El amor humaniza

"Es bueno el cuestionamiento, el debate, despertar a los acomodados, tocar el corazón, ese fondo noble que existe en toda persona, hasta que vuelva a latir con emoción, con generosidad"

El amor es la experiencia más humanizante que tenemos. La persona se realiza fundamentalmente en el amor, cuando experimenta que ama y es amada.

En una sociedad como la nuestra, caracterizada por la superficialidad y las relaciones frágiles, que valora a la persona por su utilidad y considera fracasado al que no es competitivo, es importante insistir en esta afirmación.

El amor pertenece a la constitución del ser humano y su experiencia lo transforma. No amar es quedarse disminuido, es no vida, no existir del todo. Hemos sido creados a imagen de Dios, de un Dios que es amor. El amor forma parte de nuestra identidad. Y el amor sólo existe amando. Por tanto estamos llamados a vivir amando permanentemente, no sólo en el ámbito familiar o entre amigos, sino en toda actividad verdaderamente humana: el trabajo, la economía, la cultura, la política…

El individualismo está en la base de muchos criterios y actitudes de nuestro mundo económicamente desarrollado y humanamente empobrecido. La racionalidad económica intenta justificar los desajustes del sistema que deja hambrientos y excluidos por el camino. Lo grave es que el ciudadano medio interioriza esa racionalidad y no reacciona. Es urgente plantear, frente al individualismo que deshumaniza, la comunión que recupera.

Este planteamiento tiene un primer tiempo de formación y toma de conciencia: un ver la realidad de manera lúcida y también amorosa y preguntarse por las causas (¿por qué trabajos que saben a explotación, recursos que no llegan a los más necesitados, corrupción que daña la convivencia…?) y por las consecuencias que habitualmente tendemos a ignorar. Es bueno el cuestionamiento, el debate, despertar a los acomodados, tocar el corazón, ese fondo noble que existe en toda persona, hasta que vuelva a latir con emoción, con generosidad. Empieza así una reacción por fin humana, llamada a crecer y actuar.

Este tiempo de actuar vendrá estimulado y acompañado por el testimonio de tantas personas y colectivos que ayer y hoy han desafiado intereses egoístas y han hecho, y hacen, avanzar la historia humana: ¡cuánta generosidad en la lucha por los derechos laborales, por el reconocimiento de los civiles, por la unión de los pueblos de Europa tras la guerra! ¡cuánto amor muestran los médicos sin fronteras y tantos otros profesionales arriesgados!  ¡cuánto servicio anónimo efectuado por personas que comparten con sencillez, que acompañan soledades, que perdonan y reconcilian a quienes antes se enfrentaron!

El convencimiento definitivo de que éste, el del amor, es el camino que humaniza viene dado por la propia experiencia cuando uno personalmente se siente amado y deja que sea el amor quien tome las decisiones en su vida, que su mirada, su  juicio y su actuación estén transidas de amor. Esto es siempre posible. El creyente sabe que Dios actúa en el interior de las personas en esta línea. El no creyente no es consciente de ello, pero está igualmente conectado a esta fuente de energía que es el amor de Dios.

Artículo publicado en el número 131 de la revista diocesana DUMIO

Publicado: 25/05/2016: 7022
Alfonso Gil Montalbo

Ferrol (1939) - Delegado episcopal de Cáritas Mondoñedo-Ferrol