Pueblo de Dios Misionero

Homilía del obispo en la fiesta de San Rosendo 2020, patrón de Mondoñedo-Ferrol

Catedral -Basílica de Mondoñedo, sábado 29 de febrero

"Estamos vislumbrando una Iglesia nueva que solo puede levantarse con hombres y mujeres nuevos y llenos de vida"

Queridos diocesanos laicos, consagrados y sacerdotes. Querido cabildo de la Catedral. Con gozo y esperanza celebramos la solemnidad de san Rosendo. Su memoria confirma nuestra peregrinación de fe en esta querida diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Con gozo y esperanza, os invito hoy a pronunciar palabras que nos ayuden a construir pueblo de Dios misionero. Que sean palabras preñadas de vida para la misión: gratitud y alegría, audacia y creatividad, novedad y compasión, oración y fortaleza.

Gratitud y alegría. No nos cansamos de repetir agradecidos que el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Rememorando el impulso de la construcción de esta catedral hace ochocientos años, el recuerdo festivo de san Rosendo nos hace llegar más lejos, en el tiempo y en la profundidad, a las razones para la gratitud y la alegría. Nuestro santo patrono, discípulo y misionero de Cristo —la piedra angular—, es piedra viva imprescindible en la historia de nuestra Iglesia particular de Mondoñedo-Ferrol y nos hace recordar, con gozo, que también cada uno de nosotros somos piedras vivas en la actualidad.

Audacia y creatividad. El discipulado misionero de san Rosendo nos impulsa a la audacia y a la creatividad para seguir edificando la Iglesia en estos tiempos, como hizo él en los suyos. Hemos de ensamblar las piedras vivas con la argamasa de la reforma necesaria en el presente, de la conversión personal, eclesial, pastoral y misionera. Estamos vislumbrando una Iglesia nueva que solo puede levantarse con hombres y mujeres nuevos y llenos de vida. Hombres y mujeres que se encuentran con Jesucristo y experimentan la presencia constante del Espíritu Santo en ellos y en medio de la comunidad cristiana; discípulos misioneros en fraternidad y comunión misioneras.

Novedad y compasión. La novedad que recibimos de Cristo y del Espíritu nos guía tras las huellas del Maestro que se compadece de las gentes, para buscar, con todo respeto, a quienes andan dispersos y llagados por la decepción, las dudas, el escándalo, el cansancio existencial o cualquier oscuridad vital. La novedad cristiana lleva a la compasión, a la misericordia y al compromiso de una misión sin tregua. La novedad de Jesús tiene ojos compasivos que se mantienen abiertos por el amor misericordioso que el Padre nos ha dado a conocer y por el pan de la Eucaristía que da vida abundante y para siempre.

Oración y fortaleza. San Rosendo buscó su fuerza en el Señor, Dios invencible. Además de amar y celebrar la Eucaristía, oró en toda ocasión, en casa y yendo de camino. Tanto en el interior de su corazón, reconociendo y tratando a Cristo Señor, como en las tareas de la vida, buscando y hallando la presencia del que todo lo puede en medio del mundo y en los corazones humanos.

Busquemos, pues, fuerza en el Señor que nos da la victoria y demos cada vez más valor a la oración constante y confiada. Amemos en el recinto sagrado de nuestro interior incluso a quienes nos hacen sufrir y, en consecuencia, no tengamos miedo de sufrir por quienes amamos. Que nuestro retiro a un lugar apartado no sea la lejanía de quienes están con nosotros en el camino de la vida, sino la atalaya desde la que divisemos vigilantes a quienes andan como ovejas sin pastor para descender presurosos a su vera.

El Buen Pastor nos congrega a todos, cualquiera que sea la región de la vida que habitamos, para formar un solo rebaño. Para apacentarnos en pastizales escogidos de gozo y esperanza, en dehesas fértiles de amor fraterno y justicia pacificadora. El Buen Pastor nos reúne en un solo pueblo, donde son acogidas las ovejas perdidas; donde se curan las heridas y enfermas; donde se sienten útiles y se ponen a servir las fuertes. Todos somos piedras vivas de esta Iglesia y, por tanto, protagonistas de la vida y misión del pueblo santo y amado de Dios que peregrina en Mondoñedo-Ferrol.

 

GALEGO

Queridos diocesanos laicos, consagrados e sacerdotes. Querido cabido da Catedral. Con gozo e esperanza celebramos a solemnidade de san Rosendo. A súa memoria confirma a nosa peregrinación de fe nesta querida diocese de Mondoñedo-Ferrol. Con gozo e esperanza, convídovos hoxe a pronunciar palabras que nos axuden a construír pobo de Deus misioneiro. Que sexan palabras preñadas de vida para a misión: gratitude e alegría, audacia e creatividade, novidade e compaixón, oración e fortaleza.

Gratitude e alegría. Non nos cansamos de repetir agradecidos que o Señor estivo grande connosco e estamos alegres. Rememorando o impulso da construción desta catedral fai oitocentos anos, o recordo festivo de san Rosendo fainos chegar máis lonxe, no tempo e na profundidade, ás razóns para a gratitude e a alegría. O noso santo patrón, discípulo e misioneiro de Cristo —a pedra angular—, é pedra viva imprescindible na historia da nosa Igrexa particular de Mondoñedo-Ferrol e fainos lembrar, con gozo, que tamén cada un de nós somos pedras vivas na actualidade.

Audacia e creatividade. O discipulado misioneiro de san Rosendo impúlsanos á audacia e á creatividade para seguir edificando a Igrexa nestes tempos, como fixo el nos seus. Habemos de  ensamblar as pedras vivas coa argamasa da reforma necesaria no presente, da conversión persoal, eclesial, pastoral e misioneira. Estamos a albiscar unha Igrexa nova que só pode levantarse con homes e mulleres novos e cheos de vida. Homes e mulleres que se atopan con Xesucristo e experimentan a presenza constante do Espírito Santo neles e no medio da comunidade cristiá; discípulos misioneiros en fraternidade e comuñón misioneiras.

Novidade e compaixón. A novidade que recibimos de Cristo e do Espírito guíanos tras as pegadas do Mestre que se compadece das xentes, para buscar, con todo respecto, a quenes andan dispersos e chagados pola decepción, as dúbidas, o escándalo, o cansazo existencial ou calquera escuridade vital. A novidade cristiá leva á compaixón, á misericordia e ao compromiso dunha misión sen tregua. A novidade de Xesús ten ollos compasivos que se manteñen abertos polo amor misericordioso que o Pai nos deu a coñecer e polo pan da Eucaristía que dá vida abundante e para sempre.

Oración e fortaleza. San Rosendo buscou a súa forza no Señor, Deus invencible. Ademais de amar e celebrar a Eucaristía, orou en toda ocasión, en casa e indo de camiño. Tanto no interior do seu corazón, recoñecendo e tratando a Cristo Señor, como nas tarefas da vida, buscando e achando a presenza do que todo o pode no medio do mundo e nos corazóns humanos.

Busquemos, pois, forza no Señor que nos dá a vitoria e demos cada vez máis valor á oración constante e confiada. Amemos no recinto sacro do noso interior mesmo a quen nos fai sufrir e, en consecuencia, non teñamos medo de sufrir por quenes amamos. Que o noso retiro a un lugar apartado non sexa a distancia de quen está connosco no camiño da vida, senón a atalaia desde a que divisemos vixiantes a quen anda como ovellas sen pastor para descender presurosos á súa beira.

O Bo Pastor congréganos a todos, calquera que sexa a rexión da vida que habitamos, para formar un só rabaño. Para apacentarnos en pasteiros escollidos de gozo e esperanza, en devesas fértiles de amor fraterno e xustiza  pacificadora. O Bo Pastor reúnenos nun só pobo, onde son acollidas as ovellas perdidas; onde se curan as feridas e enfermas; onde se senten útiles e póñense a servir as fortes. Todos somos pedras vivas desta Igrexa e, por tanto, protagonistas da vida e misión do pobo santo e amado de Deus que peregrina en Mondoñedo-Ferrol.

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel