En la Solemnidad de Pentecostés

Santuario de Ntra. Sra. de las Virtudes de Arante

"Necesitamos aprender a amar. Necesitamos aprender a creer y a esperar. Con nuestra Madre y como ella"

Queridos hermanos sacerdotes, queridos hermanos y hermanas que venís de las parroquias ribadenses de Ove, Covelas, Cedofeita y Arante y de las de Sante, Balboa y Vidal (Trabada) a este santuario de Ntra. Sra. de las Virtudes al celebrarse Pentecostés. Un saludo cordial y mi felicitación por esta fiesta.

El Espíritu Santo siempre viene en ayuda de nuestra debilidad. La Madre de Jesús permaneció con el primer grupo de discípulos alentando con su amor los comienzos de la primera comunidad cristiana, de la primitiva Iglesia. Esta comunidad es modelo de oración unánime.

La Virgen María está llena del Espíritu Santo. Dios la enriqueció con los dones del Espíritu. Ella que en la Encarnación fue cubierta con la sombra del Espíritu Santo, en Pentecostés es colmada de gracia por Dios en el momento en el que nace el nuevo pueblo de Dios.

Así, María es modelo de oración esperanzada y en común, oración eclesial. Orando con los apóstoles espera y recibe el Espíritu prometido por Cristo Resucitado. Así también es modelo de concordia, de comunión, de paz, de escucha de la voz del Espíritu, de atención y vigilancia y de comunicación de la alegría de Dios para la humanidad.

En nuestra vida, sea cual sea nuestra circunstancia actual, necesitamos aprender a vivir según el Espíritu. Necesitamos aprender a amar. Necesitamos aprender a creer y a esperar. Con nuestra Madre y como ella.

Por eso hoy, con nuestra fe balbuciente, en este santuario, lugar de encuentro entre creyentes, podemos orar: “Ven Espíritu Santo y libéranos del vacío interior. Ven Espíritu Santo y libéranos de la desorientación. Ven Espíritu Santo y libéranos de la penumbra interior. Ven Espíritu Santo y enséñanos a vivir. Ven Espíritu Santo y enséñanos a amar. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer y a esperar”.

A todos nos dice Jesús lo que un día dijo a sus discípulos: «Recibid el Espíritu Santo». Su Espíritu sostiene nuestra pobreza, alienta nuestra fe, sobre todo si es débil, y penetra en nosotros por caminos que solo Él conoce.

Unidos en oración con María, Madre de Jesús y Madre nuestra, celebramos la llegada del Espíritu Santo que viene en nuestra ayuda concediéndonos lo que más nos conviene. El Espíritu que nos enseña a vivir en abundancia, a amar con obras de misericordia y a creer sin ruidos, con alegría y esperanza. Amén.

+ Luis Ángel de las Heras, cmf
Obispo de Mondoñedo-Ferrol