Carta a la provincia de Santiago - Misioneros Claretianos

Tras conocer su nombramiento como nuevo obispo de Mondoñedo-Ferrol, el P. Luís Ángel de las Heras se dirige a la comunidad claretiana

"Ahora, al ponerme en contacto con vosotros, quiero expresaros dos palabras que brotan espontáneamente de mi corazón: gratitud y esperanza"

Queridos hermanos:

Un saludo en Jesucristo, rostro de la misericordia del Padre.

Os envío esta carta cuando se hace público que el Santo Padre me ha nombrado obispo de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Agradezco al papa Francisco haberme confiado pastorear esa Iglesia particular, sin ningún mérito por mi parte.

El día 1 de febrero, en el Encuentro Internacional de la vida consagrada, celebrado en Roma, el Papa nos exhortó a los consagrados a vivir la profecía de la obediencia, la donación del corazón a Dios.

Al comunicarme la noticia del nombramiento, me vinieron a la mente estas palabras, que, a su vez, me hicieron recordar lo que nos dicen las Constituciones: «ante todo han de fomentar en sí mismos: —el sentido de disponibilidad de modo que estén dispuestos a renunciar a todo lo que hasta ahora han tenido, con el fin de realizar la misión de propagar la fe, tanto dentro como fuera de las fronteras de la patria, dóciles al Espíritu y obedientes a la misión» (CC 48). Os confieso que todo este número 48 de las Constituciones ha sido inspirador para mí en este momento y, así, en este espíritu de obediencia he aceptado la misión que se me ha confiado.

En septiembre pasado, después del Capítulo General, Mons. Ángel Garachana, cmf, que fue mi maestro de novicios, me escribía diciendo: «He seguido el Capitulo General. Ahora espero la publicación del documento capitular. Ya había leído el precapitular. No puedo dejar de beber en las fuentes claretianas pues soy “claretiano obispo”». Estos días he recordado este mensaje, que no puedo sino suscribir, porque expresa bien la vivencia de mi identidad claretiana en estos momentos, como quiero que sea siempre.

Ahora, al ponerme en contacto con vosotros, quiero expresaros dos palabras que brotan espontáneamente de mi corazón: gratitud y esperanza.

Como no puede ser de otra manera, al mirar al pasado, la primera palabra que llena mi corazón es la gratitud. Ante todo, mi agradecimiento a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Después a la familia en la que nací y recibí el don de la fe y la vocación; a la Congregación, a la Provincia y a cada uno de vosotros. Desde los 14 años estoy viviendo en esta familia. Con todo lo que comporta de entrañable afecto y de inevitables diferencias, sois y seguiréis siendo mi familia. En muchos momentos, especialmente en estos años de servicio a la Provincia, he tenido presente, como luz esperanzadora, la gozosa entrega y la admirable fraternidad de nuestros beatos Mártires de Barbastro. Ellos, en su despedida, manifiestan un filial afecto a su “querida Congregación” con el que es muy enriquecedor identificarse. Hoy el Señor me regala una nueva familia, que añado a las que ya tengo y que ha de sumar y no restar en el corazón.

Recuerdo muy agradecido cada una de las etapas de mi camino claretiano. Desde la propuesta vocacional directa y natural que me hicieron varios claretianos, hasta este servicio de gobierno que me ha permitido descubrir la gran calidad misionera de mis hermanos de Provincia.

Quiero destacar mi gratitud hacia todas las comunidades claretianas a las que he sido destinado y hacia cada uno de los hermanos claretianos con los que he compartido vida y misión. Aprecio mucho la vida fraterna en comunidad, que nos aporta más de lo que solemos reconocer y que resulta un proyecto humano, evangélico y misionero inigualable.

Sin menospreciar ningún lugar, tengo un recuerdo vivo que me hace sentirme especialmente agradecido al Señor por los seis años que estuve destinado en las parroquias de Ntra. Sra. de la Aurora y del Santo Ángel de la Guarda de Vallecas. También siento un profundo agradecimiento por los diecisiete años en los que he podido caminar con jóvenes misioneros claretianos de distintas nacionalidades y culturas, en todas las etapas de la formación, tanto en el día a día como en los momentos de decisiones importantes. Además, he tenido el privilegio de acompañar a varios de ellos en el discernimiento vocacional que les ha llevado a ingresar en la Congregación, con gran ilusión por la vida y misión claretianas, en estos tiempos que vivimos. Estos y tantos otros motivos de agradecimiento acrecientan mi alegría en el seguimiento de Jesús.

La gratitud me lleva a hacer una mención especial de mis hermanos del gobierno provincial, consultores y secretario provincial, comenzando por el P. Pedro Belderrain, ya Superior Provincial en funciones. Les agradezco su apoyo, su criterio, su discreción y su confianza. Los cinco tienen la mejor disposición y son muy capaces de animar este momento de la Provincia con lo que traíamos entre manos por el camino y lo que haya que realizar hasta el 3er Capítulo Provincial.

En medio de esta memoria agradecida por esta vida de fraternidad claretiana compartida, surge la petición de perdón. A veces no es fácil, ni pedir perdón ni perdonar, pero es don evangélico que cura muchas heridas y lo necesitamos. Sencilla y llanamente, pido perdón a cuantos he ofendido. Lo hago de la manera más amplia y profunda que se pueda hacer. Y, en consecuencia, ruego al Padre Misericordioso que, en este Jubileo de la Misericordia, nos ayude a experimentar la alegría del perdón y la reconciliación.

Miremos ahora lo venidero. Ojalá, como Provincia, afrontemos los desafíos presentes para construir un porvenir esperanzador, comenzando por la conversión y la transformación que el Espíritu nos inspira a cada uno (cf. MS 65). Deseo que todos abracemos este futuro con esperanza y que nuestra vida misionera sea fecunda para el servicio del Reino caminando, acompañando, adorando... Como nos ha dicho el papa Francisco a todos a través del XXV Capítulo General.

Por lo que a mí respecta, la gratitud que experimento me ayuda a asumir la nueva y exigente misión que el Señor me encomienda en la Iglesia con sencillez, con humildad, con evangélica servicialidad y con alentadora esperanza. Confío que el amor y la misericordia divinas me ayuden a vivir entregado y comprometido con los más pobres y pequeños, los primeros en el Reino de Dios. Necesito vuestra oración y apoyo para continuar el camino por esta nueva senda, en este viaje misionero y pastoral a la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. El 7 de mayo —aniversario de la canonización de nuestro P. Fundador—, será, D.m., la ordenación episcopal y toma de posesión en Mondoñedo. Orad por mí para que llegue a ser el pastor que esa Iglesia particular y la Iglesia Católica universal necesitan, en este Año Jubilar de la Misericordia y siempre.

Contad con mi plegaria por cada uno de vosotros, hermanos de la Provincia de Santiago, y por toda la Congregación de misioneros. Os ofrezco mi cercanía fraterna y lo que buenamente pueda hacer por vosotros desde la nueva misión. Por supuesto, donde yo esté, tenéis vuestra casa.

Os confío al Corazón Inmaculado de María, Madre de la Misericordia y fragua de misioneros, a san Antonio María Claret, misionero, fundador y obispo, y a nuestros beatos mártires claretianos de Barbastro, verdaderos profetas de obediencia, alegría, perdón y esperanza.

Esperando poder saludaros pronto, recibid ahora un abrazo fraterno in C.M. y mi bendición.

Luis Ángel de las Heras, CMF