San Xiao y el idioma de la misericordia y la compasión

Homilía de Mons. De las Heras en la fiesta de San Xiao, patrón de la ciudad de Ferrol

"Seguimos ofreciendo a creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, nuestra colaboración para que esta ciudad progrese por caminos de esperanza, justicia, solidaridad, paz y concordia"

Queridos hermanos sacerdotes, queridos hermanos y hermanas. Os saludo cordialmente a todos y os felicito por esta fiesta de San Xiao.

Celebramos al patrono de la ciudad de Ferrol haciendo memoria de un santo que llegó al corazón de vuestros antepasados siglos atrás, como llega hoy a los vuestros. Él recoge temores y esperanzas, los anhelos más profundos de cada ferrolano para llevarlos a Dios.

En esos orígenes donde arraiga la fe ferrolana, está el testimonio del martirio y la misericordia. San Julián fue mártir. Como lo fue también santa Basilisa, esposa de san Julián de Antioquía, de tradición benedictina, cuyas imágenes y reliquias se custodian y veneran en esta concatedral.

Los dos santos, superando evangélicamente imposiciones y costumbres de su época —fueron obligados a casarse, cuando tenían otra vocación: la de personas consagradas—, se mantuvieron fieles a la llamada que habían recibido de Dios y fundaron comunidades monásticas. Con otras personas consagradas vivieron dedicados al Señor y a los más necesitados, haciendo de sus casas lugares de hospitalidad misericordiosa.

Tener un patrono mártir nos recuerda la dimensión martirial de la vida cristiana, parte fundamental de la misma, aunque no sea fácil entender y asumir. Es una espiritualidad y vivencia que surge del encuentro y la amistad con Cristo y conlleva una experiencia de alegría por la entrega de la propia vida. El mártir da su vida confesando a Cristo y haciendo el bien, que es y tiene que ser todo uno, dos realidades inseparables.

Este modo cristiano de vivir es de ayer, de hoy y de siempre. Por eso, en nuestra fiesta de viejas raíces cristianas, encontramos la novedad que necesitamos hoy, la fortaleza, el impulso para vivir nuestra fe en estas circunstancias y cooperar, desde las hondas convicciones que nos fundamentan y mueven, a la construcción de una ciudad enriquecida y alentada por este mediador entre Dios y los hombres que es san Xiao de Ferrol.

Así, seguimos ofreciendo a creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, nuestra colaboración para que esta ciudad progrese por caminos de esperanza, justicia, solidaridad, paz y concordia. Caminos de respeto, de armonía y de convivencia. Caminos que el Evangelio de la misericordia, el de Jesús, propone y que todavía precisan descubrimiento, esfuerzo y decisión.

De este modo nos proponemos llegar a ser personas justas, como san Julián, como santa Basilisa, cuyas vidas en manos de Dios acaban en la plenitud. Ellos comprendieron que quien no vive para servir, no sirve para vivir. Otra persona justa, santa Teresa de Calcuta, ha experimentado lo mismo y lo ha formulado así hace unos pocos años.

En esa clave de entrega misericordiosa, podemos comprender los signos y las palabras de Jesús que hemos recordado hoy en el pasaje evangélico de Mateo, sobre el juicio final, o digamos más bien sobre el examen del amor. Son las obras de misericordia. Para vivir sirviendo, para crecer como ciudad llamada a ser luz y esperanza de quienes vivimos y convivimos aquí en Ferrol.

Para ello, los cristianos —toda la Iglesia de Mondoñedo-Ferrol—, estamos llamados a comprometernos como lo venimos haciendo, pero cada vez más, a dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, hospedar al peregrino y forastero, visitar al enfermo y encarcelado y a sus familiares, buscar trabajo al que no lo tiene, facilitar estudios al que no puede pagarlos, consolar al desconsolado, dar esperanza al desahuciado, acoger al descartado, poner paz y pedirla sin desmayo ante tanta violencia y guerra, proteger la inocencia amenazada de los niños… No solo cerca de nosotros, porque estamos llamados a hacer nuestro el sufrimiento ajeno, por tanto, también el lejano…

San Xiao de Ferrol hoy nos convoca para que brillen estos signos y palabras de vida. Cualquiera, creyente o no creyente, puede entender el idioma de la misericordia y la compasión que ya hablamos, pero queremos perfeccionar guiados por el Maestro, Cristo Jesús.

Siempre tenemos el reto de crecer en el amor y la misericordia que dan futuro y esperanza a estos tiempos que tenemos la suerte de vivir.

+ Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF
Obispo de Mondoñedo-Ferrol