Diario de un obispo en tiempos de coronavirus: capítulo 7

Del 20 al 26 de abril de 2020

Mons. Luis Ángel escribe para el portal Religión Digital

"Ha de cuidarse la vuelta a las ansiadas actividades habituales de la vida de la Iglesia. Debemos poner medios para que sea una ocasión de acción de gracias, memoria de resurrección sobre los que nos han dejado y mirada serena y esperanzada hacia el futuro"

Pasó más de un mes de confinamiento y llegó el anuncio de prolongarlo hasta mayo. Empezó a pesar la reclusión y la incertidumbre sobre el futuro inmediato. Se acumuló el cansancio, al que solo se responde con la fuerza del Dios de Jesús, el que nos sostiene y nos invita a compartir con los demás el ánimo que viene de Él. Los retos que se vislumbran son muchos y hay que disponerse a afrontarlos con el mejor ánimo posible.

Este lunes tuvo el espejismo de parecer un lunes cualquiera, de los de antes, con trabajo intenso anunciando una semana repleta de tareas. Nuevamente la noticia de la muerte en estas circunstancias, aunque no fuera por causa del coronavirus, dio el toque de excepcionalidad a la realidad de este tiempo fuerte diferente.

La muerte de personas conocidas se fue haciendo noticia corriente, por supuesto sin acostumbrarse. No hay velatorio ni despedida, pero sí una oración confiada, sentida e incomparable. Llena de fe pascual y cariño solidario en cada Eucaristía celebrada, para abarcar a tantas personas queridas y ahora añoradas. No hubo números en estas oraciones camino del infinito.

Junto a la memoria de quienes nos dejaron, siempre apareció con fuerza el homenaje a las miles y miles de personas que se curaron. Hemos visto salir a algunas de las UCI o de los hospitales con aplausos de los profesionales de la salud. Hasta una religiosa de más de cien años, que también ha supuesto una alegría especial para sus hermanas de comunidad en Lugo y de congregación, las religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos, nuestras queridas monjas de Abadín.

Muy cerca de Mondoñedo, la presencia de estas hermanas fue, es y será testimonio de la vida abundante. Este mes de mayo queríamos celebrar una Eucaristía con ocasión de la clausura del bicentenario de su fundación, reuniéndonos en la preciosa iglesia de Santa María de Abadín un día de gran fiesta. Lo festejaremos unidos espiritualmente a toda su familia carismática más adelante, el domingo de la Santísima Trinidad, que coincide con la Jornada Pro Orantibus.

Precisamente la preparación de esta Jornada —el próximo 7 de junio—, estuvo presente esta semana junto con otros muchos asuntos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada (CEVC). Dedicaremos un domingo a orar por las personas consagradas contemplativas, que diariamente oran por todos, reiterando nuestra estima por la vocación contemplativa y dedicándonos a conocerla mejor.

La directoria del secretariado de la CEVC y los demás miembros del equipo estuvieron en plena actividad de teletrabajo. Comunicaron la autorización para aplazar la celebración de capítulos generales e incluso provinciales, dispuesta por la CIVCSVA. Igualmente, la cancelación de los cursos de formación para la vida consagrada que había previstos en Ávila para el mes de julio próximo, organizados por la Cátedra de Teología de la Vida Consagrada de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid.

Continuaron recibiendo informaciones de obras y comunidades afectadas por la pandemia, como las de residencias de ancianos y religiosas que han fallecido contagiadas en su servicio a los residentes. Reconociendo esta realidad, diferentes personas e instituciones, como Ayuda a la Iglesia Necesitada en España, escribieron o llamaron expresando su cercanía y admiración por todas las personas de vida consagrada, que están dando su vida por amor en estos difíciles momentos. En la misma línea no ha dejado de haber una corriente de apoyo a la vida consagrada contemplativa.

Además, la directora del secretariado de la CEVC tuvo una iniciativa que me pareció acertada. Propuso que cada obispo de la CEVC escribiera a la forma de vida consagrada que acompaña o de la que es referente, poniéndose a su disposición e interesándose por la situación en cada forma de vida consagrada.

