Delegación de Ecumenismo

Delegado
Rvdo. D. Benito Méndez Fernández
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· CMIR y FML firman el testimonio de wittenberg y CMIR se adhiere a la DCDJ

En una celebración ecuménica, el día de hoy en la Iglesia de la Ciudad de Wittenberg, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR) y la Federación Luterana Mundial (FLM) suscribieron el Testimonio de Wittenberg, un acuerdo por el cual ratifican el llamado común a una renovación constante y a la cooperación, en ocasión del 500° Aniversario de la Reforma.

El Secretario General de la FLM Rev. Dr. Martin Junge firmó en representación de las 145 iglesias que componen la Comunión luterana mientras el Secretario General de la CMIR Rev. Dr. Chris Ferguson lo hizo en nombre de la Comunión reformada, que cuenta con mas de 225 iglesias miembro.
Nosotros nos acercamos al aniversario de la Reforma desde la perspectiva de la unidad del cuerpo de Cristo, como un don de Dios. Esto significa que nos acercamos con un espíritu de apertura ecuménica y responsabilidad. El Testimonio de Wittenberg es señal de ello”, dijo el Secretario General Junge de la FLM.

Como dijimos en la Declaración, como comuniones mundiales, nos comprometemos a explorar nuevas formas de vida en conjunto, que expresen cabalmente la comunión que ya tenemos en Cristo”, dijo el Secretario General Ferguson de CMIR. “Nosotros convocamos a nuestras iglesias miembro para que encuentren caminos para vivir plenamente estos compromisos comunes en sus contextos locales, haciendo mas visible nuestra unidad”.

El Testimonio de Wittenberg está basado en décadas de diálogo teológico y en diferentes acercamientos realizados por las iglesias miembro de la FLM y la CMIR alrededor del globo. Expresa gratitud por la unidad que las iglesias poseen actualmente en Cristo, celebra todo lo que tienen en común, reconoce y lamenta los asuntos que aún dividen, y expresa el llamado conjunto de testimonio a todas las iglesias en el mundo.

La declaración llama a significar en la actualidad una “creatividad renovada sobre ser la iglesia en comunión”. “Necesitamos una nueva imaginación para soñar un mundo diferente, un mundo donde la justicia, la paz y la reconciliación prevalezcan”.

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· Conmemoración conjunta de la Reforma Protestante (31 octubre 2016-31 octubre 2017): el viaje del papa a Suecia

La fecha del 31 de octubre de 2016, en la que los protestantes celebran todos los años el día de la Reforma, en esta ocasión va a adquirir un significado particular, pues abarcará todo un año dedicado a recordar el acontecimiento simbólico que le dio origen: Las 95 tesis contra las indulgencias y para la reforma de la Iglesia, publicadas por Martín Lutero en esa fecha de 1517. La particularidad de esta conmemoración está en que por primera vez en la historia se va a realizar de forma conjunta, pues en ella también participa la Iglesia católico-romana; es decir, por primera vez la Iglesia Católica conmemora con la más alta instancia representativa del Luteranismo, la Federación Luterana Mundial, el inicio de la Reforma.

Este hecho, inaudito en épocas pasadas, no es una ocurrencia del papa Francisco, sino que tiene unos precedentes que lo explican. Desde el punto de vista histórico, la investigación católica sobre Lutero ya había dado su contribución al mejor conocimiento del monje de Wittenberg antes del Concilio Vaticano II. Autores como Joseph Lortz, o Hubert Jedin, dieron a conocer sus verdaderas intenciones religiosas, más allá de todos los estereotipos de la literatura polémica de siglos pasados; así mismo se pudieron conocer mucho más en profundidad las circunstancias en las que se celebró el Concilio de Trento, junto con sus trabajos. Por otra parte, la teología también hizo su labor y, en este ámbito, merece ser destaca la aportación de Hans Küng por medio de su tesis doctoral sobre la ‘Justificación en Karl Barth’, publicada en 1957; en ella demuestra que la doctrina de este teólogo, uno de los más grandes del protestantismo, coincide con la católico-romana.

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Más información sobre esta conmemoración, en 'Documentos adjuntos' (columna izquierda)

 

· OPINIÓN: "El papa Francisco y el ecumenismo"

Ya se ha hecho costumbre que a los actos de celebración de la entrada de un nuevo papa pertenezca el encuentro con los representantes de otras confesiones cristianas asistentes a dicho acontecimiento. Cabe destacar la importancia de la presencia del Patriarca de Constantinopla Bartolomé I, pues se trata de una primera vez. Desde el levantamiento de las excomuniones mutuas de 1054, la víspera de la clausura del Concilio Vaticano II, el 7 de Diciembre de 1965, o el ya famoso abrazo entre Pablo VI y el patriarca Atenágoras en Jerusalén, han tenido que pasar cincuenta años para ver un gesto de esta importancia. Cierto es que ha habido visitas mutuas, en Roma y en Estambul, a lo largo de estos años, pero nunca con esta carga simbólica.

Se podría interpretar como un gesto de reconocimiento por parte del más alto representante de la Ortodoxia de la máxima autoridad de la Iglesia católica. Decimos "se podría interpretar“, puesto que habría matizar algo crucial: el Patriarca de Constantinopla no es el papa de la ortodoxia y, en estos momentos, tiene en su contra al Patriarca ortodoxo de la "Tercera Roma“, es decir, Moscú. A ello se suma el contencioso con la Iglesia católica por el viejo problema del 'uniatismo' y su pérdida de influencia  en los países que se hicieron independientes después de la caídad de la antigua Unión Soviética.

En todo caso, la respuesta de Francisco no se hizo esperar y en sus manifestaciones siempre se refiere a sí mismo como el obispo de Roma, denominación muy estimada por los orientales, pues para ellos el principio primacial en la Iglesia ha de ser compatible con el de la sinodalidad. El espíritu ecuménico que presidió el  Concilio, tal y como lo había expresado el papa Juan XXIII en su discurso de apertura, indica que es necesario buscar principalmente lo que nos une y no lo que nos separa. El papa Francisco así lo expresó desde el comienzo de su pontificado y lo acaba de corroborar en su exhortación 'Evangelii gaudium': "¡Son tantas y tan valiosas las cosas que nos unen!. Y si realmente creemos en la libre y generosa acción del Espíritu, ¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros!“ (nº 246).

Si todo esto es verdad, sin embargo es de justicia reconocer que el mérito de iniciar oficialmente el diálogo con las Iglesias ortodoxas es de Juan Pablo II, así como el de haber firmado con la Federación Luterana Mundial el documento de consenso más importante desde la época de la Reforma, como fue la Declaración Conjunta sobre la Justificación por la fe (1999). Este hecho, como recordó Benedicto XVI en su vista a Alemania en 2011, marcará un antes y un después en las relaciones mutuas. Una ocasión para reafirmar este compromiso ecuménico es la que nos brinda a todos la celebración del 500 aniversario de la Reforma Protestante en 2017.

No cabe la menor duda de que el actual papa seguirá la estela marcada, si bien no posea la alta formación de sus antecesores, tanto en lo que se refiere a la teología protestante como a la ortodoxa. Eso es importante, pero no imprescindible, puesto que un papa no tiene por qué saber de todo. Además, junto con la labor del diálogo doctrinal, en el Ecumenismo de los últimos cincuenta años han sido más importantes los gestos de confianza mutua y de cercanía  que los documentos teóricos, completamente desconocidos para la mayoría de cristianos de todas las confesiones. Y de confianza mutua y de cercanía con los demás sabe mucho el que fuera Arzobispo de Buenos Aires, pues allí vivió de primera mano la opción conciliar por un Ecumenismo  que se ha de manifestar en la vida pastoral concreta. Según parece, con ocasión de alguna celebración o encuentro ecuménico, les pedía a los pastores evangélicos allí presentes su bendición y su oración por él. Algo inédito, que sepamos, en cuanto a lo que a gestos se refiere; pero algo normal, si le hacemos caso al Concilio cuando afirma que en "los hermanos separados“ también actúa el Espíritu Santo.

Benito Méndez Fernández es delegado diocesano de Ecumenismo y profesor del ITC