Encuentro de ex-seminaristas del Seminario 'Santa Catalina' de Mondoñedo

Saludo y texto de la homilía pronunciada por Mons. De las Heras

Saludo inicial

Queridos antiguos alumnos del Real Seminario Conciliar Santa Catalina de Mondoñedo, os saludo cordialmente a vosotros y a vuestras familias en esta fecha en la que celebráis vuestro nuevo encuentro de confraternidad, esta segunda xuntanza, tal y como tenéis intención de realizar cada dos años. De lo cual nos congratulamos todos.

Os honra la memoria agradecida que hacéis de este seminario del que lleváis una impronta especial en vuestra formación intelectual y humanística. Como habéis reconocido, cuanto aprendisteis aquí os ha servido en la vida para desarrollar el potencial que teníais como hombres adornados de cualidades. Hoy sois hombres de relevancia social, constructores de sociedad y cultura, impulsores de los valores humanos y cristianos que forman parte de vuestro espíritu de raigambre mindoniense.
Junto a la formación humana, intelectual y cristiana y una cuidada educación en valores, entrelazasteis relaciones amistosas y hasta fraternas que hoy os traen alegría en el reencuentro. El Seminario de Mondoñedo es también escuela de entendimiento y cercanía, de fraternidad, como algo que ha de ser propio de una institución de la Iglesia como esta y que necesita la humanidad para seguir progresando.

Esta memoria agradecida hace que resuene la gran labor educativa de este seminario, con sus ya 452 años de historia y su contribución a la promoción cultural de esta región norte de Galicia, desde Ferrol hasta Ribadeo. Algo que celebrasteis ya en 2015, que fue rubricado con la entrega de la medalla de oro de Mondoñedo y que permanece grabado aquí con letras de ese metal noble.

En la gratitud se devuelve lo recibido con creces. Así lo visibilizáis con este encuentro. Así también os lo agradece el seminario hoy a vosotros y toda la diócesis de Modoñedo-Ferrol. Que sigamos buscando entre todos la continuidad de este faro cultural y religioso en estas tierras con la creatividad y audacia que exigen estos tiempos.

Mondoñedo, 13 de octubre de 2017

+ Luis Ángel de las Heras, cmf
Obispo de Mondoñedo-Ferrol
 

Homilía completa

He querido celebrar con vosotros la festividad de la patrona de nuestro Seminario Santa Catalina, mártir, adelantándonos al 25 de noviembre. Lo he hecho por dos razones. La primera por hacer memoria agradecida a través de ella de vuestro paso por el seminario y el de tantos otros que no están hoy físicamente presentes aquí. La segunda porque cobra relevancia precisamente un testimonio martirial como es el de Santa Catalina para todos los cristianos, pero singularmente para quienes os formasteis en buena medida en este seminario y ahora sois y podéis ser testigos de la fe en tan diversos ámbitos de la vida y sociedad como os encontráis. Y es que el testigo tiene proyección de mártir, y el mártir es, ante todo, testigo y maestro de testigos.

Es, por tanto, santa Catalina maestra de vuestra edificación como testigos de Cristo en vuestro paso por este seminario. No importa cuánto esté reconocida. Es maestra. Os invito a contemplar su magisterio de vida entregada totalmente a la causa de Jesús, hasta el fin, con generosidad, con entereza, con valor, con decisión, con alegría, perdonando a sus verdugos y con la determinación de dar vida con su martirio.

La impronta de vuestra formación intelectual y humanística que tiene una clara proyección social, encierra un componente testimonial. Lo que habéis promovido y promovéis en la sociedad y en la cultura, particularmente dentro da cultura galega, hunde sus raíces en este Seminario. Del mismo modo están aquí los cimientos que os hacen ser testigos hoy de la fe que continúa acompañándoos hasta ahora.

Para darse cuenta de la fuerza del testimonio cristiano no hace falta encontrarse en peligro de muerte. Hemos recibido el don de la vida eterna como horizonte existencial que sitúa cabal, aunque difícilmente, el morir humano. A ninguno os deseo una muerte martirial, aunque desde luego es semilla de vida, de perdón y de esperanza y creo que la vida cristiana siempre tiene un componente martirial que la hace excelsa. Pero mientras somos peregrinos en esta tierra, sin que se nos pida ese extremo, hemos de  descubrir y saber ofrecer como vía de solución a este mundo el don de la fe en Jesucristo que es cuidado divino sobre la humanidad entera.

Hay muchos signos que se interpretan como descuido y abandono de Dios en esta tierra, mientras que son otros muchos los que muestran que Dios está pendiente de todo. Pero no sé si quienes podemos dar testimonio de ello lo creemos suficientemente para contagiar la verdad de nuestro Dios que tiene contados los cabellos de la cabeza y que, por supuesto, sin quitar valor a los gorriones, cualquier ser humano vale mucho más para quien es Dios providente y misericordioso.

Ser testigos de Cristo vivo y presente, que actúa guiándonos a quienes seguimos sus enseñanzas para bien de la humanidad, nos hace dignos del Padre que está en los cielos, pero también de nuestros hermanos los hombres, ante quienes debemos ser igualmente dignos los cristianos.

Como testigos seremos dignos de Dios y de los hombres siempre que trabajemos por la verdad, la justicia, la paz, la libertad, infundiendo esperanza, ánimo, aliento. Todo encaminando el peregrinaje humano hacia el Reino que anhela y necesita la humanidad desde siempre. Tenemos la oportunidad, la suerte, de ser testigos del que hace nuevas todas las cosas, sacia cualquier sed humana porque es fuente del agua de la vida y establece una Alianza eterna de Dios Padre con la humanidad.

Acrecentemos nuestra conciencia testimonial como discípulos de Santa Catalina, maestra de una nube de testigos que han confesado antes de nosotros el nombre de Jesucristo delante de los hombres. Quienes nos preceden también nos estimulan a seguir sus huellas que son las del Señor. Que experimentéis el gozo de esta misión que habéis recibido desde siempre y para siempre. Amén.

Sermos testemuñas de Cristo vivo e presente, que actúa guiándonos a quen seguímo-las súas ensinanzas para o ben da humanidade, fainos dignos do Pai que está nos ceos, pero tamén dos nosos irmáns os homes, ante quen debemos ser igualmente dignos os cristiáns.

Coma testemuñas seremos dignos de Deus e dos homes sempre que traballemos pola verdade, a xustiza, a paz, a liberdade, infundindo esperanza, ánimo, alento. Todo encamiñando o peregrinar humano cara o Reino que anhela e precisa a humanidade dende sempre.

Témo-la oportunidade, a sorte, de sermos testemuñas de quen fai novas tódalas cousas, sacia calquera sede humana porque é fonte da auga da vida e establece unha Alianza eterna de Deus Pai coa humanidade.

Acrecentémo-la nosa conciencia testemuñal coma discípulos de Santa Catalina, mestra dunha nube de testemuñas que confesaron antes ca nós o nome de Xesucristo diante dos homes. Quen nos preceden tamén nos estimulan a segui-las súas pegadas, que son as do Señor. Que experimentéde-lo gozo desta misión que recibistes dende sempre e para sempre. Amén.