Así se lo trasladé a mis hermanos obispos de la comisión, quienes aceptaron gustosos la propuesta. Supuso, además, una prolongación de la carta que dirigí a los miembros de COBYSUMA en cada forma de vida consagrada. Las palabras de cercanía y aliento de cada obispo acompañante o referente tuvieron muy buen eco.

Por su parte el prefecto y el secretario de la CIVCSVA escribieron desde Roma a todas las personas consagradas del mundo una segunda carta en este tiempo de coronavirus. Invitaron a la comunión sentida y sufrida, con esperanza y confianza. Manifestaron su cercanía a las comunidades visitadas por esta enfermedad y todas las dificultades añadidas. Agradecieron el amor que muestran en el servicio a los demás hasta las últimas consecuencias como testimonio del seguimiento de Cristo en la vida consagrada. La carta me hizo pensar, una vez más, en las consecuencias de esta pandemia en otros lugares del mundo que acrecienta dolor, sufrimiento y dificultades para vivir dignamente.

En España tenemos que dar muchas gracias a Dios por los medios que seguimos teniendo para vivir, aunque haya cada vez más hermanos y hermanas a los que les visita la escasez. De cualquier forma, vivir este momento como familia humana extendida por todo el mundo ayuda a situar mejor la visión de futuro desde el lugar de cada uno. Nos ayuda levantar los ojos y mirar más lejos para caminar con las necesarias fuerzas y con la valiosísima sabiduría del peregrino.

Llegó la convocatoria y el orden del día para el próximo consejo diocesano de Cáritas de Mondoñedo-Ferrol. Será por videoconferencia. Además de orar juntos en la distancia física, hemos de aprobar lo relativo a 2019 y estudiar cómo proceder para las actividades previstas hasta junio. No será fácil lo que requiera hacerse presencialmente. Además, surgirán nuevos retos a los que habrá que responder.

Respuesta a un desafío de la misión es la que comenzaron a preparar Cáritas Diocesana y Pastoral de la Salud, que forman parte del equipo de la vicaría de Misión Misericordiosa y Samaritana. Hay que hacer frente en estos momentos al reto que plantean las personas mayores que viven solas. Consistirá en un servicio de escucha activa y de acompañamiento en su soledad por parte de personas voluntarias. Se trata de ser siervos inútiles: solo haremos lo que teníamos que hacer. Este año ya se había iniciado esta campaña en la Iglesia con los enfermos. Ahora, llega una fuerte llamada para darle un impulso y concreción al servicio cristiano de la caridad en una situación humana de vulnerabilidad. Quedan otras causas para que nos comprometamos los discípulos misioneros dispuestos a transformar el mundo.

Nuevamente se aplazó el Día del Seminario. Fue motivo para recordar a los seminaristas de Mondoñedo-Ferrol, recluidos en sus casas o en la comunidad formativa de Santiago de Compostela con clases y trabajos virtuales. Cada uno es motivo de gratitud y signo de que Dios sigue llamando al ministerio ordenado para ser pastores y misioneros, como recuerda el lema del Seminario para este año. ¡Cuánta mies para tan poco obrero! Pensé y recé con sonrisa esperanzada y agradecida.

Se mantiene para el próximo 3 de mayo la convocatoria de la Jornada de Oración por las Vocaciones que la delegación de Pastoral Juvenil y la vicaría de Evangelización van a ayudarnos a celebrar. Ya nos dirán cómo. Esperamos con anhelo.

Aplaudí con ganas una iniciativa sencilla, novedosa y creativa en estas circunstancias. Con el debido tiempo y cuidado de preparación, cumpliendo los requisitos de la situación sanitaria en plena crisis del coronavirus, la diócesis de Coria Cáceres y la Unión de Cofradías Penitenciales de Cáceres emprendieron un servicio de recogida de pedidos de dulces de conventos religiosos de esa diócesis. Principalmente se lleva a cabo en la ciudad de Cáceres, pero también en algunas localidades de la provincia. La entrega de los productos la realizan cofrades voluntarios. La noticia fue publicada en la web diocesana:
http://diocesiscoriacaceres.es/menuderecho/listadonot.php?IDNOTICIA=6552


Me pareció un ejemplo de la colaboración entre varias instituciones y personas que han de darse en este tiempo de coronavirus para ayudarse y salir adelante. Esta noticia se suma a otras buenas noticias que siguen dándose. Me recordó a los cofrades jóvenes de Mondoñedo-Ferrol que en estas semanas decidieron ser también voluntarios de Cáritas.

La reunión con los siete arciprestes de la diócesis por videoconferencia, en fecha y hora previstas en el calendario del curso, resultó interesante. Comunicarnos en estas circunstancias es un momento de gozo y de crecimiento. Me alegré mucho de ver a estos hermanos sacerdotes a través de la pantalla. Pusimos en común las noticias que nos fueron llegando de cada parroquia y UPA, de sacerdotes, laicos y personas consagradas.

En general, los diocesanos han manifestado responsabilidad, prudencia y comprensión y se han hecho preguntas sobre las “privaciones” del presente y la incertidumbre sobre el futuro. Poco a poco se irán despejando las dudas, pero compartimos la importancia de mentalizarnos para acompañar pastoralmente la reducción del confinamiento. Ha de cuidarse la vuelta a las ansiadas actividades habituales de la vida de la Iglesia. Debemos poner medios para que sea una ocasión de acción de gracias, memoria de resurrección sobre los que nos han dejado y mirada serena y esperanzada hacia el futuro. No caben adhesiones a campañas de confusión y desaliento.

Nos planteamos qué actividades diocesanas podrían impulsarse durante este tiempo. Así, ante la imposibilidad de convocar a los diocesanos por arciprestazgos para presentar y exponer el Plan Diocesano de Unidades Pastorales, como habíamos programado, enviaremos por mensajería telemática un documento con presentación, listado de parroquias agrupadas en UPA y un cuestionario, junto con un video explicativo.

Llegó la semana a su final e igual que la lluvia, siguió lloviendo solidaridad en Ferrol. La residencia diocesana “Mi Casa”, gestionada por Mensajeros de la Paz, recibió doscientas pantallas faciales y dos ordenadores portátiles para videollamadas con los familiares. El donante fue un empresario que prefirió quedar en el anonimato.

Él hizo como quienes dan en secreto y hacen realidad Mateo 6, 3-4: «Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

Sin menoscabar la importancia de tantas obras extraordinarias que se dieron a conocer estos días, permanece viva la llama de la invisible gratuidad que mantienen encendida tantas personas buenas, hombres y mujeres de Dios, que dan hasta de lo que necesitan y se entregan ellas mismas sin que nadie lo sepa, valore ni, por tanto, aplauda. Esta antorcha ardiente me llena de paz, esperanza y agradecimiento y me llama a “hacer lo mismo” e invitar a muchos a dar y darse en secreto.


La donación a nuestra residencia “Mi Casa” de Ferrol trajo un recuerdo más para los mayores. Aquí, como en las otras residencias de la diócesis, siguen libres de contagio tomando todas las precauciones. En otros lugares de España van superando la enfermedad con la ausencia de los que se fueron. Cada Eucaristía celebrada es un inmenso memorial de conocidos y desconocidos que han partido de este mundo y ponemos en las manos misericordiosas del Padre en este tiempo de Pascua.

Y llegó el paseo de “los cuatro unos” para los menores de catorce años. La mayoría han demostrado resistencia y conformidad, según dicen los padres, profesores y educadores. Todos los “peques” han de recibir un aplauso enorme. Yo me permití dárselo el domingo, recordando a mis sobrinas y a bastantes sobrinos de adopción. En mi mente todos sonreían. Pero algunos lo están pasando mal. Los temores de los adultos los han experimentado de manera intensa, hasta el punto de no querer salir de casa, porque la calle se convirtió de repente en un lugar “peligroso”. Hay niños que no han tenido ni dispositivos ni conexiones para seguir las tareas escolares; ni, en ocasiones, lo necesario para vivir dignamente. Por los miedos y las carencias, merecen un doble aplauso y, sobre todo, que ejerzamos con ellos el derecho a la esperanza. Esa que nadie nos puede arrebatar: «Resucitó de veras mi amor y mi esperanza». La Pascua tiene esta luminosidad maravillosa e incomparable que ponemos en lo más alto para que nos ilumine, disipe sombras y acompañe.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel