¡Ochocientos millones de personas esperan que tú seas gente comprometida!

Escrito de Mons. De las Heras ante la Campaña contra el Hambre 2017 de Manos Unidas

"Continuemos plantando cara al hambre bien comprometidos en considerar los alimentos imprescindibles, evitando desperdiciarlos y manteniéndolos lejos de ser objeto de negocio injusto"

Acogemos con gozo la campaña 58 de Manos Unidas 2017 con el lema “EL MUNDO NO NECESITA MÁS COMIDA, NECESITA MÁS GENTE COMPROMETIDA”. Una consigna que nos sacude para llamar la atención sobre una de las mayores incongruencias de la humanidad que nos interpela como cristianos, como hijos de Dios preocupados por muchos hermanos nuestros.

Aunque en los últimos veinticinco años se ha rebajado el número de personas hambrientas en más de doscientos millones, siendo esto una señal de que se puede avanzar hasta que desaparezca el hambre en el mundo… Aunque se producen alimentos para dar de comer al doble de la población mundial actual… Injusta y cruelmente, sigue habiendo ochocientos millones de personas que ven conculcado su derecho a alimentarse.

Cada año Manos Unidas nos invita a mirar yendo más allá de lo inmediato. Para descubrir que nuestra distancia física con respecto a la escasez y el sufrimiento no los transforman en algo ajeno a nosotros por ser lejano. Muy al contrario, son nuestros descuidos, omisiones e indiferencias lo que nos vuelve ajenos a todo ello. Eso significa que la mirada de largo alcance nos hace volver a nosotros mismos y al lugar en el que vivimos, para aportar vías de solución a los problemas de tantas personas en el mundo. Además, de este modo, tenemos la oportunidad de salir un poco más de la autorreferencialidad, que tanto necesitamos y tanto bien nos hace.

Por consiguiente, el problema del hambre en el mundo no es un drama que debamos contemplar como tranquilos y cómodos espectadores. Tampoco como buenas personas solidarias que firman, se manifiestan, expresan opiniones y hacen valoraciones para pedir terminar con el hambre. Eso será necesario, pero es mucho más lo que está en juego y podemos hacer. Somos verdaderos protagonistas de las soluciones desde el compromiso cristiano y evangélico en nuestra vida cotidiana.

Así pues, estamos urgidos a ejercer ese protagonismo de compromiso en la lucha contra el hambre. Hemos de abandonar la indiferencia cómplice que permite que se siga especulando, buscando el enriquecimiento abusivo y egoísta, con el alimento que millones de seres humanos necesitan para vivir. Hemos de vencer la inercia irresponsable que contribuye a acumular excedentes de productos de primera necesidad mientras otros pasan penuria. ¿Cómo podemos permitir tan injusto e inadmisible atentado contra la dignidad de los seres humanos?

Tenemos que exigir que todas las personas humanas tengan derecho a la alimentación. Tenemos que denunciar que los alimentos se hayan convertido en producto de negocio, especulación y enriquecimiento injusto y falto de una mínima conciencia ética. Hemos de ser conscientes de esta corrupción que es mayor cuanta más apatía la esconde. Hemos de evitar sencillamente el desperdicio que fácilmente consentimos.

Por tanto, continuemos plantando cara al hambre bien comprometidos en considerar los alimentos imprescindibles, evitando desperdiciarlos y manteniéndolos lejos de ser objeto de negocio injusto. Esforcémonos por compartir entregando incluso lo que no nos sobra (cf Lc 21,1-4).

Asumamos y contagiemos un compromiso de caridad y misericordia. El compromiso del que nos hace partícipes Jesús en Evangelio cuando nos dice: “Dadles vosotros de comer” (Lc 9,13). Para que pueda llegar la dignidad a quien no tiene lo necesario para vivir. Para tener vida en abundancia (cf Jn 10,10) cuando la vida está amenazada, esta vez, por el hambre.

¡Ochocientos millones de personas esperan que tú seas gente comprometida!

+ Luis Ángel de las Heras Berzal, C.M.F.
Obispo de Mondoñedo-Ferrol