Pentecostés: a la escucha del Espíritu

Escrito del obispo publicado en el número de mayo de la revista diocesana 'DUMIO'

"Hemos escuchado y debemos seguir escuchando al Espíritu, para buscar y potenciar lo que favorece el proyecto de Dios en esta diócesis"

Junio nos alcanza este año con el fuego del Espíritu Santo. Celebramos Pentecostés el día 4, domingo. No es el recuerdo de un hecho del pasado, sino la vivencia actual de la presencia actuante del Espíritu Santo en la Iglesia y en cada bautizado. Debemos darnos cuenta de este hecho de fe que nos renueva, alienta y fortalece con una vida abundante (cf Jn 10,10).

Como dice la constitución pastoral Gaudium et Spes en su primer número, estamos seguros de que la comunidad cristiana está integrada por personas que, reunidas en Cristo y guiadas por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre, han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos (cf GS 1). El Señor va llegando a todas las gentes, a su modo, y cuenta con cada persona y el conjunto de la Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol.

Confiados en Dios y en la comunión eclesial, cada cual puede ponerse a la escucha del Espíritu para que su frescura e impulso le ayude en su vida cristiana. De igual modo, como Iglesia diocesana, como comunidad creyente y orante, debemos escuchar al Espíritu Santo para que nos ilumine en lo que más necesitamos, para acoger en el camino luz, sabiduría y esperanza, y para dar todo lo que tenemos, que es lo más preciado que podemos dar.

Así, debemos escuchar al Espíritu en la última fase de las aportaciones al Plan pastoral diocesano y en el discernimiento sobre los cambios y nombramientos que pueda haber de sacerdotes, personas consagradas y laicas. No se trata de una empresa meramente humana, sujeta a caprichos. Llevamos todo el año en camino. Hemos escuchado y debemos seguir escuchando al Espíritu, para buscar y potenciar lo que favorece el proyecto de Dios en esta diócesis. Un proyecto evangelizador, misionero, misericordioso y samaritano. Debemos escucharlo también para detectar aquello que impide el desarrollo de este proyecto, capacitándonos así para sortear las dificultades que nos sobrevengan. Igualmente, debemos escuchar al Espíritu para tomar conciencia de que somos evangelizadores y abrirnos sin temor a su acción vivificante. Él nos infunde la fuerza necesaria para ser audaces en el anuncio de la Buena Noticia, convirtiéndonos en personas que manifiesten en su vida concreta la presencia de Dios en medio de la realidad (cf EG 259), con una mirada de discípulo misionero, que se «alimenta a la luz y con la fuerza del Espíritu Santo» (EG 50).

El Espíritu Santo mantiene vivo el ardor misionero y el compromiso misericordioso y samaritano si confiamos en Él, si lo invocamos. No nos cansemos de invocarlo. ¿Nos descubrimos llenos de debilidades? ¿Nos asaltan dudas, desconfianzas, recelos…? Confiemos decidida y constantemente en el Espíritu Santo; tanto más, cuanto más frágiles nos consideremos (cf EG 280).

Atendamos al Espíritu para evitar caer en la tentación de «la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre» (EG 85). Aumentemos la mirada creyente que reconoce la luz del Espíritu Santo en medio de la oscuridad. Para vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua, para encontrar el trigo en medio de la cizaña. Para reconocer que nada ni nadie nos podrá quitar la alegría del Evangelio (cf Jn 16,22), la que llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús (EG 1). Una alegría que no desaparece, aunque nos duelan las miserias de estos tiempos y, por supuesto, sigamos siendo realistas, no ingenuos optimistas. Una alegría que nos lleva a confiar más en el Espíritu y a entregarnos más, a ser más generosos, desprendidos y disponibles (cf EG 84). La generosidad siempre es recompensada, especialmente si la ponemos en juego sin buscar nada a cambio. Cada uno termina recibiendo multiplicado por el Señor cuanto ha sido capaz de donar. Incluso el que no pone nada, o se esconde en su tacañería de espíritu, recibirá gratificación, si bien quizá se vea incapacitado por su egoísmo para disfrutar del “ciento por uno”. El Señor es espléndido y va a estar grande con nosotros en este final de curso. Podemos adelantar que estamos alegres en el Espíritu Santo que se nos ha dado.

+ Mons. Luis Ángel de las Heras
Obispo de Mondoñedo-Ferrol