Un descanso que traiga paz y alegría

Escrito del obispo publicado en el número de junio de la revista diocesana 'DUMIO'

"¡Qué hermoso será anunciar la paz a cada paso del verano! Una paz que encierra los bienes que necesitamos y que alegra y mueve el corazón humano"

Llegan los meses estivales para darnos un respiro en el trascurso del año o precisamente trabajar más porque la circunstancia lo requiere o lo permite. Como ocurre todos los veranos, habrá quien planifique con ilusión lejanas escapadas, quien no vaya muy lejos, quien dedique tiempo y esfuerzo para estar con sus seres queridos…

En cualquier caso se nos brinda la oportunidad de abrir un espacio de descanso, pues siempre lo necesitamos. Jesús, cuando se da cuenta de que sus discípulos no tienen tiempo ni para comer, les invita a descansar (cf Mc 6,31). Ellos, un poco antes, han compartido con el Maestro sus obras y enseñanzas, han evaluado su trabajo por el Reino. Han constatado que “la mies es mucha, pero los obreros pocos” (Mt 9,37; Lc 10,2). Ir a un lugar solitario, apartado, para descansar con Jesús es un proyecto atrayente. La propuesta tuvo que cautivar a los discípulos, cansados y desbordados por la necesidad de curación, de amor, de paz, de misericordia, de alegría y de esperanza de tanta gente que acudía a ellos o encontraban por los caminos.

El primer plan del verano debe ser procurar el descanso necesario y facilitar que los demás lo tengan. Ojalá podamos secundar la invitación de Jesús para ir a un lugar apartado y encontrarnos mejor con Él, además de dedicar cada día un tiempo suficiente a la oración y a la lectura de la Palabra de Dios. Ese el mejor modo de alcanzar consuelo, esparcimiento, alivio de cualquier carga pesada que nos dé paz y alegría. A ello contribuirán las fiestas que disfrutaremos en honor de los santos y, sobre todo, de la Virgen María. En nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol invocada como su patrona, Ntra. Sra. de los Remedios. Querida e implorada desde la vida marinera bajo la advocación del Carmen y Santa María del Mar.

Igualmente favorecerá ese buen plan veraniego realizar una generosa hospitalidad, puesto que son muchos quienes vienen por razones familiares o sencillamente buscando un buen destino turístico. Requieren una mención especial los peregrinos del Camino de Santiago. Cada vez podemos esmerarnos más en la hospitalidad diocesana con ellos a su paso por nuestras parroquias. Que encuentren iglesias abiertas para rezar, encomendarse a la Virgen María, al Apóstol Santiago… y pedir la bendición del Señor. Que tengan cuanto necesiten. Que reciban nuestro saludo y aprecio cristianos, de palabra y de corazón, para favorecer que su camino les lleve a disfrutar una vida abundante en la búsqueda y el encuentro con Dios.

Así, entre “tareas de descanso", vivamos el evangelio de la paz en un mundo salpicado por el miedo y las amenazas, con nuevas heridas que se suman a las que no terminan de cicatrizar. Viviéndolo, seamos mensajeros del evangelio de la paz como dice el profeta Isaías: “¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias…” (Is 52,7) ¡Qué hermoso será anunciar la paz a cada paso del verano! Una paz que encierra los bienes que necesitamos y que alegra y mueve el corazón humano.

Sabemos que al llegar Jesús con sus discípulos a aquel lugar apartado, las urgencias y necesidades de la mies abundante desbaratan los planes de descanso. El buen pastor se conmueve viéndolos “como ovejas sin pastor” (Mc 6,34) y se pone a su servicio hasta el extremo. Cuando ya parece que no se puede hacer más y es hora de despedir a la gente, se celebra un banquete que sacia una multitud (cf Mc 6, 34-44). En medio del descanso, hoy también nos dice Jesús: “Dadles vosotros de comer” (Mc 6, 37), dadles vosotros la paz y la alegría.

+ Mons. Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de Mondoñedo-Ferrol