobres, los crucificados de este mundo, los predilectos del Padre. No podemos dejar a los pobres defraudados.

Aprovecho este mensaje a la comunidad y familia diocesana para dirigir un saludo cordial a las autoridades civiles, militares, judiciales, académicas y a los agentes sociales de los municipios pertenecientes a las provincias de Lugo y Coruña que forman parte de esta diócesis. También saludo a los profesionales de los medios de comunicación. Y a los hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes o no creyentes. A todos os tiendo mi mano amistosa dispuesto al diálogo, desde el respeto y la clara identidad de cada uno, para buscar el bien común.

Finalmente, saludo a D. José Gea, nuestro obispo emérito. A los obispos naturales de la diócesis, el cardenal D. Antonio Mª Rouco, arzobispo emérito de Madrid y D. Alfonso Carrasco, obispo de Lugo. Junto a ellos envío un saludo de comunión a los pastores de las otras diócesis de Galicia, a D. Julián Barrio, arzobispo de Santiago, a su obispo auxiliar, D. Jesús Fernández, a D. Luis Quinteiro, obispo de Tui-Vigo y a D. José Leonardo Lemos, obispo de Orense.

Dedico un recuerdo agradecido a D. Manuel Sánchez Monge, mi predecesor en esta diócesis y hoy obispo de Santander. De grata memoria inmediata para vosotros, también lo es para mí, como un buen padre, hermano y amigo, de quien puedo aprender mucho.

Hermanos, hermanas, comienzo mi viaje misionero y pastoral a Mondoñedo-Ferrol con todos vosotros. Aprenderé y abrazaré el ministerio episcopal arrodillado —en la hermosa catedral arrodillada de Mondoñedo— ante el Señor y ante vosotros, con y entre la grey confiada.

Que dejemos al Espíritu Santo inspirar nuestro camino. San Rosendo estará presente en esta senda, consagrado y pastor, hombre de Dios, de libertad, de paz y de reconciliación. Como lo estará San Antonio María Claret, misionero obispo, inquieto e incansable evangelizador.

Confiemos a la Virgen de los Remedios nuestros gozos y preocupaciones, para que los acoja en su Corazón maternal y cure nuestros males volviendo a nosotros esos sus ojos misericordiosos. Contad con mi oración y orad por mí para que llegue a ser el pastor que la Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol y la Iglesia Católica universal necesitan, en este Año Jubilar de la Misericordia y siempre.

Un abrazo fraterno de comunión y mi bendición.

P. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF
Obispo electo de Mondoñedo-Ferrol