Un verano para buscar y encontrar

Reflexión de Mons. Luis Ángel de las Heras publicada en la revista 'Dumio'

"Que este verano busques y encuentres lo que más necesitas. Te deseo que busques y encuentres al Dios de Jesucristo como ningún otro verano lo habías buscado ni encontrado"

Comienza el verano a trajinar sus días. Casi todos esperamos que llegue este tiempo para encontrar descanso, para buscar y conocer nuevos lugares, para visitar a quienes viven lejos, para trabar nuevas amistades. Es tiempo de búsqueda de vida, de anhelos y de alegría. La fiesta está en el horizonte y se abre todo un mundo de posibilidades. Eso sí, dependiendo de lo que la economía familiar alcance o de lo que las limitaciones de la realidad inmediata permitan. Hay quien en el tiempo de verano trabaja más que nunca. Pero buscar y encontrar, en cualquier circunstancia, es posible durante el verano.

Este océano de búsquedas y encuentros nos permite navegar con la pretensión de adentrarnos en alta mar. En estos montes de niebla, lluvia y sol que salen sucesivos al paso, podemos caminar por sendas paradisíacas, montaña arriba, montaña abajo. Es bueno salir, muy bueno. Es bueno tomar distancia de la vida cotidiana para ver con más precisión lo que somos y tenemos. Para buscar lo mejor que nos trae cada día y descubrir por dónde perdemos fuerzas. Para sondear las razones de nuestro otoño o de nuestra tristeza invernal, de la explosión incontrolada de la primavera existencial. Para agradecer cuanto la vida nos depara.

En medio de esta búsqueda se abre una fundamental: encontrar las perlas de la sabiduría de Dios en la vida personal. Hay muchas razones por las que podemos desdibujar, nublar, enfriar, e incluso borrar, la presencia de Dios en nuestras vidas. Y, sin embargo, tenemos la experiencia de que, cuanto más cerca estamos de Dios, más dichosos nos sentimos. Por el contario, cuanto más nos alejamos de Él, más zozobra, más inquietud, más agobio y más ahogo experimentamos.

Es, pues, tiempo de buscar y encontrar la presencia de Dios en tu vida. En este año jubilar se ofrece su presencia misericordiosa. La que te sorprende alentadoramente cuando conoces mejor a Jesucristo. El Padre, el Hijo y el Espíritu caminan junto a ti con un acompañamiento silencioso, respetuoso, propositivo. Es tiempo de sosiego para reconocer cómo camina Él sosteniendo tu vida. Moderando tus éxitos para evitar despilfarros y ayudándote a levantarte de tus fracasos para poder continuar este camino apasionante de la existencia humana. Es tiempo para reconocer su cercanía en situaciones que te ocurrieron meses atrás y en personas con las que te encontraste. En la hermosura que salta a la vista. También, en el horror más lacerante, que reclama tu mano solidaria para paliar el sufrimiento humano en cualquiera de sus múltiples formas.

Dios sale a tu encuentro en verano. Cualquier pensamiento de sosiego puede hacerte conectar con Él. Cualquier buen libro te puede traer paz y acercarte a una realidad que mejore tu vida. Cualquier rato de soledad, pensando en ti y en tus seres queridos, te animará a caminar con más energía. Cualquier rato de oración —si tienes unos días de retiro, mejor todavía— te acercará a la compañía serena, sabia y esperanzadora del Espíritu de Dios. Cualquier acción a favor de otros te traerá la satisfacción propia de quien supera el egoísmo que destruye al hombre y al mundo.

Que este verano busques y encuentres lo que más necesitas. Te deseo que busques y encuentres al Dios de Jesucristo como ningún otro verano lo habías buscado ni encontrado. Afina esa búsqueda. Limpia la mirada, disfruta del encuentro con Él, de su paz, de su amor, de su misericordia, de su alegría para ti y para quienes se crucen en tu camino.

P. Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de Mondoñedo-Ferrol
@cmfluisangel