San Julián alienta y alegra nuestro camino de conversión

Concatedral de Ferrol, domingo 7 de enero de 2018

Homilía en la solemnidad de San Julián, patrón de la ciudad de Ferrol

"No podemos quedarnos ahí quietos mirando a lo alto sin hacer nada. Hemos de poner manos a la obra. Necesitamos abrir procesos de cambio y de futuro"

Queridos ferrolanos naturales y de adopción, sacerdotes y seminaristas, Sr. Arcipreste de Ferrol, Sr. Párroco de la Concatedral, Sr. Conselleiro de Política Social de la Xunta de Galicia, Sra. Concelleira representante del Sr. Alcalde, Señoras y Señores Concelleiros, Sr. Capitán de Navío, representante del Almirante Jefe del Arsenal, Sr. Comisario Jefe de la Policía Nacional, Sr. Teniente de la Guardia Civil, demás autoridades, personas consagradas, cofrades, amigos de la Coral, feligreses de la parroquia de la Concatedral, hermanos y hermanas todos.

Un año más nos convoca san Julián en su casa, que es casa de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Hoy coincide nuestra fiesta con la del Bautismo de Jesús. Recordamos cómo se rasga el cielo y Dios nos señala a su Hijo amado, que está en medio de los hombres. Por la fe que hemos recibido, reconocemos que el hombre que recibe el bautismo de Juan en el Jordán es el Hijo de Dios.

Esta confesión hace que Dios permanezca en nosotros y nosotros en Él (cf 1Jn 4,15). Más aún. Creer que Jesús es el Hijo de Dios nos constituye en hijos, nacidos de Dios Padre y nos asegura la victoria sobre cualquier mal (cf 1Jn 5,5).

La manifestación de Jesús en su bautismo expresa su solidaridad sin límites con los hombres iniciada en la Encarnación, admirada y adorada en un “pobre portal”. Él ha decidido compartir nuestro destino. Siendo Dios, Hijo de Dios, nos conduce a Él, nos reconcilia con Él, y abre los cielos para nosotros, que tanto necesitamos ver los cielos abiertos en nuestra vida, en nuestro mundo, cansados de encontrarlos cerrados al futuro, a la esperanza y al amor.

"O ceo misterioso é transparencia
a máis pura do Amor que nel habita;
e as augas penitentes son espello
onde profeta e crente o ceo miran
"
(Diurnal en galego, Himno de Laudes do Bautismo do Señor)

Agradecidos siempre por la lluvia, queremos ver los cielos abiertos en Ferrol. Pero no podemos quedarnos ahí quietos mirando a lo alto sin hacer nada. Hemos de poner manos a la obra. Necesitamos abrir procesos de cambio y de futuro. Por eso en la diócesis hemos comenzado a recorrer este curso caminos de nuestra misión en conversión (cf EG 25-33).

Los cristianos estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe y a anunciar el mensaje transformador del Evangelio de Jesucristo. Él es quien promueve fielmente la justicia, sin vacilar ni quebrarse, hasta que se abran los ojos de los ciegos, salgan los cautivos de la prisión y de la mazmorra los que habitan las tinieblas (cf Is 42, 6-7).

Nuestra misión comienza por el cambio personal, interior, y continúa por la conversión pastoral, parroquial, arciprestal, diocesana de esta Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol, de toda la Iglesia universal en estado de misión.

La celebración del patrono de Ferrol, san Julián, nos hace recapacitar en un hombre de fe, un mártir, que reconoce en Jesús al Hijo del Altísimo y siendo y sintiéndose él también hijo de Dios, supera las contrariedades de la vida, lucha por unos cielos abiertos, da testimonio de su mayor bien, Cristo vivo, y entrega la vida por Él para tener nueva vida.

San Julián hoy alienta y alegra nuestro camino de conversión. Nos invita a no hacer siempre lo mismo, a no dejar las cosas como están (cf EG 25). Nos exhorta a asumir en primera persona que la fe nos guía para dar un paso adelante con orgullo al mismo tiempo que con humildad.

Por nuestra fe no podemos conformarnos con lo que hay y queremos ser útiles los unos a los otros, como dice san León Magno, para brillar como hijos de la luz en el reino de Dios (cf San León Magno, Sermón 3 en la Epifanía del Señor, 1-3. 5:PL 54, 240-244).

La conversión personal implica vivir desde el amor de Dios en la familia, en la parroquia, en la comunidad de vida consagrada, en la cofradía, en el colegio, en toda asociación cristiana. En el trabajo, en el compromiso, en cualquier actividad y relación personal.

Vivir desde el amor de Dios es vivir con paciencia y bondad, alegrándonos siempre con la verdad, con la paz y con la justicia, buscando y esperando lo bueno que hay en los demás (cf 1Cor 13, 4-7). De este modo conseguiremos que el diálogo fructifique, seremos acogedores con todos, nadie será invisible, edificaremos la civilización del amor y desarrollaremos la cultura del encuentro.

Nos hace bien dejarnos evangelizar por el amor de Dios, como camino de conversión, para ser cristianos de estos tiempos, verdaderos discípulos misioneros en Ferrol.

Con el cambio personal, siendo testigos de Jesús entre nuestros conciudadanos, también afrontaremos la transformación misionera de nuestra Iglesia, la conversión comunitaria, según nos exigen las circunstancias presentes.

Lo lograremos sin egoísmo, dando generosamente antes de pedir, colaborando con buena disposición, asumiendo que debemos organizarnos de otro modo, mirando más allá de lo particular, cerrado e inmediato, sin protagonismos narcisistas; admitiendo que perderemos algo, pero seguros de que unidos en proyectos arciprestales y diocesanos más amplios, ganaremos mucho con un horizonte de cielos abiertos que Dios, defensor de los pobres, nos ha regalado.

"Por fin o ceo aberto:
deu o Pai a súa voz
co Fillo vén o Espírito
da nova creación;
gloria a Deus un e trino,
gozo e paz para os pobres
que acharon defensor
"
(Diurnal en galego, Himno de II Vésperas do Bautismo do Señor)

Pidamos a san Julián y a santa Basilisa que nos acompañen y ayuden para brillar como hijos de la luz y contribuir así, con la fuerza de la fe, a hacer de nuestro Ferrol una ciudad próspera, de cielos abiertos, con personas de alma grande, que aspire a la meta de la ciudad de Dios.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel