Mons. De las Heras: 'Los rincones de este barrio son nuestra Galilea vallecana'

Homilía en la celebración del 75 aniversario de la parroquia de Nuestra Señora de la Aurora y Santo Ángel (Vallecas, Madrid)

"Queda mucho por hacer y hemos de continuar con las fuerzas que tengamos... A nadie se le pide más de lo que puede dar, sobre todo si ya da todo lo que tiene, como vemos aquí tantas veces"

Afortunadamente hay muchos días para celebrar 75 y 50 años. En un solo momento, no cabe tanto como vamos recordando. Sumamos celebración este 28 de mayo, festividad de la Ascensión —comuniquemos esperanza y confianza—, que evoca otro domingo, 28 de mayo de 1944, hace 73 años, fiesta de Pentecostés. Entonces se colocó la primera piedra de un templo que ya no existe, aunque esa piedra se conserva y todos tenemos en mente, al menos, la antigua torre del Santo Ángel, a pocos metros de aquí.

Lo primero que se puede decir en este día es que en la historia del Santo Angel de la Guarda y Ntra. Sra. de la Aurora, nadie se ha quedado paralizado mirando al cielo. Bueno, alguna vez alguien nos ha dicho con estas o parecidas palabras: “¿Vallecanos, qué hacéis ahí plantados, mirando al cielo?” Pero, enseguida, nos hemos puesto manos a la obra. Que siempre ha habido mucho que hacer en este barrio.

Este lugar es un lugar de Dios, en el que se muestra que Él no nos abandona y está vivo en nosotros, con nosotros, entre nosotros. Desde los comienzos, es un lugar construido con el cariño, el amor desinteresado, el empeño, el apoyo, la contribución de muchos hombres y mujeres de Dios: laicos, matrimonios y familias enteras, sacerdotes claretianos y religiosas, que han levantado una Iglesia, mejor una catedral, no de ladrillos, arena ni cemento, sino de piedras vivas. Obra de todos, comprendiendo cómo el Padre misericordioso y samaritano de Jesús es prójimo del hombre y nos enseña a los seres humanos a ser prójimos y buenos samaritanos entre nosotros.

Él ha iluminado los ojos lacrimosos, que no resignados, de tanta gente con espíritu de lucha que ha llegado a comprender la esperanza a la que siempre nos ha llamado Jesucristo. Porque en medio del empeño por dar vida, por devolver la dignidad de vivir a quien la ha perdido, por apoyarse en el camino, sea cual sea la circunstancia, por compartir la fe, el amor y la esperanza, esta comunidad cristiana catedralicia del Santo Ángel y la Aurora, ha experimentado la plenitud del que ha venido para que tengamos vida en abundancia, Cristo el Señor Resucitado, que está a la derecha del Padre tanto como aquí entre nosotros.

En esta memoria agradecida, que es justa y necesaria, hacemos presentes, con emoción, a tantas personas queridas, parroquianos, laicos, claretianos y religiosas, que nos preceden en la senda del Reino, hacia la casa del Padre. Hagámoslo con sonrisa de fe en la vida eterna. Imaginad cómo sonríen hoy, libres de ataduras terrenas. Que nuestro recuerdo de personas, encuentros y experiencias, esté por encima de cualquier nostalgia, para comprometernos y alentarnos en el presente y esperanzarnos hacia el mañana.

Queda mucho por hacer y hemos de continuar con las fuerzas que tengamos... A nadie se le pide más de lo que puede dar, sobre todo si ya da todo lo que tiene, como vemos aquí tantas veces. Sigamos edificando esta catedral de piedras vivas. Con los que estáis, los que vendrán y los que estuvimos y nos hemos quedado de algún modo. Quien ha vivido en Vallecas, no dejará nunca de vivir en ella, aunque ahora esté en otro sitio. Sigamos edificando en torno a Jesús, la piedra angular. Con María, Ntra. Sra. de la Aurora, con el Santo Angel, con san Antonio María Claret y otros fundadores y fundadoras, presentes todos. Sigamos edificando esta catedral, humana y divina, acogedora para quien quiera pasar, o para quien, sabiéndolo o no, lo necesite. Sigamos levantando torres con campanarios de confianza, de amor y de esperanza. Siempre mirando al futuro que está en manos de Dios y en nuestras manos. Manos compartidas y entrelazadas, las de Dios y las nuestras, hasta el final, en las tareas del Evangelio y del Reino.

Los rincones de este barrio son nuestra Galilea vallecana. A ellos nos encaminamos, una y otra vez, para invitar a vivir una vida de plenitud, de gloria, de dicha que está más cerca de lo que imaginamos. Lo hacemos pronunciando, de palabra, pero sobre todo de corazón, el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y descubrimos, con agrado, que este Dios que promete estar con nosotros todos los días, hasta el final de los tiempos, tiene predilección por este lugar suyo, en este Vallecas de su corazón: la Aurora y el Santo Ángel. Aurora y Santo Ángel hasta el final de los tiempos con Él y con quien quiera vivir aquí en torno a Él.

Amén.