Primera homilía como obispo diocesano en la Concatedral de San Julián

Entrada solemne de Mons. De las Heras en la ciudad de Ferrol

"Nuestra identidad cristiana nos lleva a superar cualquier ensimismamiento, cualquier aislamiento, cualquier autorreferencialidad. Y nos impulsa a comunicarnos con todos, a saludar a todos, a decir bien de los demás, a bendecir como Dios bendice, sin olvidarse de ninguno"

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco vuestra espléndida y multitudinaria acogida en esta tarde. Mi más cercana gratitud para con cada uno de los que estáis aquí, llenando este templo hasta desbordarlo. Gracias también a los sacerdotes de la diócesis y a algunos misioneros claretianos de lejos, que han querido acompañarnos también hoy en Ferrol como lo hicieron ayer en Mondoñedo.

Estoy dando los primeros pasos en el inicio de mi ministerio pastoral en esta Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol después de recibir la ordenación episcopal ayer en Mondoñedo. Un día lleno de motivos de acción de gracia a Dios.

El primer acto relevante es la celebración de la Eucaristía en la Concatedral de san Julián de Ferrol. Tiene lugar en esta hermosa fiesta de la Ascensión del Señor y en la quincuagésima jornada mundial de las comunicaciones sociales que en este Año Santo de la Misericordia lleva por título Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo.

La fiesta de la Ascensión es una ocasión para darnos cuenta precisamente del modo misericordioso como Dios se comunica con nosotros y nos enseña a comunicarnos. Un modo de comunicación profunda que debemos aprender y comprender para recibir y ejercitar.

Pongámonos en el lugar de los discípulos en aquel tiempo. Todavía es reciente la muerte atroz e ignominiosa de Jesús, que incluso concede credibilidad a sus enemigos y da la impresión de que la obra del Maestro ha fracasado. Están pasando por la noticia de la resurrección, teniendo que convencer el propio Jesús a los suyos de que no está muerto. El Señor resucitado se multiplica en las tareas de las apariciones, de los encuentros para vencer las dudas de sus seguidores, para explicarles las Escrituras desde otra dimensión, desde otra experiencia. Jesús se esfuerza para transmitir el mensaje de que su Cruz abre la puerta a la vida. El mensaje de que se puede reconocer en el Crucificado al Mesías del que hablan las Escrituras, que quedan explicadas y cumplidas por Él.

Pues bien, tras haber convencido a los discípulos de su resurrección —algo que tiene difícil el Señor también en nuestros días— y después de prepararlos para su misión, Jesús se despide de ellos. Pero esta separación no es como la primera. Ha habido una catequesis intensa durante la Pascua, en esos encuentros con sus discípulos. La iniciativa es de Él y la acogen quienes están abiertos a creer y entender la nueva situación. ¡Qué persuasión, qué paciencia! ¡Qué comunicación que crea puentes y abre nuevos caminos de entendimiento!

Ahí llega la Ascensión, en la que Jesús se despide bendiciendo. Les concede toda la fuerza de la bendición y les regala el don de una fe firme: permanecerá con ellos y les fortalecerá y sostendrá por y para siempre. La Ascensión cierra ese ciclo magisterial de Jesús en el que enseña a sus discípulos. Terminan las apariciones pascuales. Ahora se abre con fuerza el gozo de la fe en el resucitado y comienza el tiempo del Espíritu Santo. Con Él podrán llevar adelante esta obra que supera toda capacidad humana. La ausencia física de Jesús, el final de sus apariciones como resucitado, ayuda a madurar y crecer a los discípulos.

En esta experiencia extraordinaria que, con las normales diferencias, vivimos también nosotros en este Año de la Misericordia, contemplamos que Jesús se va al Padre. Estar junto al Padre es estar en el amor del Padre, fuente de misericordia. Esta es también nuestra meta final, que ya va adelantándose: estar donde está Jesús, en el amor y en la misericordia del Padre. Alcanzar la plenitud del Reino prometido en el abrazo del Padre.

Esta experiencia de fe, esperanza y amor, experiencia de misericordia, va produciendo un modo de comunicar el mensaje de Jesús, el mensaje de la compasión, de la ternura, del perdón, de la reconciliación.

Nuestra identidad cristiana nos lleva a superar cualquier ensimismamiento, cualquier aislamiento, cualquier autorreferencialidad. Y nos impulsa a comunicarnos con todos, a saludar a todos, a decir bien de los demás, a bendecir como Dios bendice, sin olvidarse de ninguno.

El papa Francisco en su mensaje con ocasión de esta quincuagésima jornada de las comunicaciones sociales nos invita a salir de nosotros, a entrar en comunicación con otros para difundir el calor de la Iglesia, superando cualquier frialdad.

En este día de la Ascensión, en este comienzo del inicio del ministerio de vuestro nuevo pastor y servidor de la comunidad diocesana, queremos ser buenos transmisores de la misericordia.

Queremos generar cercanía, consuelo, sanación, acompañamiento, celebración. Y lo queremos hacer viviendo entre nosotros —siempre abiertos a todos— el legado de Jesús que nos comunica la bendición, la fortaleza y el abrazo del Padre misericordioso a nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol.

El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y estamos alegres (Sal 126, 3).