Conferencia: 'La misión de la Iglesia en una sociedad plural'

Por Mons. Luis Ángel de las Heras, obispo diocesano

17ª Semana de Teología del ITC: 'Todos somos hijos de Dios: religiones, cristianismo y misión'

Conferencia (texto y audio) impartida por Mons. Luis Ángel de las Heras, CMF, dentro de las 17.ª Jornadas de Teología del Instituto Teológico Compostelano, desarrolladas en Santiago de Compostela durante los días 9 y 10 de septiembre de 2016.
 

Introducción

Agradezco la invitación del Instituto Teológico Compostelano a realizar una humilde contribución a estas XVII Jornadas de Teología, que llevan por lema: «Todos somos hijos de Dios. Religiones, cristianismo y misión». Lo hago, como obispo recién enviado, en esta Provincia eclesiástica, a mi ya muy querida diócesis de Mondoñedo-Ferrol.

Primeramente, he de delimitar el tema que se me ha sugerido: «La misión de la Iglesia en una sociedad plural». No es tarea fácil. Cuando intentaba poner límites, recordé que, en una de las parroquias marítimas de mi diócesis, en la festividad de la Virgen del Carmen, me pidieron que bendijera el mar. Me pareció muy ambicioso eso de «bendecir el mar». Bendecir la inmensidad. Aunque siendo Dios el que bendice… todo es posible. Sin embargo, uno se siente sobrepasado ante la tarea de ser instrumento de Dios para bendecir el mar. Menos mal que la bendición fue solo sobre el Mar Cantábrico y en gallego. Llegaría hasta Asturias e inevitablemente hasta las costas inglesas.

Sirva esta imagen para caracterizar la magnitud y alcance de la cuestión de que se ocuparán estas páginas. Si bien he tratado de acotar un poco el marco del tema, a pesar del intento, el resultado es inevitablemente más amplio de lo que hubiera deseado. Perdonen si navego a la deriva en algún momento. Siempre consuela saber que sólo Dios es perfecto.

A partir de los temas abordados en las ponencias precedentes de estas Jornadas, podemos hacernos una idea de las principales claves para situar la misión de la Iglesia en una sociedad plural. En efecto, el cristianismo se conforma como un hecho religioso irreductible; la libertad religiosa pone en marcha un importante diálogo en el seno de una sociedad que reivindica los derechos de todos y reclama la abolición de privilegios; el pluralismo religioso demanda una serie de regulaciones jurídicas y sociales; el diálogo con las grandes religiones es hoy algo necesario, urgente e ineludible; el hecho del pluralismo religioso va siendo afrontado poco a poco por una teología que trata de vislumbrar nuevos caminos y espacios de reflexión y pensamiento, etc.

Así las cosas, la presente aportación estará centrada en una mirada hacia el interior del misterio de la Iglesia, con cuidado de no caer en la autorreferencialidad. Es decir, en el desarrollo de La misión de la Iglesia en una sociedad plural no trataremos de buscar lo que la sociedad tiene que ser o hacer, sino, al contrario, lo que la Iglesia ha de ser, hacer, aportar desde su misión en el contexto de sociedad plural en el que vivimos.

Para ello, vamos a dejarnos iluminar fundamentalmente por la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, buscando luces también en el magisterio de los últimos papas y en algunos textos del Concilio Vaticano II, sobre todo, de su Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual.
Es precisamente, el número 44 de Gaudium et spes el que orienta este trabajo, señalando cómo debemos auscultar, discernir, interpretar y valorar. Dice así:

«Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada» .
 

1. La Iglesia en una sociedad plural

Vivimos unos tiempos que suscitan perplejidad y admiración. Mi duda siempre es si más o menos perplejidad y admiración que otros tiempos. La sociedad plural presenta continuos hallazgos. La pluralidad caracteriza a la sociedad en la que vivimos insertos. Conocer esta realidad y aprender a situarse acertadamente en ella es tarea que la Iglesia debe y puede hacer.

El cardenal A. Scola, en mayo de 2013, cuando se celebraban en Milán los 1700 años del Edicto de Constantino para introducir la libertad de culto en el imperio romano, afirmó que nos dirigíamos a una sociedad plural y debíamos aprender a vivir en esta sociedad dando valor al compromiso común de estar juntos. Lo calificó como elemento decisivo para el futuro de su diócesis, de su país y de Europa entera . Necesitamos seguir aprendiendo y buscando dar valor a estar juntos. Algunas vías que ya se han transitado o que es obligado transitar nos pueden ayudar en este aprendizaje y en esta búsqueda.

Así, en esta sociedad plural en la que todos hemos de aprender a vivir juntos, encontramos la obligada vía de lo «inter». Por supuesto, lo internacional, intercultural, interdisciplinar, interconfesional, interreligioso; pero también dentro de la Iglesia nos queda camino que recorrer en lo interparroquial, interarciprestal, interdiocesano, intercongregacional…

Lo «inter» no es un logro, algo ya conseguido, sino más bien, un punto de partida y un proceso que se encamina hacia una meta. La Iglesia puede aportar en esta perspectiva el dinamismo de la unidad en la diversidad, aunque no siempre lo haya logrado a lo largo de la historia. La espiritualidad de comunión, inspirada y sostenida por el Dios uno y trino, es un camino extraordinario para asumir las diferencias superando los conflictos en una unidad que llama a la inclusión. La eclesiología de comunión del Concilio sigue siendo una tarea que desarrollar en la Iglesia y que ofrecer a la sociedad como experimentada vía de unidad, diálogo, entendimiento y acercamiento de posturas diferentes, salvando unos principios fundamentales compartidos. Esta misma eclesiología de comunión, desde nuestra fe en la Trinidad, está llamada a madurar el proyecto de salvación de Dios Padre en Cristo por el Espíritu.

El papa Francisco cuando habla en Laudato si’ de la Trinidad y la relación entre las criaturas afirma: «Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad» .

Bien podemos considerar la pluralidad como una riqueza querida por Dios abocada a la interrelación y a la interdependencia. El papa afirma en otro lugar de Laudato si’:

«El conjunto del universo, con sus múltiples relaciones, muestra mejor la inagotable riqueza de Dios. Santo Tomás de Aquino remarcaba sabiamente que la multiplicidad y la variedad provienen “de la intención del primer agente”, […] se entiende mejor la importancia y el sentido de cualquier criatura si se la contempla en el conjunto del proyecto de Dios. Así lo enseña el Catecismo: “La interdependencia de las criaturas es querida por Dios”» .

Y continúa más adelante: «La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común» .

La sociedad plural en la que vivimos camina y se construye inevitablemente a través de lo «inter». En estos «tiempos», tanto la sociedad plural como la Iglesia tenemos posibilidades de futuro que podemos explorar «interrelacionados» y, por ello mismo, «esperanzados». Dicho de otro modo, nos necesitamos todos y no podemos prescindir los unos de los otros.

Por eso mismo, la apertura a la interdependencia debe respetar las convicciones de cada uno, la identidad clara de la que cada cual se muestra legítimamente orgulloso y la disposición a enfrentar problemas y superar conflictos. Lo que el papa Francisco afirma en Evangelii gaudium acerca de la apertura para el diálogo interreligioso lo podemos extender a otros diálogos y encuentros con muchos en clave de evangelización e interdependencia. El texto acerca del diálogo interreligioso dice así:

«La verdadera apertura implica mantenerse firme en las propias convicciones más hondas, con una identidad clara y gozosa, pero “abierto a comprender las del otro” y “sabiendo que el diálogo realmente puede enriquecer a cada uno”. No nos sirve una apertura diplomática, que dice que sí a todo para evitar problemas, porque sería un modo de engañar al otro y de negarle el bien que uno ha recibido como un don para compartir generosamente. La evangelización y el diálogo interreligioso, lejos de oponerse, se sostienen y se alimentan recíprocamente» .

Se trata, pues, de una apertura capaz de mantener claras y firmes las propias convicciones, procurando siempre situar a la Iglesia dentro de la sociedad, nunca ajena, comprometida como un bien para ésta y ocupando un nuevo lugar en un nuevo o nuevos escenarios. Lugar que tiene en parte, pero que también debe buscar si se da la coyuntura y hoy se está dando. Como tal, la Iglesia debe realizar su misión, que siempre procurará el bien de todos desarrollando el plan de Dios en Cristo, haciendo comprender su identidad y alcance en todas las circunstancias y no solo en algunas [...].

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AUDIO CONFERENCIA (formato mp3)