En la fiesta de San Rosendo, nuestro patrono

S.I. Catedral-Basílica de Mondoñedo, jueves 2 de marzo de 2017

Texto completo de la homilía de Mons. Luis Ángel de las Heras, CMF

"Vistámonos la armadura de Dios que lució san Rosendo. Armadura de amigos fuertes de Dios, movidos sin descanso por quienes Él pone delante de nuestra mirada misionera"

Queridos diocesanos, laicos, matrimonios y familias, consagrados, sacerdotes, querido cabildo de la Catedral de Mondoñedo:

Es para mí motivo de gratitud, gozo y esperanza celebrar por primera vez en la diócesis a san Rosendo.

Comienzo recordándolo como dice uno de los himnos de la liturgia de las horas de este día:

«Rosendo, pastor e apóstolo
nas terras de Mondoñedo:
alicerce de esperanza,
guieiro para os galegos.
Fraternidade creando,
froito da paz e a xustiza,
rompiches moitas cadeas,
pobres e eivados librando
».

Haciendo historia, este año del Señor de 2017 se cumplirán mil ciento diez años del nacimiento de san Rosendo. Su solemnidad litúrgica, que celebramos este jueves 2 de marzo, trasladada por coincidir con el Miércoles de Ceniza, nos permite una vez más volver a nuestros orígenes, a nuestras raíces de fe, a nuestra autenticidad evangélica. De entre las distintas y admirables facetas de nuestro patrono, en este momento de Iglesia universal y particular quiero destacar el impulso evangelizador que desarrolló en una circunstancia histórica concreta que ilumina la nuestra. Su ardor misionero nos estimula y da confianza en un momento en el que estamos llamados a constituirnos una región más de la tierra en «estado permanente de misión» (cf. EG 25) en el hoy temporal de la historia de la salvación.

Ese ardor misionero nos hace asumir con agrado, esperanza y buenos deseos este momento histórico que participa como el de san Rosendo del amor con el que Dios ha amado al mundo enviando a su Hijo Jesucristo para salvarlo, no para condenarlo (cf Jn 3, 16-17).

Contemplando nuestro mundo como lugar de salvación, es tiempo, como fue el de san Rosendo, de que esta Iglesia particular, comenzando por los pastores, siguiendo por las personas consagradas y continuando por los matrimonios y familias y todos los seglares, nos consideremos y organicemos en salida misionera. Para ello, es necesario que nos sacudamos la inercia de lo que llevamos haciendo hace tiempo, por muy bien que lo hayamos hecho, y que reconozcamos con humildad y nobleza lo que hemos de cambiar. En definitiva, es preciso que estemos verdaderamente dispuestos a escuchar al Espíritu de Dios que nos descubre nuevos caminos de anuncio del Evangelio.

Por tanto, fijando la mirada en el Señor, descansemos solo en Él, acercándonos a tanta mies que espera. En medio de este mundo, dejémonos conmover e impulsar por quienes se encuentran en los márgenes, esparcidos, heridos y desorientados. Que nos urja llegar con ellos a la tierra de la confianza, la acogida y la esperanza. Abandonemos seguridades mundanas, superemos miedos y busquemos nuevos pastos y apriscos seguros, fundados en Cristo Misericordioso, rostro auténtico del Padre. No nos cansemos de acercarnos a los alejados, a quienes perdieron el camino resentidos o desencantados. Ofrezcamos vendas y fortalezcamos debilidades. Seamos justos y denunciemos con valentía que la codicia, la injusticia y la corrupción de quienes acumulan injustamente y no se arrepienten de ese proceder, no están en el camino de la salvación.

Confiemos en el Señor, como confió san Rosendo, buscando la protección de lo alto y liberándonos de todo lo que paraliza, acarrea acedia y la contagia, mundaniza y esclaviza. Vistamos la armadura de Dios que lució san Rosendo. Armadura de amigos fuertes de Dios, movidos sin descanso por quienes Él pone delante de nuestra mirada misionera. Armadura de amigos cercanos a Dios, que oran por amor a su pueblo. Armadura que nos aleja de crispaciones estériles y nos invita a practicar el diálogo del Evangelio, claro, firme, profético, exigente, liberador y cautivador, todo a la vez.

Que todos cuantos formamos esta Iglesia diocesana nos sintamos “en salida”, en misión, con un ardor misionero como el de san Rosendo. Que respondamos a este mundo que necesita escuchar la voz del Evangelio y entreguemos cuanto tenemos para mostrar, sin desmayo, la todavía muy desconocida alegría del encuentro con Cristo, Fillo de Deus Pai e de María Virxe e Nai, Nosa Señora dos Remedios.

Rosendo, compañeiro de Cristo, seu amigo forte, cimento da nosa Igrexa. El escolleute para ser pedra. Apóstolo de Cristo, seu amigo, sostén firme a fe da nosa Igrexa de Mondoñedo-Ferrol: aquela que nos xunta nesta vida e nos xuntará tamén na eterna. Amén.

+ Luis Ángel de las Heras Berzal
Obispo de Mondoñedo-Ferrol

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