Mons. De las Heras: 'Mi diócesis es mi familia'

Entrevista al obispo diocesano en el portal online Religión Digital

"Queremos seguir acompañando y ayudando a quienes más lo necesitan, para evitar exclusión y para facilitar inclusión"

Acaba de cumplir un año al frente de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde monseñor Luis Ángel de las Heras se siente ya "en casa, en familia". Le encanta su gente y admira su idioma "muy hermoso", que promete seguir aprendiendo a fondo. Le preocupa la falta de clero, está encantado con el Papa Francisco, cuya "revolución de la misericordia" le parece irreversible, y le duele la corrupción, "una plaga con la que hay que terminar, denunciar y perseguir". Mondoñedo tiene obispo 'franciscano' de largo recorrido.
 

Un año después, ¿ha valido la pena?

Sin duda ha valido la pena. Ha valido la pena no mirar atrás más que para dar gracias por tantísimo don recibido a través de tantas personas, entre las que solo menciono a mi familia, a los misioneros claretianos y no puedo dejar de mencionar a CONFER. Ha valido la pena acoger y agradecer la misión encomendada, sintonizar con este maravilloso pueblo gallego que peregrina en Mondoñedo-Ferrol. Ha valido la pena conocer a estas gentes con ganas de construir Iglesia, de poner su granito de arena, de arriesgar, conscientes de sus limitaciones. Ha merecido la pena intentar aprender a "vivir en gallego" y ver que todavía queda mucho camino por recorrer. Ha merecido y merece la pena seguir haciendo diócesis, que es abrir espacio a la misericordia y al amor de Dios entre tanta gente que busca y le necesita a Él. He pensado en algún momento, al cumplir este primer año, escribir al papa Francisco para agradecerle que me haya enviado a esta diócesis de Mondoñedo-Ferrol. No lo he hecho porque creo que tiene cosas más importantes que leer, pero se lo diré en cuanto vuelva a encontrarme con él.
 

¿Qué fue lo que más le costó asumir en su primer año al frente de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol?

Realmente en el primer año no me ha costado asumir nada de lo que he tenido que asumir. Veremos a partir de ahora.
 

A nivel personal, ¿se siente en casa? ¿Se siente en familia? ¿Quiere y se deja querer?

Lo he dicho, de otro modo, antes cuando valoraba que había merecido la pena conocer a tantas personas. Me siento en casa, en familia. Algunos me tratan como de su familia y yo estoy muy agradecido por ello. Mi diócesis es mi familia, ha hecho crecer mi familia y quiero y me dejo querer con naturalidad y sinceridad. Estoy a gusto, muy a gusto, y disfruto mucho encontrándome con personas en cualquier ocasión.
 

¿Qué piensa del idioma gallego y cómo lleva su estudio? ¿Progresa adecuadamente?

El gallego es un idioma muy hermoso que, como todos, expresa la mente y el corazón de un pueblo, de sus gentes. Lo respeto, lo admiro, me gusta escucharlo y leerlo. Me ayuda a comprender algunas cosas, más allá de las palabras. Entiendo mucho y tengo que estudiar, aprender y practicar más. Lo utilizo en la liturgia casi todos los días. Y, como todo aquello que progresa adecuadamente, necesito mejorarlo.
 

¿El gran problema de la diócesis es la falta de clero?

La falta de clero es quizá lo que primero se ve. Algo que, por cierto, desvía la mirada de la valía de los sacerdotes que hay, de su entrega, de su generosidad, de su valentía... Pero el gran problema de una diócesis siempre es el empuje evangelizador que necesita. Todas lo tienen, pero hay que revisarlo y revitalizarlo. Hay que analizar las debilidades, no una sola, sino todas las que seamos capaces de descubrir. Hay que encontrar también las fortalezas, que no son pocas, para desarrollarlas. Tenemos falta de todas las vocaciones. Necesitamos enriquecer la Iglesia particular con más laicos, más matrimonios y familias, más personas consagradas y más sacerdotes. Necesitamos revitalizar la diócesis con más colaboración, con más sinergias desde todas las personas motivadas e implicadas, que son muchas. Hay que vivir con realismo y con esperanza al mismo tiempo. Y siempre conscientes de que la misión de una diócesis no es solo fruto de esfuerzos humanos, sino también, y sobre todo, don de Dios.
 

Además de la reorganización de las parroquias y del mejor aprovechamiento de las sinergias sacerdotales, ¿no ha llegado la hora de explorar otros caminos ministeriales, como indica el Papa Francisco?

La reorganización y el aprovechamiento de las sinergias sacerdotales es una parte de todo un planteamiento de Iglesia evangelizador, sinodal, de misión compartida, que necesitamos vivir, construir en comunión, celebrar, anunciar y ofrecer a otros. Los caminos ministeriales ya se están explorando y hay que seguir haciéndolo valiente y cabalmente. Creo que hay que evitar cualquier intercambio confuso de funciones o tareas. Considero que hay que plantearlo como enriquecimiento y fortalecimiento de la comunidad cristiana, de toda la Iglesia de comunión y participación, valorando tanto la perspectiva local como la universal.
 

¿Galicia sigue sufriendo las consecuencias de la crisis?

Sí, como tantos otros lugares de España. Hay que seguir luchando y aumentando la confianza en las posibilidades de Galicia y sus habitantes. La Iglesia sigue apostando por estar cerca de los que sufren esas consecuencias. Estamos llamados, especialmente a través de Cáritas, a ser Iglesia que sostiene y ayuda a superar la crisis. Queremos seguir acompañando y ayudando a quienes más lo necesitan, para evitar exclusión y para facilitar inclusión. Cada parroquia, cada Cáritas, es un centro de atención, sostenimiento e inclusión social. Del mismo modo, queremos y debemos estar colaborando con las fuerzas sociales para superar las consecuencias de la crisis.
 

La corrupción es una plaga. ¿Tenemos los políticos que nos merecemos?

La corrupción es una plaga, es necesario terminar con ella. Hay que denunciarla y perseguirla. También hay que poner instrumentos que eviten que se produzcan casos de corrupción. Dicho esto, conozco políticos de diferentes partidos que son personas honestas y con verdaderas ganas de trabajar para servir a sus conciudadanos. Políticos que son responsables con la tarea que les han encargado quienes les han votado y, en consecuencia, apuestan por mejorar en todos los ámbitos de la sociedad y luchan por el bien común.
 

¿Qué debería hacer el episcopado español, para que se le note claramente que se ha subido al carro de Francisco y rema, con alegría, en la dirección de las reformas?

No me considero quién para decir lo que tiene que hacer el episcopado español. Yo creo que mis hermanos en el episcopado miran al Buen Pastor para desempeñar la misión encomendada. Y, por supuesto, creo que están en plena comunión con la Iglesia y con el Papa. Pero sí me digo a mí mismo que, para mantenerme en esa comunión comprometida con el Papa Francisco, tengo que orar y hacer vida cada día estas palabras: "Apaciéntame, Señor; apacienta tú conmigo". Oración y vida para construir, en y desde esta diócesis de Mondoñedo-Ferrol, una Iglesia capaz de acompañar y responder a las angustias y tristezas de los hombres y mujeres de estos tiempos y capaz de compartir y multiplicar sus alegrías y esperanzas. Iglesia misericordiosa y samaritana que anuncia a Cristo, que lleva a encontrarse con Él, la fuente de la vida más abundante que puede soñar cualquier ser humano. Así encuentro sentido y fuerzas para remar en esa dirección, mar adentro, echando de nuevo las redes, confiados en la palabra de Jesús, aunque antes no hayamos conseguido nada.
 

¿Le gustaría pensar que esta revolución de la misericordia papal va a ser irreversible?

Me gusta pensarlo, me alegra, y lo pienso. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Eso es una revolución irreversible y eso es lo que muestra el papa Francisco. Eso sí, es una revolución de paciencia, no de impaciencia, que implica el compromiso de no cansarse y continuar esforzándose. Aunque no lo mostrara el papa Francisco, deberíamos verlo como él lo ve y vivir la misericordia como nos está indicando, de manera clara, sencilla y directa. Cada proyecto de vida cristiana tiene que ser un proyecto de misericordia. Cada proyecto eclesial ha de ser un proyecto misericordioso. Así, serán proyectos creíbles y fiables.
 

Muchas gracias, monseñor y que usted la apaciente bien

Muchas gracias por acordaros de Mondoñedo-Ferrol, de su obispo, y preguntar por esta diócesis que "es la más bonita del orbe católico" según decía D. Jacinto Argaya, Obispo de Mondoñedo durante el Concilio Vaticano II. Desde luego, la belleza de sus paisajes es única. Pero también tiene otras muchas bellezas que yo invito a descubrir y hacer brillar desde aquí.

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