Necesitamos la esperanza

Santuario de Nuestra Señora de los Remedios de Mondoñedo, domingo 11 de septiembre de 2016

Respuesta del obispo al Sr. Alcalde en funciones de Viveiro en la Ofrenda a la Virgen de los Remedios

"El amor y la misericordia de Dios nos mueven al compromiso, a la preocupación, a mancharnos las manos en la tarea y nos impulsan a ceder, si es justo y necesario"

Queridos hermanos sacerdotes, queridas autoridades, queridos hermanos todos. No voy a entablar un diálogo a solas con el Sr. Alcalde en funciones de Viveiro, aquí delante de mí, sino que voy a responder a las palabras que acaba de pronunciar dirigiéndome a él y a todos. Por cierto, felicite a la Sra. Alcaldesa de Viveiro por su reciente maternidad. Siempre es motivo de felicidad y felicitación una nueva maternidad.

En sus palabras ha descrito con todo detalle las difíciles situaciones de nuestro mundo, de nuestra sociedad, de nuestras gentes. La ofrenda que acaba de realizar el Sr. Alcalde en funciones de Viveiro, ha sido escuchada, sin duda, por Ntra. Sra. de los Remedios y por Dios Padre misericordioso.

Ante los serios problemas que ha señalado y por los que ha pedido ayuda, con respeto y humildad, a la Virgen de los Remedios, hemos de reaccionar con esperanza. Necesitamos la esperanza. Es la palabra profética más importante que podemos pronunciar en la actualidad. La que más necesita nuestro mundo para afrontar las tragedias que tiene que soportar.

Las vías de solución requieren una actitud esperanzada y la colaboración de todos. Más aún, hemos de aportar algunos ingredientes para facilitar las soluciones. Voy a mencionar solo tres que podemos tener y sumar, todos y cada uno, para cooperar al bien común: el esfuerzo, la alegría y la solidaridad. Los tres tienen su raíz y sentido en la fe cristiana que hemos recibido de Dios. Por eso estamos aquí, ante la imagen de Ntra. Sra. de los Remedios.

Esfuerzo. El esfuerzo ha de ser personal y comunitario. Es camino de satisfacción y felicidad sin comparación. Hay que pedir y exigir a todos su esfuerzo y compromiso, cada cual desde su responsabilidad social y desde sus convicciones de fe. Pero ninguna persona debería permanecer indiferente ante los problemas que tiene la humanidad. Por supuesto, ningún cristiano puede dejarse llevar de la indiferencia. El amor y la misericordia de Dios nos mueven al compromiso, a la preocupación, a mancharnos las manos en la tarea y nos impulsan a ceder, si es justo y necesario.

Alegría. Cuando enumeramos los males de nuestro mundo nos puede entrar el pesimismo y la tristeza. No debemos caer en la tentación de la tristeza, porque nos paraliza y nos impide esforzarnos para solucionar los problemas. La Virgen María, causa de nuestra alegría, nos recuerda lo importante que es mantenerse alegre en medio de los sinsabores de la vida. No tiene mérito estar alegre cuando todo va bien o cuando nos alegran la fiesta desde fuera. El mérito y el remedio es la alegría que nace de un corazón convencido de levantar el vuelo y cambiar el orden tal y como el Evangelio de Jesús lo propone. Unidos a Dios, el gran amigo de la vida, alcanzaremos la alegría que nos ayudará en la tarea.

Solidaridad. Pero no una solidaridad casual, puntual, circunstancial, sino permanente. Se trata de vivir solidariamente en este mundo y caminar juntos. Nos necesitamos los unos a otros. Para buscar soluciones no podemos ir desunidos. Debemos crecer en comunión, en comunidad, tal y como Jesús nos invita a hacerlo. Con María, la Madre, en medio. Una madre promueve mejor que nadie las buenas relaciones fraternas, la unidad, la comunión. La Iglesia quiere invitar a todos a formar parte de un proyecto de esperanza para la humanidad, que es el proyecto de Dios en Cristo. Nuestro mundo necesita esperanza, como decía al principio, y los cristianos la tenemos: Jesucristo, nacido de María, Virgen y Madre, es nuestra esperanza.

La Santísima Virgen de los Remedios, como la aclamamos en este santuario, nos ayuda y ayudará siempre a ser personas esforzadas, alegres y solidarias. Con la Madre de Dios, nuestra Madre, formaremos comunidad de fe, esperanza y amor para contribuir, desde este lugar de Dios que es Mondoñedo-Ferrol, a la necesaria transformación de la sociedad en estas tierras y en nuestro mundo. Que así sea.

+ Luis Ángel de las Heras, cmf
Obispo de Mondoñedo-Ferrol