Diario de un obispo en tiempos de coronavirus: capítulo 6

Del 13 al 19 de abril de 2020

Mons. Luis Ángel escribe para el portal Religión Digital

"Con esta bocanada de aire fresco pascual, con esta esperanza, rindiendo homenaje permanente a los que nos dejan estos días y a todos los que luchan, especialmente a quienes lo han de hacer con más dificultades, la vida continúa"

Pasó la semana como un solo día, tal y como estamos invitados a celebrar litúrgicamente la Octava de Pascua, es decir, la primera semana de la cincuentena pascual. Tanto es el júbilo del Domingo de Resurrección que se prolonga ocho días. En esta ocasión, es un día de aleluya que se va llenando de nombres conocidos que nos dejan, por el coronavirus o por otras causas. Un aleluya de Resurrección ante lo que nos rodea ahí fuera y ante cuanto bulle en nuestro interior. Tinieblas que disipa la luz del Resucitado.

Mientras en otros lugares se fueron reincorporando a sus trabajos muchas personas, en Ferrol no lo hicieron el lunes de Pascua, porque es la fiesta de la Virgen de Chamorro, día no laborable. Muchos ferrolanos subieron de corazón a la ermita y rememoraron la romería de Nuestra Señora de la Anunciación y del Nordés del monte de Chamorro. Este año pedimos ayuda a la Madre del Resucitado en esta singladura que se está haciendo costosa. La Virgen tuvo el lunes de Pascua en Ferrol muchas velas, de amor encendido, puestas en la ermita de Chamorro con cariño y nostalgia por la distancia, pero también con fe y esperanza.

Con la prevención necesaria cancelamos el encuentro de voluntarios de Cáritas de todas las diócesis de Galicia previsto para el 6 de junio en Viveiro. Suelen asistir cerca de quinientos, que no son todos, claro. Nos adelantamos, porque no es un evento que sea prudente convocar en estas circunstancias y ya se celebrará el próximo año, D.m. Los voluntarios de Cáritas tienen y seguirán teniendo el corazón y la mente con los pobres. Esta cancelación es un gesto más que también cuenta.

Con Cáritas en el centro lanzaron la canción solidaria “Con tu aire en mis adentros”. Iniciativa que surgió en las conversaciones informales diarias de un grupo de amigos que son músicos católicos y se sumaron con sus voces a #CadaGestoCuenta. En la misma clave solidaria, Rozalén compuso y regaló su canción “Aves Enjauladas” a favor de la acogida de inmigrantes. Desde el principio muchos músicos brindaron sus letras y acordes para ayudar en estos tiempos de dificultad y la lista no se detuvo. Otro motivo para aplaudir.

En la misma lucha se anunció una carrera solidaria, como homenaje a las víctimas y ayuda a quienes peor lo están pasando y lo seguirán pasando. Tras el aplazamiento del EDP Rock ´n´ Roll Madrid Maratón, previsto para noviembre de 2020, para evitar la propagación del covid-19, la organización decidió poner en marcha la EDP Rock ´n´ Roll Madrid VIRTUAL RUN que se celebrará entre el 26 de abril y el 3 de mayo a beneficio de Cáritas Española para hacer frente a la pandemia y a sus consecuencias.

Con los números de víctimas mortales de la pandemia, que descienden día a día mientras aumenta el total, fueron llegando noticias de varias personas fallecidas en distintas fechas. Proyectos truncados de boda, de familia, de misión, de trabajo, de vida en este valle de lágrimas. Este es el rostro más triste de la tragedia humana que estamos viviendo. Hay un dolor agudo que merece un inmenso respeto y un no menor duelo solidario y fraterno.

Ante la muerte que nos deja tan desconcertados, no pude ni puedo sino pedir que aumente nuestra fe, fe pascual, fe en la Resurrección, abandono confiado en Cristo vivo, resucitado. Tenemos muchas razones para celebrar la Pascua, para creer en el Resucitado y son razones de fe, de amor y de esperanza.

Lo expresó espléndidamente el papa Francisco en su mensaje de Pascua con palabras certeras. Nos invitó al contagio de la esperanza, que se da cuando se transmite de corazón a corazón la Buena Noticia de la Resurrección («¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!»). Desde luego, no como varita mágica que hace desaparecer los problemas. No falta la tentación de pensar que es Dios quien ha de acabar con el mal del mundo. Sí hemos de pensar en la Resurrección como la victoria del amor sobre el mal; una victoria que traspasa el sufrimiento y la muerte.

Recordando a todos, pues todos somos afectados y estamos implicados, el Papa fue desgranando en su mensaje consignas de salida —en pleno confinamiento— que nos orientan en esta travesía de la pandemia. Nos descubrió en qué tiempo estamos advirtiéndonos que este no es el tiempo de la indiferencia, ni del egoísmo, ni de la división, ni del olvido. No es un tiempo para atemorizarse y encerrar el espíritu, sino para llenarse de valor y abrir las ventanas y los balcones de la libertad de los hijos de Dios.

Para curar la indiferencia, el egoísmo, la división y el olvido, el Papa recomendó muchas dosis de unidad y solidaridad. Para que los pobres tengan esperanza y no les falte lo necesario. Para que se superen las rivalidades de modo que se pueda reconstruir solidariamente lo derruido, hasta con soluciones innovadoras. Para que desaparezca todo lo que provoca y fomenta la guerra y el enfrentamiento, incluida la fabricación y venta de armas. Para que seamos capaces de recordar y afrontar otras lacerantes situaciones de emergencia humanitaria. Precisamente para “no olvidar”, me llegó un correo electrónico de Manos Unidas en el que se decía que, aunque el mundo se detenga, no dejan de actuar —no debemos dejar de actuar— en cualquier parte del mundo. El milagro está en nuestras manos.

Qué oportuna y necesaria hoja de ruta universal trazó el papa Francisco deseándonos una feliz Pascua con estas reflexiones que concluyó con este párrafo: «Las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre! Esas palabras pareciera que prevalecen cuando en nosotros triunfa el miedo y la muerte; es decir, cuando no dejamos que sea el Señor Jesús quien triunfe en nuestro corazón y en nuestra vida. Que Él, que ya venció la muerte abriéndonos el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce ocaso».

Me hizo sentir una fuerte llamada a elevar una plegaria ardiente y mantenerla para que triunfe en el corazón y en la vida de cada ser humano el amor de Dios mostrado por Cristo Jesús que vence al miedo y a la muerte. Una oración para salir del confinamiento de la mente y del corazón y vivir la libertad de hombres y mujeres resucitados.

Con esta bocanada de aire fresco pascual, con esta esperanza, rindiendo homenaje permanente a los que nos dejan estos días y a todos los que luchan, especialmente a quienes lo han de hacer con más dificultades, la vida continúa. Hay que mostrar la cercanía, hay que derrochar dosis de unidad y, así, transmitir la esperanza de vida del Resucitado. A los desolados por las pérdidas, por la imposibilidad de realizar una despedida digna. A quienes están enfermos y a quienes los cuidan. A quienes se les termina un contrato de trabajo, y no ven horizontes de recuperación. A quienes no vislumbran bien cómo van a superar esta losa. A quienes están cansados de vivir encerrados entre cuatro paredes o entre las rejas de una prisión ahora sin visitas. A quienes están o se sienten solos. A quienes notan la anemia espiritual y el desconsuelo por la imposibilidad de recurrir en persona a la fortaleza de los sacramentos. En las personas que padecen estas “reclusiones” hay “encerrada” mucha bondad, signo del Dios vivo que permanece con nosotros para siempre.

La vida continúa y, en medio de estas reflexiones orantes, recibí la noticia de que el papa Francisco había nombrado a un misionero claretiano, hermano y amigo, obispo de Fukuoka (Japón). Era obispo auxiliar de Osaka desde 2018. Lo felicité por esta nueva misión. Superior General durante doce años, es un misionero convencido que se siente enviado a la misión y no le arredran los desafíos.

Esperada y casi adivinada, pues no hay muchas maneras de hacerlo, el vicario general envió la nota sobre las primeras comuniones y confirmaciones. Cada párroco, de acuerdo con los padres y catequistas buscará las fechas posibles en adelante. No se puede precisar más. Celebraciones eclesiales y familiares afectadas también por la pandemia. Como consecuencia, negocios que se resienten y ven incierta su reapertura. Aquí también hemos de poner dosis de unidad y esperanza.

La declaración de la renta de este año tendrá una singularidad memorable. Aunque, para un bautizado lo coherente es, hoy como siempre, marcar la X a favor de la Iglesia Católica, señalando además la otra casilla para que nuestros impuestos tengan destino solidario y contribuyan al bien común. La corresponsabilidad implica esa colaboración que se acompaña de actitudes constructivas sintiéndonos todos parte de la misma familia. En esta ocasión, la clave de colaboración habrá de tener un horizonte más amplio. Por eso dije: «Entre todos ponemos en lo alto, en medio de la muerte, el dolor y las necesidades de todo tipo, la luz de la alegría pascual que tanto hace falta en nuestro mundo. Gracias».


En coordinación con el Secretariado de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, escribí a los representantes de las distintas formas de vida consagrada de España para comunicarles la nueva composición y distribución de acompañamiento de nuestra Comisión. En estas circunstancias me pareció muy importante trasladar a las personas consagradas el agradecimiento y aprecio por lo que son y hacen en esta situación dolorosa del mundo y de nuestro país.

Además de la oración con afecto al Señor de la Vida por cuantas personas consagradas han fallecido en España a causa de esta pandemia, así como la que se continúa por quienes siguen afectados, les expresé la preocupación del Secretariado y los obispos miembros de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, que es la misma inquietud que nos transmitieron en la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica por la situación que estamos viviendo.

Por medio de ellos, representantes de las personas consagradas de España, quise hacer llegar el agradecimiento a cada uno de sus hermanos y hermanas, por su testimonio y compromiso. Ellos y ellas son personas expertas en Evangelio y humanidad. Les son familiares las catástrofes naturales, que algunos han padecido compartiendo sus efectos con los hombres y mujeres de otros pueblos y naciones. Son expertos en el compromiso con los más vulnerables y necesitados. Son expertos en el arte de la convivencia a través de la vida fraterna en comunidad. Son expertos en permanecer en casa, algunos de forma voluntaria en clausura toda la vida.

Por supuesto, son expertos en orar, en hablar con Dios, en dirigirse a Él y en escucharle a Él. Con la mirada fija en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, Él es su fuerza. La fuerza que les permite permanecer en casa llenos de vida y la fuerza que les permite salir a innumerables periferias para hacer presente a Jesucristo desde tantos y tantos prismas carismáticos.

Él los mantiene hoy en pie en esta situación de emergencia humanitaria. En residencias de ancianos donde el virus ha hecho mella; en medio de hospitales junto a los profesionales de la salud, o como parte de ellos; entregándolo todo, como han hecho quienes han ofrecido sus clínicas gratuitamente para los enfermos o sus casas para acoger a cuantos lo necesitaran.

Él los mantiene en pie conviviendo con menores sin familia, personas con adicción o enfermedades psíquicas, víctimas de malos tratos, de prostitución y de trata humana. Él los mantiene en pie en esta nueva educación “online” que desborda y, a la vez, acerca y compromete a educadores, profesores y alumnos.

