Gracias, Señor, por el encuentro y por la misión

Homilía en la eucaristía de despedida de la CONFER

Organizada por CONFER, parroquia de S. Antonio Mª Claret de Madrid la y Provincia Claretiana de Santiago

Celebración eucarística con motivo del nombramiento del P. Luis Ángel de las Heras como obispo de Mondoñedo-Ferrol

"Esta misión conlleva siempre un envío. Y hoy damos gracias también a Dios por el envío. Envío misionero hacia la porción del Pueblo de Dios que me ha sido encomendada, para llegar a todos, acoger a todos y, muy especialmente, a los más débiles"

En el encuentro con el Señor Jesús Resucitado, que es quien convoca cada una de nuestras Eucaristías nos encontramos nosotros para dar gracias a Dios. Gracias es una de las palabras que deberíamos pronunciar y escribir con más frecuencia. Siempre trae otros motivos de agradecimiento. La gratitud llega a Dios que nos sostiene con su gracia y Él nos la devuelve aumentada y enriquecida. Dios nos da cuanto necesitamos en la lucha de la vida. Nos da su gracia: “Te basta mi gracia” (2Cor 12,9). Nos muestra su gratitud hacia nosotros en la vida. Sí, Dios también es agradecido con nosotros.

Su gracia y su gratitud pasa por los encuentros que vamos teniendo entre nosotros. Encuentros que reflejan los que cada uno tenemos con el Dios de la vida, con Cristo Resucitado.

Hoy, en esta Pascua, al tiempo de asumir una misión eclesial en la que estáis todos vosotros/as implicados e involucrados —como desde luego lo está cada miembro de la Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol— es justo y oportuno dar gracias a Dios por la vida, la fe y la vocación que cada uno hemos recibido. Vida fe y vocación configuran nuestra existencia. En nuestra peregrinación por este mundo, con nuestra fe y la vocación de cada uno, agradecemos los encuentros de vida. Y en todo ello nos sentimos mediación de Dios para los demás y, sin duda, mujeres y hombres enviados por Él a la misión.

Ser mediación de Dios es una hermosa responsabilidad de la que tenemos que ser conscientes: somos mediadores de Dios para los demás e intercesores de los demás ante Dios. Es muy importante descubrirnos así en el mundo, en la Iglesia, en nuestros pequeños círculos familiares, comunitarios, parroquiales, pastorales para encontrar la dicha y caminar juntos —fraternalmente— hacia el Reino de Dios y su justicia. Qué modo más precioso, más intenso de vivir. Así me quiero descubrir yo hoy con todos vosotros recogiendo agradecido, muy agradecido, toda mi vida y especialmente esta última etapa como provincial de los Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago y presidente de la CONFER. Ya exprovincial y expresidente.

Así podemos descubrirnos en nuestro ser y en nuestro quehacer, en la misión de anuncio del Evangelio. La vivencia evangélica y su anuncio nos llevan a lo fundamental: lo que libera al ser humano. Con la discusión sobre la apertura a los gentiles nos lo recuerda la lectura de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado. No hay que cargar a nadie con fardos pesados, porque el Evangelio debe liberar de las esclavitudes y, por tanto, no esclavizar con otras.

Tenemos un precioso mensaje que anunciar. Llevamos el tesoro —Jesucristo— en vasijas de barro. Pero a veces mostramos más las vasijas de barro que el tesoro que hay en su interior. Las vasijas también son obra de Dios y se contemplan como testimonio, pero siempre que resplandezca la grandeza de Dios, su fuerza, su misericordia, su alegría: Cristo Resucitado. Contemos las maravillas del Señor a todas las gentes, como nos invita a hacer el salmo 95. Y para que esa riqueza pueda ser conocida y amada, acojámonos al amor misericordioso de Dios Padre que descubrimos en Cristo y permanezcamos en Él, como leemos en el evangelio de Juan. Acojámonos y permanezcamos caminando en medio de un mundo que necesita luz y esperanza en tantísimas situaciones, las que son noticia y las que no lo son, pero nos topamos a cada paso. Que caminemos en misericordia, que tengamos un obrar misericordioso y que lo hagamos con la alegría que viene del Señor Resucitado con promesa y garantía de plenitud.

Esta misión conlleva siempre un envío. Y hoy damos gracias también a Dios por el envío. Envío misionero hacia la porción del Pueblo de Dios que me ha sido encomendada, para llegar a todos, acoger a todos y, muy especialmente, a los más débiles. Algo que debo hacer en Mondoñedo-Ferrol y en cualquier otra parte en la que me encuentre. Algo que podemos hacer todos donde quiera que seamos enviados.

Te damos gracias, Señor, porque nos has dado la vida para descubrir tu vida nueva. Porque nos has concedido el don de la fe que nos permite encontrarnos contigo y con nuestros hermanos y hermanas y alegrarnos al verte y al ver a tanta gente querida. Te damos gracias porque nos has llamado a la vida laical, matrimonial, sacerdotal, consagrada, de modo que cada uno de nosotros en el misterio de los encuentros de vida y en el misterio de la misión viva una existencia gozosa y apasionada. De modo que cada uno de nosotros responda a la llamada para transformar este mundo, en el que hay mucho dolor y muerte, en el que se abre camino la esperanza en el Reino de la luz y de la vida nueva que tú ofreces. Gracias, Señor, porque sigues naciendo cada día en la cara del obrero cansado, en el rostro de los niños que ríen jugando, en cada anciano que tenemos al lado. Gracias, Señor, porque naces cada día, y por mucho que queramos matarte, nacerás día tras día, minuto a minuto en cada persona que quiere aceptarte.

Luis Ángel de las Heras, cmf
Obispo electo de Mondoñedo-Ferrol