En la ordenación diaconal de Adrián de Prado Postigo, CMF

Colmenar Viejo (Madrid), 28 de diciembre de 2016

"Damos muchas gracias a Dios que se ocupa de su pueblo, la Iglesia, eligiendo hombres como Adrián para servir, por puro amor, como testigos"

"Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente,
ven y escucha la súplica ardiente,
ven, Señor, porque ya se hace tarde.
Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo
".

Jesucristo, Palabra del Padre, da sentido a este misterio de la ordenación diaconal de Adrián. El Señor lo eligió y como misionero claretiano diácono lo ha llamado a ser servidor y testigo, eco de la Palabra del Padre. Servidor y testigo, como Esteban, el primer mártir.

Adrián ya dijo “amén” para siempre en la vida consagrada como misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María. Hoy vuelve a decir “amén”, también para siempre, esta vez en el ministerio ordenado diaconal como servidor y testigo del Pueblo de Dios, un pueblo sufriente.

El Señor te seguirá llamando para decir “amén” con la libertad que te ha concedido, sin olvidar los amenes que ya has pronunciado en tu vida.

Mucha gente te espera. No son ni familiares, ni amigos ni conocidos si quiera. Son siervos que buscan al Salvador, a los que llamarás amigos.

A ellos les falta -a nosotros nos falta- vida y luz. Vida y luz del Señor que transforma espadas de fratricidio, odio e indiferencia en arados de fraternidad, perdón y proximidad. Vida y luz del Señor que transforma lanzas de muerte sin sentido en podaderas de vida nueva esperanzada.

Con esas gentes que necesitan que sirvas y seas testigo, te encaminarás al monte de la casa de Dios, al monte de la Vida, caminando a la luz del Señor, ayudando a formar un solo pueblo unido que realice el sueño de Dios para toda la humanidad.

Damos muchas gracias a Dios que se ocupa de su pueblo, la Iglesia, eligiendo hombres como Adrián para servir, por puro amor, como testigos.

Agradecemos al Padre en el Espíritu Santo que nos haya constituido miembros de este pueblo. Para que, por medio de carismas y ministerios, nos revistamos de la vida y de la luz abundantes que esperamos y vienen por medio de Cristo Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre.

Adrián, vas a ser “Servidor de Cristo” y “Apóstol”, como Pablo, como Claret. Sirve y anuncia inspirado en las virtudes apostólicas de nuestro Fundador. Que tu vida a partir de hoy sea más humilde, más pobre, más pacífica y pacificadora, más entregada sin reservas, más sencilla y discreta. Una vida de servicio apostólico impulsada por el fuego del amor de Dios. Que seas evangélicamente irrefrenable.

Mira a Cristo, quien «se ha hecho diácono de todos», como escribió San Policarpo (cf. San Policarpo, Ad Phil. V,2). Luego ve y haz tú lo mismo que hace el “diácono de todos”. Pura parábola del buen samaritano.

Os pido ahora, cuando vamos a rezar por Adrián para que reciba el don del diaconado, que penséis en las personas en las que él va a descubrir a Cristo y a las que va a servir. Orando por él, oramos por cada una de ellas.

Señor, cumple en Adrián la obra de tu Palabra a través del don del Espíritu. Suscita en él la capacidad de servir amando. Hazle testigo. Señor, que guste la belleza y la plenitud de tu llamada para responderte conforme a la vocación recibida en medio de tu Pueblo, la Iglesia, lugar de esperanza cierta para la llegada del Hijo del hombre, para la llegada de tu Reino. Amén.

+ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de Mondoñedo-Ferrol