San Rosendo: modelo y molde para hacer vida y misión

Homilía del obispo Luis Ángel en la fiesta del patrón de la diócesis

"Mantengamos encendido nuestro corazón para salir al encuentro de quienes están desperdigados o no encuentran el camino"

Nos visita el Señor en la fiesta de san Rosendo también este año en el camino cuaresmal hacia la Pascua del Resucitado. Una senda que estamos recorriendo con el firme propósito de encender nuestro corazón en la caridad de Cristo. Una senda de conversión que nunca hemos de abandonar.

San Rosendo es modelo y molde para hacer vida y misión la caridad de Cristo en cada corazón de esta Iglesia de Mondoñedo-Ferrol. Si vamos conociendo e imitando cómo crece el amor de Dios en nuestro santo patrono, adelantaremos en esta senda de conversión para realizar la misión que el Señor nos encomienda a cada uno, según los dones y las fuerzas que Él mismo nos otorga.

San Rosendo recibe y acepta la misión con la alegría de quien ha puesto el corazón solo en Dios y en su plan de salvación. Sin excusarse en sus debilidades, en su inexperiencia o en el temor ante la encomienda, afronta el reto de ir en busca de las ovejas, como hace el Buen Pastor, con la misma caridad de Cristo. Rescata a las esparcidas y las reúne en la tierra de la promesa, que es la Iglesia misionera, misericordiosa y samaritana. Las apacienta en los mejores y más suculentos pastos, sin dejar de salir a buscar a las que todavía no han encontrado la puerta del aprisco. En el camino de vuelta se detiene a descubrir, curar y vendar heridas con escucha atenta, paciencia y cariño. Es justo con todas. Fortalece a las débiles y exige generosidad a las que solo se han preocupado de ellas mismas engordando mientras las otras no tenían lo suficiente.

San Rosendo, siempre en misión, revestido del amor de Cristo, deseoso de ir a un lugar apartado para dedicar su mente y su corazón enteramente a Dios, se compadece de quienes andan como ovejas sin pastor. Sin vacilar, fuerte en el Señor, hace frente al mal, con el que no hay que dialogar. El mal que acarrea dolor y sufrimiento, vacío y tristeza, a los hijos amados de Dios. El mal de los mil rostros, que resulta ser un lobo devorador que se ceba con las ovejas más frágiles y malheridas. El mal que llena los corazones de ponzoña y los enfría dejándolos a la deriva, lejos del verdadero amor. Pero un mal ante el que san Rosendo resiste y permanece firme porque se fortalece en la íntima unión orante con Cristo.

Pidamos al Señor que se encienda nuestro corazón en la caridad de Cristo, como prendió en el corazón de san Rosendo, para aceptar con gozo la misión que recibimos del Señor. Que, con una oración incesante, mantengamos encendido nuestro corazón para salir al encuentro de quienes están desperdigados o no encuentran el camino del redil: los decepcionados, los desencantados, los dubitativos, los que quieren una fe a la carta, los que no entienden el mensaje… Que, con esa oración personal y eclesial, el Señor nos permita hacer frente al mal, como se lo concedió a nuestro patrono. Para luchar contra la desesperación, contra la tristeza, contra el desprecio de los humildes, contra el odio y la violencia, contra la falta de respeto y de libertad, contra el egoísmo y la injusticia, contra la indiferencia y la comodidad.

Que la luz de este fiel discípulo misionero de Cristo brille en nuestros corazones y en nuestros ojos y resplandezca como luminaria de la Iglesia que peregrina en Mondoñedo-Ferrol desde hace tantos siglos. Que nuestro rostro y nuestras obras —nuestro corazón misionero ardiendo en el amor de Cristo— den testimonio de la fe que hemos recibido gracias a la entrega de san Rosendo, para que los duros trabajos del Evangelio den frutos abundantes. Amén.
 


GALEGO

Visítanos o Señor nesta festa de san Rosendo tamén este ano no camiño coresmal cara a Pascua do Resucitado. Unha senda que estamos a percorrer co firme propósito de acender o noso corazón na caridade de Cristo. Unha senda de conversión que nunca habemos abandonar.

San Rosendo é modelo e molde para facermos vida e misión a caridade de Cristo en cada corazón desta Igrexa de Mondoñedo-Ferrol. Se vamos coñecendo e imitando como medra o amor de Deus no noso santo patrón, adiantaremos nesta senda de conversión para realizarmos a misión que o Señor nos encomenda a cada un segundo os dons e mailas forzas que El mesmo nos outorga.

San Rosendo recibe e acepta a misión coa alegría de quen puxo o corazón soamente en Deus e no seu plan de salvación. Sen se escusar nas súas debilidades, na súa inexperiencia ou no seu temor ante a encomenda, afronta o reto de ir na busca das ovellas, como fai o Bo Pastor, coa mesma caridade de Cristo. Rescata as esparexidas e reúneas na terra da promesa, que é a Igrexa misioneira, misericordiosa e samaritana. Apacéntaas nos mellores e máis suculentos pastos, sen deixar de saír a buscar as que aínda non atoparon a porta do curral. No camiño de volta detense a descubrir, curar e vendar feridas con escoita atenta, paciencia e agarimo. É xusto con todas. Fortalece ás débiles e esixe xenerosidade ás que só se preocuparon delas mesmas engordando mentres as outras non tiñan abondo.

San Rosendo, sempre en misión, revestido do amor de Cristo, desexoso de ir a un lugar afastado para dedicar a súa mente e o seu corazón enteiramente a Deus, compadécese de quen anda como ovella sen pastor. Sen vacilar, forte no Señor, fai fronte ó mal, co que non hai que dialogar. O mal que carrexa dor e sufrimento, baleiro e tristeza, ós fillos amados de Deus. O mal dos mil rostros, que resulta ser un lobo devorador que se ceba coas ovellas máis fráxiles e malferidas. O mal que enche os corazóns de pezoña e que os arrefece deixándoos á deriva, lonxe do verdadeiro amor. Pero un mal ante o que san Rosendo resiste e permanece firme porque se fortalece na íntima unión orante con Cristo.

Pidámoslle ó Señor que se acenda o noso corazón na caridade de Cristo, coma prendeu no corazón de san Rosendo, para aceptar con gozo a misión que recibimos do Señor. Que, cunha oración incesante, manteñamos acendido o noso corazón para saír ó encontro de quen está disperso ou non atopa o camiño da currada: os decepcionados, os desencantados, os dubitativos, os que queren unha fe á carta, os que non entenden a mensaxe… Que, con esta oración persoal e eclesial, o Señor nos permita facer fronte ó mal, como llo concedeu ó noso patrón. Para loitar contra a desesperación, contra a tristeza, contra o desprezo dos humildes, contra o odio e a violencia, contra toda falta de respecto e de liberdade, contra o egoísmo e a inxustiza, contra a indiferenza e a comodidade.

Que a luz deste fiel discípulo misioneiro de Cristo brille nos nosos corazóns e nos nosos ollos, e resplandeza coma luminaria da Igrexa que peregrina en Mondoñedo-Ferrol dende hai tantos séculos. Que o noso rostro e mailas nosas obras —o noso corazón misioneiro ardendo no amor de Cristo— dean testemuña da fe que recibimos grazas á entrega de san Rosendo, para que os duros traballos do Evanxeo dean froitos abundantes. Amén.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel