En el aniversario de la Dedicación de la S.I.B. Catedral de Mondoñedo

"Queremos encontrar la dicha dando vida a la casa del Señor, alabándolo en la búsqueda de su voluntad con un corazón sincero"

Celebramos hoy en esta catedral la solemnidad del aniversario de su dedicación como templo consagrado a Dios en medio de las fiestas de San Lucas, cerca ya de ocho siglos después.

Hoy actualizamos aquel momento en la Catedral de la diócesis, que es imagen hermosa del misterio de la Iglesia como casa de Dios en medio de su Pueblo. Nuestra Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol sigue edificándose después de tantos siglos como faro de fe en medio del Pueblo de Dios que peregrina en estas tierras del norte de Galicia. La belleza del templo de piedra que nos congrega en la comunión es una llamada a buscar el crecimiento en la perfección de cada diocesano.

Durante este curso queremos construir nuestra comunidad eclesial diocesana y su misión evangelizadora en conversión. Queremos alcanzar la transformación misionera de Mondoñedo-Ferrol y hemos de comenzar por tomar conciencia de lo que cada piedra viva de este edificio diocesano necesita para restaurarse, pulirse, adaptarse, revestirse con la hermosura de Cristo y su Evangelio.

Cada uno está llamado a dar pasos concretos y reales sabiendo que no hay caminos solitarios, aunque las decisiones sí son personales. Se requiere la determinación propia, pero el camino de conversión es compartido. Nos ayudamos y apoyamos unos a otros, ensamblando cada piedra viva con la piedra angular, Cristo el Señor.

Es una llamada a observar el derecho, a respetar las normas y buscar la verdad. Es una llamada a practicar la justicia, por encima de conveniencias, arbitrariedades y egocentrismos. Es una llamada a caminar así, confiados en la salvación esperada (cf. Is 56,1). El Señor colmará de alegría a quien transite esos caminos y entre en su casa, que será casa de oración para todos los pueblos (cf. Is 56,7).

Somos edificio de Dios cimentado sobre la piedra angular, Jesucristo. Por eso sabemos que el Espíritu Santo habita en nosotros (cf. 1 Cor 3,16). Pero, podemos correr el riesgo de destruir el templo si alguna piedra viva pretende ocupar un lugar que no es el suyo y desestabiliza el edificio desplazando a Cristo como fundamento (cf. 1 Cor 3,11.17).

Queremos encontrar la dicha dando vida a la casa del Señor, alabándolo en la búsqueda de su voluntad con un corazón sincero. No para encastillarnos defendiéndonos con miedo de lo que no comprendemos o nos amenaza, sino para sentirnos unidos entre nosotros a la piedra angular, ser eficaces en nuestra edificación y estar dispuestos a darlo todo.

El edificio que seguimos construyendo tiene que revestirse ahora del estilo de la misión, enraizado con los orígenes de nuestra fe para encontrar su frescura y autenticidad. De este modo, podremos adornar nuestra Iglesia diocesana con ese estilo que llevará cada diocesano, discípulo misionero, preparando y abriendo su propia casa al Señor. Él entrará y llevará la salvación a cada corazón, como aconteció con Zaqueo (cf. Lc 9,1-10). Tratemos de ver a Jesús por encima del bullicio, por encima del gentío (cf. Lc 9,3-4), porque el encuentro ha de ser cara a cara (cf. Lc 9,5-6).

Alegrémonos de vérmo-lo Señor e de sabermos que quere habitar no noso corazón para transformalo coa súa misericordia. Superémo-la tentación de deixa-lo noso corazón coma está. Dispoñámonos a desprendérmonos, sobre todo, do que nos escraviza, do que nos ten atados, para dármo-los nosos tesouros a quen máis o necesite, coma bos samaritanos, sen mirarnos a nós mesmos. Se a alguén cremos que debemos un favor, un agradecemento, unha consideración, non dubidemos en darllo ante a visita do Señor. Por suposto, se se trata dalgún ben material, antes ca nada.

A transformación misioneira da nosa Igrexa de Mondoñedo-Ferrol pide unha restauración con pedras misericordiosas e samaritanas. Un bo investimento en obras espirituais con exixencias materiais. Un enriquecemento do Corpo de Cristo, edificio de pedras vivas que simbolizamos nesta Santa Igrexa Basílica Catedral a Asunción. Encomendémonos a Santa María, Nai da Igrexa, que nos mostra na súa Asunción o horizonte do Reino de Deus ó que aspiramos rematar. Amén.