Diario de un obispo en tiempos de coronavirus: capítulo 1

Congreso de Laicos 2020 · Autor: Ecclesia

Del 12 al 14 de marzo

Mons. Luis Ángel escribe para el portal Religión Digital

"Me inquietan las consecuencias de precariedad laboral y económica que se deriven de la pandemia. Tenemos que estar atentos y ser solidarios"

Con un poco de pudor comienzo a escribir este diario que me ha propuesto José Manuel Vidal, Director de Religión Digital. Lo hago por si puede servir para el bien, sin ninguna otra consideración.

El jueves 12 comenzamos a preparar este fin de semana singular, inimaginable. Las noticias sobre la expansión del coronavirus empezaban a ser cada vez más inquietantes. Me puse en contacto con el conselleiro de sanidad de la Xunta de Galicia, con responsables del SERGAS (Servicio Gallego de Salud) y con el alcalde de Ferrol. Después de la información que me pudieron proporcionar comencé por suspender los encuentros diocesanos previstos en las siguientes semanas.

Más tarde, ante la creciente preocupación fuimos cancelando o aplazando importantes reuniones y eventos más cercanos. Enseguida me llegó la convocatoria extraordinaria de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Santiago de Compostela. Era para el viernes 13 por la mañana. Tuve que aplazar para el 17 de marzo la reunión del consejo diocesano de gobierno.

Fui a comer con mis hermanos claretianos de Ferrol. Soy misionero claretiano; apenas estoy con estos hermanos de aquí y me importan mucho, como los que he dejado en otros lugares de la Provincia de Santiago. Al regresar a la Domus, un paseo por el barrio de la Magdalena que resultó ser el último en no se sabe cuánto tiempo. Me encontré afortunadamente con el último pregonero de “El Llamador del Portador”. Un joven que veo diferente desde que dio ese pregón, testimonio de fe y amor.

El viernes 13 fue un día intenso, de reuniones, de llamadas, de noticias. Comenzó con la suspensión de la visita pastoral a Terra Chá y de la conferencia en torno a los 800 años de historia de la catedral de Mondoñedo prevista para la noche del 13 en Ortigueira. No podemos convocar encuentros porque existe el peligro de contagio. Y precisamente tanto la visita pastoral como la conferencia se realizan para multiplicar encuentros y llegar al mayor número posible de personas.

La mañana transcurrió en una reunión responsable, serena y esperanzada con mis hermanos obispos de la Provincia Eclesiástica. A mediodía ya tuvimos casi ultimadas las medidas para la Iglesia que peregrina en Galicia en esta situación de pandemia. De vuelta a casa, se dio la noticia de la declaración del estado de alarma. El escenario se hacía más crudo y durante la tarde tuvimos que afinar algunos detalles para acompañar y cuidar mejor al pueblo de Dios que nos ha sido confiado. He de agradecer a mis hermanos obispos de estas diócesis gallegas el esfuerzo de la comunión efectiva ante este gran desafío, mirando incluso más allá de la Semana Santa.

El sábado 14 fue un día para aclarar dudas, orientar la aplicación de las medidas, ayudar a tomar conciencia de la seriedad de la situación. Y fue el día también en el que se adelantaron las decisiones sobre los actos de las cofradías durante la Semana Santa. Supimos que, en Sevilla, de común acuerdo entre el arzobispado, el consejo general de hermandades y cofradías y el ayuntamiento, se habían suspendido las estaciones de penitencia y desfiles procesionales. Es todo un referente.

Las cofradías de Ferrol y de Viveiro miran mucho a Sevilla, a su Semana Grande. Estas también son grandes. Durante la tarde pude coordinarme con todos los responsables de cofradías de la diócesis para coincidir en el anuncio de la supresión de procesiones, viacrucis y demás actos externos de la Semana Santa. Varios se adelantaron a comunicarme la conveniencia de esta decisión dolorosa, pero necesaria. La Semana Santa en Mondoñedo-Ferrol es muy importante desde las claves religiosa, social y económica.

Han sido unos días muy especiales. El estado de alarma ha hecho que nos quedemos todos en casa con una campaña mediática propia de estos tiempos. Los medios de hoy llegan a todos los rincones y esto es una ventaja para informar y concienciar. Al mismo tiempo, hay que tener cuidado para no obsesionarse y vivir en libertad dentro del aislamiento.

No sé si otros domingos ha habido tantas Misas retransmitidas por canales y redes sociales, pero este domingo III de Cuaresma, cuando no nos hemos podido reunir en las iglesias para celebrar la Eucaristía, nos hemos unido a través de la radio, la televisión y las redes y hemos sentido la proximidad de todos los cristianos, con un generoso espíritu de responsabilidad cívica y de caridad fraterna.

A ello hay que sumar los incontables recursos de subsidios de oraciones, videos con mensaje cristiano y mensajes de fe y de esperanza. Aunque reconozco que me ha parecido un tanto exagerado, estoy emocionado y edificado por este santo pueblo de Dios que quedándose responsablemente “en casa” ha sido ayer Su pueblo esperanzado “en salida”.

He tenido muy presentes a mis diocesanos, a quienes escribí el viernes 13, con inquietud y paz a un tiempo, transmitiendo que era importante vivir “con creciente esperanza y responsabilidad”. Todos han respondido con generosidad, comprensión y colaboración con las medidas tomadas. Me inquietan también las consecuencias de precariedad laboral y económica que se deriven de la pandemia. Tenemos que estar atentos y ser solidarios.

He pensado en los ancianos y enfermos. Los de las residencias y los de sus casas, los que viven solos y están aterrados. También en mis hermanos claretianos en comunidades de enfermos y mayores. Me han conmovido los voluntarios de Cáritas de mi barrio de Canido en Ferrol (el mejor barrio de Galicia en 2019), ofreciéndose por si alguien necesita ayuda en estos momentos.

Estoy admirado de la generosidad de las Siervas de Jesús y de la Fundación del Santo Hospital de Caridad que mantienen abierto con mucho esfuerzo el albergue “Pardo de Atín”. Me he sentido orgulloso del equipo y de los voluntarios de Cáritas diocesana que, con permiso de las autoridades, consiguen tener abierto el centro de inclusión social “Gabriel Vázquez Seijas” de Ferrol para que “estén en casa quienes no tiene hogar”, algunos yendo del albergue al centro y viceversa.

Me han preocupado los sacerdotes, especialmente los de más edad y con enfermedades de riesgo. Me ha dado pena suspender la visita pastoral a Terra Chá que ya había organizado con el arcipreste y otros compañeros. He pensado en los sacerdotes de mediana edad, en los jóvenes y en el futuro que nos aguarda. Cuánto trabajo para tan poca gente. El Dueño de la mies sabrá. Al Buen Pastor, le encomiendo con agarimo estos pastores. Me importan mucho los sacerdotes de Mondoñedo-Ferrol. Ellos, que ya hacen muchos esfuerzos, se han volcado estos días manteniendo capillas e iglesias abiertas, exponiendo el Santísimo, expresando cercanía a todo el mundo, como siempre, ahora sin tocar a nadie. Los arciprestes, que son de los más jóvenes, se han acercado a explicar a los más mayores, que no usan medios de comunicación modernos, las normas de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Santiago.

He pensado en las comunidades religiosas. Expertas en educación y en marginalidad. Algunas con personas ancianas, población de riesgo también. Las de clausura, expertas en “permanecer en casa”. He pensado en menores y personas con discapacidad acogidas en centros con el cariño de mujeres consagradas con una entrega que construye civilización de ternura y amor.

Me he sentido unido a los cofrades al anunciar la supresión de las procesiones de Semana Santa. Uno de los jóvenes cofrades me escribió diciendo que era “una noticia triste pero responsable”. Hay muchos cofrades y cofrades jóvenes en Mondoñedo-Ferrol, que se emocionan y vibran, creen y dan testimonio de su fe. Y, desde luego, sienten mucho dejar de ser los pies del Señor, de la Virgen, de san Juan o de la Verónica por las calles de sus ciudades.

Por supuesto, estos días he recordado con cariño a mi padre con sus 89 años y necesidad de oxígeno todo el tiempo, asi como la hermana que le queda, de los nueve que eran, que tiene 91 y es Hija de la Caridad. Mi padre está a casi 600 kilómetros de Ferrol, en una residencia de ancianos clausurada desde hace ya varios días por prevención. Le escribí una carta —no oye nada y no podemos hablar por teléfono— para felicitarle por el día del padre y volveré a escribirle en este confinamiento. Sé que está animado y bien cuidado por Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que son admirables. Agradezco a Dios su carisma para bien de la Iglesia y de la humanidad, especialmente de los ancianos. Aquí en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol tenemos la suerte de contar con dos comunidades y sus respectivos hogares.

Desde luego, he pensado en mi hermana, médico de atención primaria, que, como tantos colegas suyos, anda en la primera línea de la lucha contra este virus con escasez de medios, corriendo riesgo y compartiéndolo con su marido y con mis dos preciosas sobrinas. La mayor tiene grabado un video de aplausos desde una ventana el sábado o domingo por la noche, orgullosa de su madre. Va por todos los profesionales sanitarios y por cuantas personas están dando lo mejor de sí mismos en esta situación.

Doy gracias a Dios por la entrega generosa de quienes estos días tienen que ocuparse de los demás. Recuerdo a quienes sufren durante largo tiempo la violencia, la guerra, la falta de lo más esencial para vivir y valoro la vida hoy más que ayer: un don de Dios del que nunca estaremos suficientemente agradecidos. Permanecemos en Sus manos, en las mejores manos, las de quien nos da de beber “agua viva”. Continuamos.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel