Alocución de Mons. De las Heras, nuevo obispo de Mondoñedo-Ferrol

S.I. Catedral Basílica de Mondoñedo

"Conto con todos para seguir construíndo a Igrexa segundo o corazón misericordioso de Deus"

"O meu máis entrañable saúdo vai dirixido a esta querida comunidade diocesana de Mondoñedo-Ferrol. Aos maiores, ás familias, á xuventude e aos nenos. A todos e cada un dos leigos. Aos sacerdotes, seminaristas e persoas consagradas. Fago miñas as vosas preocupacións e esperanzas"

«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales» (Ef 1,3).

«¡Bendito sexa o Deus e Pai do noso Señor Xesús Cristo, que por medio de Cristo nos bendiciu no ceo con toda clase de bendicións do Espírito!» (Ef 1,3).

Doy gracias a Dios, Padre Hijo y Espíritu Santo, que nos ha envuelto en su misericordia y amor. Le doy gracias por este ministerio que he recibido de Él para servir a su Pueblo en esta Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol y, a través de esta, en la Iglesia Católica universal.

Doy gracias a la Virgen Madre de Dios y Madre nuestra, Nuestra Señora de los Remedios, a cuyo Corazón Inmaculado, como hijo suyo que quiero ser siempre, encomiendo todos los dones recibidos; hoy, particularmente, el don del ministerio episcopal. Ella me enseña a ser discípulo de Jesús e inspira mi amor por los pobres y sencillos.

Quiero manifestar mi comunión con toda la Iglesia, con el papa Francisco, a quien expreso mi adhesión a través del Sr. Nuncio aquí presente, D. Renzo Fratini y le agradezco humildemente la misión que me ha encomendado. Recemos por él y rezad también por mí para que realice con espíritu evangélico este servicio apostólico.

Os saludo con cercanía fraterna queridos hermanos: Sres. cardenales, arzobispos y obispos presentes. Algunos han hecho un gran esfuerzo para acercarse a Mondoñedo que confío les sea recompensado. Saludo con mi mayor consideración a D. José Gea, obispo emérito de esta diócesis y a D. Manuel Sánchez mi inmediato predecesor. Saludo al Sr. Secretario General de la Conferencia Episcopal. Saludo cordialmente a las autoridades civiles y militares con quienes trabajaremos por el bien común de nuestros pueblos. Saludo con cariño a mis familiares. Permitidme un recuerdo alegre y esperanzado de mi madre, Isabel, que falleció hace poco más de un año y disfruta hoy de este día, libre ya de las preocupaciones humanas. Saludo a tantos amigos, personas consagradas, vicarios y sacerdotes de otras diócesis, en especial las diócesis gallegas y la archidiócesis de Madrid. Saludo con cercanía y aprecio a la Presidenta, Vicepresidente, Secretaria y demás miembros de CONFER; a los hermanos claretianos de España, Francia, de la misión del Este de Asia -China y Japón- y del Gobierno general, encabezados por el P. Vicario General.

Saludo a las personas con discapacidad del Hospital San Pablo de Mondoñedo y a los amigos de la cárcel de Teixeiro. Otros amigos, en hospitales y cárceles de otros lugares, también tienen mi recuerdo hoy aquí y algunos han expresado su deseo de estar presentes en espíritu. Para vosotros, para quienes vosotros nos recordáis como preferidos de Dios, quiero ser cercano hermano y amigo.
A todos os agradezco el esfuerzo de participar en esta celebración, vuestra oración, que tanto me ayuda y vuestra compañía. Muchas son las personas que están siguiendo esta celebración por radio y televisión. A quienes nos estáis viendo o escuchando os envío un caluroso saludo. Por supuesto, una palabra de enorme gratitud a los profesionales de la comunicación por el trabajo para cubrir tan magníficamente este evento.

También han enviado sus saludos muchos claretianos y otras personas de diferentes lugares del mundo, entre los que destaco, por la distancia física de alguien cercano, a un anciano misionero en Perú, hermano de mi madre: el P. Frutos Berzal.

Quero facer unha mención especial, con toda a miña gratitude, a D. Antonio Rodríguez Basanta, Administrador Diocesano ata hai uns intres. Igualmente aos membros do Colexio de consultores, ás comisións, aos traballadores, aos responsables da seguridade, a tódolos que preparástedes con tanto esmero, agarimo e acerto esta xornada, así coma a espléndida e extraordinaria acollida de toda a diocese.

O meu máis entrañable saúdo vai dirixido a esta querida comunidade diocesana de Mondoñedo-Ferrol. Aos maiores, ás familias, á xuventude e aos nenos. A todos e cada un dos leigos. Aos sacerdotes, seminaristas e persoas consagradas. Fago miñas as vosas preocupacións e esperanzas. Agradézovo-las mensaxes de benvida e de ledicia que me enviástedes durante este tempo. Así é moi doado sentirse acollido. Correspóndovos co meu ofrecemento incondicional. Ábrovo-las portas con caridade e benignidade, sabendo que a casa do bispo é a casa de todos, como di santo Isidoro. Pero, sobre todo, tedes aberto o meu corazón, onde ben cabedes todos.

Apacéntame, Señor, apacenta Ti comigo. Desde el primer momento supe que recibía del Dios que nos mira con Misericordia un regalo de incalculable valor. Y comprendí que me tenía que dejar apacentar por el Buen Pastor y que solo podía ser pastor si Él apacentaba conmigo, pidiéndole que pusiera sus palabras en mis labios. He recibido un don precioso, el don del Espíritu, para servir con mayor exigencia, mayor entrega, mayor compromiso, mayor ilusión, mayor esperanza. Los apóstoles, en cuyo colegio he sido incluido inmerecidamente, culminaron la entrega de su vida con el derramamiento de su sangre. He de estar dispuesto a darlo todo, hasta las últimas consecuencias, permaneciendo unido a la Vid, al Maestro, al Buen Pastor. He de vivir esta entrega con alegría. Los mártires cristianos daban alegres su vida, porque era lo máximo que podían alcanzar: morir por y como Cristo. Entre ellos me iluminan con intensa luz mis hermanos claretianos mártires, sobre todo los de Barbastro, quienes demuestran que la grandeza del encuentro con Cristo es la que permite ir alegres al martirio, derramando la sangre como signo de perdón y de esperanza.

Dejémonos apacentar por el Buen Pastor para experimentar la alegría que surge del encuentro con Él, haciéndonos llegar su amor y su misericordia. Mondoñedo-Ferrol tiene una gran historia por la que dar gracias y reconocer que Dios ha estado grande con esta diócesis desde sus orígenes, en el primer milenio cristiano, hasta hoy. Igualmente tiene un presente que se viste de esperanza para construir un gran futuro en el que reconocer la acción de Dios en su Pueblo, en cada bautizado.

Que seamos capaces de encender corazones apagados, desalentados o indiferentes, y proclamemos, con renovado entusiasmo, el Evangelio de la misericordia en estas tierras. Cada cristiano ha de ser faro de luz que alumbre sus sendas y sus mares. Así haremos de nuestra comunidad diocesana una ciudad luminosa, ejemplar y solidaria. Irradiemos alegría desde la fe. Seamos testigos del Dios de Jesucristo, Dios de la misericordia y del amor, Dios de todo consuelo.

Que a Nosa Señora dos Remedios, San Rosendo, San Xiao e San Antonio María Claret iluminen os nosos pasos da fe, esperanza e caridade. Conto con todos para continuar construíndo a Igrexa segundo o corazón misericordioso de Deus, neste fermoso lugar cheo de tan boa xente, que é Mondoñedo-Ferrol. ¡Axudádeme todos a medrar en fraternidade, en servicialidade, en amizade e en santidade! ¡Moitas grazas!