El Inmaculado Corazón de María, un corazón alegre y misericordioso

S.I. Catedral de Mondoñedo, sábado 4 de junio de 2016

Homilía en el 9º Encuentro de Voluntarios de Cáritas Galicia

Es un gozo poder celebrar este IX encuentro de voluntarios de las cinco Cáritas diocesanas de Galicia. Es un gozo dar gracias a Dios por vuestra entrega y pedir al Señor que renueve vuestras fuerzas para continuar la alegre senda samaritana del voluntario de Cáritas, que deja huellas de misericordia. Lo hacemos en una fiesta que tiene que resultaros inspiradora, porque es memoria de la cordialidad, un modo inigualable de cercanía que Dios y su Madre, nuestra Madre, nos enseñan. La festividad del Inmaculado Corazón de María, al día siguiente de la del Sagrado Corazón de Jesús.

A la luz de la Palabra que hemos escuchado, podemos decir que vuestra fe y vuestro amor os hacen moldear un corazón a semejanza del de Cristo Buen Pastor, Buen Samaritano, que sabe acoger y guardar la Palabra de Vida. Por eso es fácil que vuestro corazón de voluntarios deje huellas de misericordia. Porque la fe y el amor acogen la misericordia que viene de Dios. La fe en el Señor Jesús y el amor por los demás configuran vuestra vida, porque me imagino que dedicando a otros vuestro tiempo y vuestros talentos, el voluntariado es un rasgo distintivo de vuestras vidas que permanecerá siempre. Yo también fui voluntario de Cáritas y lo sigo siendo.

Unas vidas que pueden ser bien alegres porque se alimentan del encuentro con Cristo, rostro de la misericordia del Padre. Él es el hijo engendrado en las entrañas de la Madre de la Misericordia. Él es el salvador que viene al mundo por el sí de la joven doncella de Nazaret, mujer de Corazón Inmaculado, vencedora del mal.

¡Alégrate! Dice el ángel Gabriel a María. ¡Alégrate! Nos dice el Señor a nosotros cuando pronuncia nuestro nombre y nos convoca a su seguimiento. Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador. María experimenta una alegría desbordante cuando el Señor hace con ella una alianza preñada de salvación para toda la humanidad.

Él también ha sellado su alianza con nosotros. Una alianza que nos ciñe de valor en tiempos de cobardía. Una alianza que hace brotar la justicia en tiempos de injusticia. Una alianza que hace surgir la vida fecunda en tiempos de esterilidad. Una alianza que deja huellas de misericordia en tiempos inmisericordes. Una alianza que alimentamos en las celebraciones sacramentales y en la oración común, en la formación imprescindible y en el compromiso histórico irrenunciable.

Nos conviene mantener y fortalecer esta alianza en la comunión de la Iglesia, de cada diócesis, de cada parroquia, de cada Cáritas, de cada proyecto, de cada grupo de voluntarios, de cada voluntario, de cada historia que necesita y merece la pena acompañar. Historias de misericordia que habéis contribuido, o estáis contribuyendo a escribir todos vosotros.

María, Virgen y Madre, toda Corazón, guarda nuestras vidas en su Corazón Inmaculado, garante del bien, de la verdad, de la justicia, del amor, de la paz, de la misericordia y de la libertad interior de hijos e hijas.

Sois voluntarios que dejáis huellas. Huellas de misericordia. Voluntarios de corazón, que estáis en las cosas del Padre. Y que podéis enriqueceros guardando cuanto hacéis y cuanto vivís en el corazón, para que vuestro hacer sea obra misericordiosa de Dios a través de vuestras manos cordiales, cercanas, próximas; manos misericordiosas.

Que nada os impida gozar de una alegría de corazón, una alegría como la que Dios regala a María en Alianza Eterna. Esa alegría que podemos encontrar contemplando su Corazón de Madre para descubrir el fuego del amor compasivo y misericordioso del Padre manifestado en Cristo por el Espíritu que se nos ha dado. Contemplemos este Corazón para formar así el nuestro.

Corazón de la Palabra y de la Eucaristía.
Corazón de vida fecunda y entregada.
Corazón que libera. Corazón que denuncia.
Corazón que reza. Corazón que canta.
Corazón que invita a crecer y superarse.
Corazón que consuela. Corazón que sana.
Corazón que acalla. Corazón que mece.
Corazón que perdona. Corazón que ensalza.
Corazón que vibra. Corazón que acompaña.
Corazón que acoge. Corazón que envía.
Corazón que lucha por la justicia.
Corazón que solidariza y dignifica.
Corazón que goza. Corazón que sufre.
Corazón que llora. Corazón que ríe.
Corazón que inquieta. Corazón que calma.
Corazón que avisa. Corazón que guía.
Corazón que orienta. Corazón que impulsa.
Corazón que enciende. Corazón que ilumina.
Corazón que contempla y es contemplado.
Corazón que ama como Dios ha amado.

Contigo, Virgen y Madre, andariega del Reino,
queremos caminar hoy y siempre,
de corazón y con corazón.
Enséñanos a dejar huellas de misericordia, 
estando en las cosas del Padre.
Amén.