Iglesia peregrina y misionera

Escrito del obispo Luis Ángel en la revista 'DUMIO'

"Que la alegría del Evangelio llene la vida de nuestras comunidades, sin dejarlas languidecer y que sea, cada vez más, una alegría fuerte y misionera"

Mayo es mes de María, mes de romerías y de peregrinaciones. El 17, Día das Letras Galegas, emprendimos una peregrinación diocesana a Covadonga, en el jubileo de la coronación de la Santina que celebra la Iglesia hermana que peregrina en Asturias.

Las peregrinaciones son una expresión de la fe que tiene hondas raíces en el Pueblo de Dios. En Galicia se ve claramente. Los santuarios marianos constituyen metas de fe. Allí se palpa cómo la Madre de Dios comparte las historias de nuestro pueblo, que ha recibido el Evangelio y lo ha integrado como parte de su identidad histórica (cf EG 286). De esta forma, se venera a la Virgen María como imagen y memoria constante de Dios-con-nosotros y signo de esperanza y consuelo hasta el final (cf LG 68).

Esta peregrinación a Covadonga, con más de mil doscientos diocesanos, bien puede ser símbolo de una diócesis que se ha puesto en camino de conversión y tiene como objetivo su trasformación misionera. Queremos participar del sueño del papa Francisco: «una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación» (EG 27). El cambio no es fácil ni rápido, pero las metas de alegría y fortaleza motivan nuestra marcha.

Por eso estamos en camino y queremos ser Iglesia peregrina misionera. Desde todos los rincones de nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol, haciendo comunidad parroquial, arciprestal, diocesana -no solo de organización, sino también y sobre todo de fe-, hemos simbolizado la importancia de la peregrinación y, más aún, de una “Iglesia en salida”. Confiamos en que a los que aman a Dios todos les sirve para el bien. Ahí concedemos un papel singular a la Virgen María, Madre de la Iglesia misionera, mujer de fe, que vive y camina en la fe, que se deja conducir por el Espíritu y nos enseña esa mirada de discípulos misioneros de Jesús para ser servidores del Evangelio y dar frutos abundantes (cf EG 287).

La figura materna de María, que actualizan y secundan muchas madres, muchas mujeres, muchas consagradas, nos invita a caminar juntos, a luchar juntos; a mostrar la cercanía de Dios; a convertir la pobreza en una enorme riqueza con “montañas de ternura”; a estar atentos para que no falte alegría ni esperanza; a escuchar y comprender el dolor; a ser misioneros abriendo los corazones a la confianza en Dios por caminos de cariño materno (cf EG 286).

Una madre nos prepara para el porvenir. Ella, que tiene la capacidad de reunir a todos sus hijos, aunque seamos bien distintos, nos invita a no dejar las cosas como están, a no conformarnos ni pactar con el desaliento, a construir una Iglesia nueva, a constituirnos en estado permanente de misión (cf EG 25).

Los discípulos misioneros y peregrinos de Mondoñedo-Ferrol tenemos la oportunidad de afrontar con valor el reto: que la alegría del Evangelio llene la vida de nuestras comunidades, sin dejarlas languidecer y que sea, cada vez más, una alegría fuerte y misionera (cf EG 21). Con el gozo de la fe, hagamos que sea posible un nuevo y necesario Pentecostés de comunión en la misión.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

cmf@luisangel