La misión del sacerdote, lámpara siempre encendida

Catedral Basílica de Ntra. Sra. de la Asunción de Mondoñedo

Homilía en la Misa Crismal 2018 (Martes Santo)

"La consagración del crisma y la bendición de los óleos simbolizan espléndidamente el aceite con el que ha de estar siempre ardiendo, sin consumirse, la lámpara de la misión de los sacerdotes"
1. Misión en conversión

Queridos hermanos y hermanas:

Durante este curso queremos crecer en la conciencia de que nuestra misión como Iglesia diocesana solo puede darse en conversión (cf. EG 25-33). Con razones fundadas en experiencias admirables, reducimos la conversión a un hecho extraordinario, a un cambio espectacular, o bien a una cuestión recurrente especialmente cada Cuaresma y Semana Santa. La conversión también es camino, proceso abierto toda la vida. Estoy en camino de conversión cada vez que la Palabra de Dios, el encuentro con Él en los sacramentos y en la oración, o el grito de un hermano me interpelan, me invitan a cambiar algo, a dar y darme más. Por supuesto, es un camino marcado por la vocación y misión concreta a la que cada uno ha sido llamado.
 

2. Unción y consagración

La Misa Crismal nos recuerda el momento en el que el Obispo por la imposición de las manos y la plegaria de ordenación hace partícipes del sacerdocio de Cristo a los que reciben el sacramento del orden. La unción enciende el corazón de los presbíteros en el amor de Dios. Jesús nos consagra a Dios, nos entrega para siempre a Él, para servir a los hombres por Él, con Él y en Él. En esta Eucaristía, la Iglesia de Mondoñedo-Ferrol celebra, agradece y renueva la misión de cada presbítero como lámpara siempre encendida en una misión que sólo se puede dar en conversión, con el corazón inflamado en la caridad revolucionaria de Cristo. La consagración del crisma y la bendición de los óleos simbolizan espléndidamente el aceite con el que ha de estar siempre ardiendo, sin consumirse, la lámpara de la misión de los sacerdotes.

Hoy es, pues, un día propicio para avivar el corazón sacerdotal ungido desde la realidad de cada sacerdote. Hoy, como Iglesia, unidos a todo el presbiterio, renovamos incondicionalmente nuestra fe en Jesucristo. Para que todos los sacerdotes de Mondoñedo-Ferrol sean hombres de Dios para los demás; pastores según Su corazón. Queremos y necesitamos que los sacerdotes estén unidos fuertemente a Cristo y configurados con él.
 

3. La implicación de toda la Iglesia en las promesas y misión del sacerdote, lámpara siempre encendida

Hoy el pueblo de Dios que peregrina en esta diócesis, como testigo y agraciado de las promesas sacerdotales, también se compromete para que cada uno de sus presbíteros acepte gozoso lo que, en un día de inmensa alegría, renunciando a él mismo, prometió y promete viviendo como corresponde a la vocación a la que ha sido destinado. En ellos descubrimos el misterio que Cristo sacerdote nos ofrece cuando nos enseña que perder es ganar, y ganar es perder; renunciar es elegir y elegir es renunciar; servir es reinar y reinar es servir.

Hoxe lembramos e agradecemos que a misión do sacerdote é lámpada sempre acendida que ilumina o camiño cristián nestas terras. Por iso, hoxe é día de animar a tódolos sacerdotes a acender o seu corazón cando descubran con profunda claridade, nunha vida sinxela e corrente, salpicada de desgustos e alegrías ministeriais, que a maior ganancia está en darse por Cristo e os irmáns, sen reclamaren a súa vida para eles mesmos. Porque eles xa non se preguntan: ¿Que gaño eu con isto? Senón, máis ben: ¿Que máis podo facer eu por Deus e por esta porción do seu pobo que teño encomendada? Porque eles, coa súa misión de lámpada sempre acendida en proceso permanente de conversión, exíxense continuar a súa configuración con Cristo que non domina, senón que serve; que non recibe nada, senón que o da todo. Porque eles, tendo no corazón cada rostro a porción do pobo de Deus que teñen encomendada, unxidos polo Espírito do Señor, fan todo o posible por acender, ou manter acendidos, no amor de Cristo os corazóns dos homes e mulleres, matrimonios, persoas consagradas e outros fieis leigos en tantas parroquias que cada un acompaña, en tantas responsabilidades e en tantas preocupacións que comparten con todos para ir levando xuntos.

Acompañemos aos sacerdotes para que, en medio das actuais circunstancias, sexamos todos responsables de manter a lámpada da súa misión ben acendida e ardente, así como de que outros novos respondan á vocación e acrecenten esta imprescindible luz de misión. De xeito que a nosa Igrexa particular percorra o camiño da transformación misioneira, que non é senón un tempo de graza no que se cumpre a Palabra do Señor, porque aceptamos e vivimos a boa noticia dun crucificado que nos da vida nova e abundante. Un tempo de graza que é luz, venda, amnistía, consolo, perfume de festa, cántico. Un tempo que chegará se sabemos esperar coa paciencia da Paixón do Señor, libres da impaciencia ansiosa que destrúe, coma a dos seus verdugos ou a dos opresores de tanta xente no noso mundo.
 

4. Sexamos todos mensaxeiros dunha verdadeira boa noticia en calquera situación

Queridos sacerdotes, irmás e irmáns, que non nos cansemos nunca de esperar e propiciar ese tempo de graza, de transformación misioneira. Para logralo, esforcémonos para que canto anunciamos sexa verdadeira boa noticia, especialmente para os pobres, do mesmo xeito que é verdadeira boa noticia todo o que Xesús anuncia, en calquera momento, incluso dende a cruz.