Bo Nadal e Aninovo en confianza!

Escrito de Mons. De las Heras en la revista diocesana 'DUMIO'

"Para restaurar las heridas de la debilidad humana, para mostrarnos, en su desvalimiento, que hay un poder que todo lo alcanza. Poder de misericordia y de amor"

Entre tantos mensajes y buenas palabras, resalto una para vivir esta Navidad y el Año Nuevo 2017: confianza, fiúza. Para vivir confiados. Me ronda el pensamiento y el corazón porque hallo un universo de temores y desconfianzas. Es sencillo descubrir el miedo en los ojos de los niños —y de los mayores— de Alepo, junto con la desconfianza de una promesa de paz que no llega. Ocurre en Siria, pero también en otros lugares de guerra en esta tierra. Alcanza el zarpazo terrorista y vengativo a una Europa remisa a la hospitalidad y en defensa de la dignidad y la vida humana.

Más cerca, sabemos del miedo y la incertidumbre de quienes no tienen claro su futuro formativo, profesional, relacional… Quienes sienten su vida amenazada por la violencia de personas cercanas o de cualquiera que pueda albergar oscuras intenciones. Cosechamos y guardamos buenas dosis de desconfianza hacia instituciones y responsables que han defraudado a quienes se debían sentir amparados y ayudados por ellos. Vemos justificado el recelo para ser solidarios ante el engaño y la manipulación de la compasión que hace un individuo entre muchos.

El temor y la desconfianza se contagian y multiplican fácil y rápidamente. Y creo que hay que detenerlos, decidida y firmemente, porque no nos hacen bien. Por el temor y la desconfianza nos viene la tristeza del aislamiento y del derrotismo que lleva a una falta de fe en la sociedad, en el ser humano. Por la incredulidad, en los otros y en el Otro, nos viene el desierto estéril del desamor y la anemia espiritual de la melancolía. Y, al abrir esa puerta, entran fácilmente el odio, el rencor, el deseo de venganza.

Precisamente, Dios viene a nosotros para devolvernos la confianza perdida. Para restaurar las heridas de la debilidad humana, para mostrarnos, en su desvalimiento, que hay un poder que todo lo alcanza. Poder de misericordia y de amor. Poder de cordialidad, de familiaridad, de amistad, de intimidad, de franqueza. Poder de fe y confianza. Poder de esperanza transformadora.

Por eso, en nombre de la confianza que ha acampado entre Dios hecho hombre y la humanidad, bien podemos recuperar, cultivar y sembrar confianza. Dios ha sido confiado viniendo a nuestro mundo, siendo recibido por unos y rechazado por otros, hasta entregar la vida por todos en el mayor acto de generosidad confiada de la historia. Una generosidad y confianza que ya se contemplan y podemos acoger en el nacimiento de Belén.

Jesús, el hijo del Altísimo, nacido en un pesebre, inaugura un tiempo de confianza. Un momento nuevo que se abre a un admirable intercambio cuando María, madre de Dios y nuestra, se fía del anuncio del ángel Gabriel. Y lo hace hasta el extremo porque no comprende. Desde la confianza extraordinaria ante lo incomprensible, parte enseguida a la montaña a saludar a Isabel. Su prima, en su fértil ancianidad, muestra igualmente cómo para Dios no hay nada imposible.

Que la grandeza de Dios, que ha confiado y confía en el ser humano a pesar de tanto pesar, nos haga ser personas natural y normalmente confiadas. En primer lugar en Él, Dios de Dios, Luz de Luz. Y por Él, en cada hombre y en cada mujer. Merecemos y tenemos un gran futuro, un inigualable proyecto de nueva humanidad en Cristo Jesús, nuestro Salvador, alguén moi grande que vén, porque nos quere ben.

Este escrito saldrá publicado en el número de diciembre de la revista diocesana DUMIO