Él los mantiene en pie predicando a través de los medios, ofreciendo subsidios, dirigiendo ejercicios espirituales en confinamiento. Él los mantiene en pie cuidando a sacerdotes ancianos y acompañando a otros más jóvenes de distintas maneras. Él los mantiene en pie con tantos voluntarios de Cáritas con los que colaboran codo con codo, con tantas personas que viven solas y necesitan el bálsamo de una llamada suya para saberse escuchadas.

Él los mantiene en pie para seguir orando sin cesar y, al mismo tiempo, confeccionando mascarillas sin detenerse u ofreciendo alimentos por el torno. Todo a un solo golpe de amor y alegría que os permite dar consejos para vivir bien el período de reclusión a inexpertos en aislamiento.

Él, por supuesto, los mantiene en pie de comunión desde sus carismas fundacionales con toda la Iglesia, que ha celebrado el misterio de Jesucristo muerto y resucitado en una Semana Santa atípica, y que pone ahora en lo alto, en medio del dolor, la luz de la alegría pascual.

Él, finalmente, los mantiene en pie peregrinando con esta humanidad a la que acompañan tan fielmente: ellos no temen tanto la muerte como para dejar de dar la vida para que todos la tengan en abundancia. Porque Quien los sostiene ha manifestado entre ellos su infinito amor y les invita a compartirlo con todos como camino de salud y santidad. La vida consagrada ha sufrido, como todos, este impacto y, fiel a su forma de vida y a sus carismas, se mantiene en pie y se prepara para luchar el futuro con todos. No me cabe ninguna duda.

En la diócesis hubo alegría por las residencias de ancianos libres de covid-19, pero donde lo celebraron —y hasta saltaron— con más entusiasmo, fue en el hospital san Pablo y san Lázaro de personas con capacidades diferentes, regentado por las Hijas de la Caridad. Salté de alegría con ellos.

Nos vimos mi padre, mi hermana, mi cuñado, mis sobrinas y yo por videollamada que hicieron desde la residencia de ancianos. Mi padre está bien, gracias a Dios. No han corrido la misma suerte algunos compañeros que han necesitado ingreso hospitalario, o bien han fallecido y a quienes encomendamos a la Misericordia de Dios y recordaremos siempre. Varias religiosas se han contagiado. Sin miedo a la muerte, con entrega generosa. Gracias es decir poco.

El delegado de pastoral de la salud y los capellanes hicieron una propuesta sugerente, factible y necesaria: “Xuntos na mesma barca”. Recibieron el “soplo del Espíritu” participando de la oración con el Papa el 27 de marzo, aquella tarde lluviosa en la vacía plaza de san Pedro, antes de la bendición extraordinaria Urbi et Orbi.

Sus teléfonos siempre abiertos, como sus oídos y su corazón para acompañar a quien necesite una palabra de consuelo y aliento o sencillamente desahogarse. Se han añadido algunos números más de móviles. Es otra forma de “descargar” en el Señor y en sus mediaciones todo el agobio, porque Él nos cuida y todos estamos “Juntos en la misma barca”.


Celebramos la tercera reunión de consejo diocesano de gobierno. Se impuso mirar al futuro siempre con la esperanza que llena de aliento la realidad y las precauciones. Hemos de seguir avanzando. Lo que habíamos programado de una forma, tendrá que hacerse de otra. Afortunadamente, tenemos muchos medios para comunicarnos y para unirnos. Gracias a Dios no hemos de vivir encerrados eternamente y no nos faltará durante excesivo tiempo lo que para nosotros es esencial y no tenemos ahora. En medio de todo, tenemos que acrecentar el espíritu del agradecimiento por tanto don como estamos recibiendo. Mejor esto.

Terminó esta octava de Pascua, tan llena de vida y esperanza con horizontes inciertos. Algunos hasta me parecieron frívolos. Otros temerarios y extremistas, desenfocados. El mejor horizonte en este costoso camino que vivimos es el de ser una nueva persona humana y construir un mundo nuevo. Es el horizonte de Cristo, Crucificado y Resucitado.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel