Cuaresma 2017: Camino de amor

Mensaje del obispo Luis Ángel de las Heras para la Cuaresma

Artículo publicado en el número de febrero de la revista diocesana 'Dumio'

"Las personas que están en los márgenes, esperando migajas, desahuciadas, como Lázaro, nos pueden enseñar que los demás son un don si aprendemos a quererlos"

Deja febrero paso a una Cuaresma que comienza el 1 de marzo, festividad de San Rosendo, que por caer este año en Miércoles de Ceniza lo celebraremos el día 2, jueves. La Cuaresma es un tiempo estupendo para caminar hacia la luz y la vida que nos llegan por Jesucristo, muerto en la cruz y resucitado. El papa Francisco, en su mensaje cuaresmal de este año, nos invita a volver a Dios de todo corazón, a crecer en la amistad con el Señor. ¿Quién, si no es Dios, espera paciente nuestro regreso cuando nos alejamos de Él? Esa paciencia demuestra que Él es amor. No un sentimiento a merced de los vientos, sino un Padre comprensivo y servicial, que todo lo perdona, que no sabe de envidias, jactancias ni orgullos, que no es grosero, ni egoísta, que no pierde los estribos ni es rencoroso, que no se alegra de la injusticia, que encuentra su gozo en la verdad, que confía, espera y soporta sin límites, que vence a la muerte (cf. 1Cor 13,4-8).

El camino cuaresmal hacia la Pascua es un camino de amor, un camino hacia el encuentro del amor del Padre. Una senda que nos desvía hacia los márgenes para acercarnos a las personas humilladas, degradadas, que tienen rostro y quizá pueden compartir el mismo nombre de la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31), que comenta el Papa en su mensaje para el tiempo de Cuaresma. Personas a las que «Dios ayuda», que es lo que «Lázaro» significa. Descubrir al pobre con los ojos de Dios que ayuda es conocer al ser humano con su historia original; percatarse de lo que es capaz de hacer a otros y dejar de hacer por los demás y por sí mismo; visibilizarlo como una piedra preciosa de incalculable valor.

Las personas que están en los márgenes, esperando migajas, desahuciadas, como Lázaro, nos pueden enseñar que los demás son un don si aprendemos a quererlos. A quienes queremos, los valoramos agradecidos. Cuando nos disponemos a amar sin exigir requisitos previos, estamos dispuestos a reconocer que todas las personas son un regalo precioso. Y aquellos que más necesitan encontrarse con Dios, con su amor, son un don mayor. De este modo recorremos el camino cuaresmal del cristiano, que ama la vida y la defiende siempre, pero, sobre todo, cuando está más amenazada, cuando es más débil.

El camino cuaresmal también nos alerta del exceso que conlleva la corrupción cuando el hombre rico e inconsciente, que como todo animal perece (cf. Sal 49), se encierra en la codicia, en el engaño y la soberbia, en el servicio al dinero. En definitiva, una corrupción que genera vacío interior.

Recordar que somos polvo y en polvo nos convertiremos, recordar que “somos muy poquita cosa”, nos conduce a poner la mirada en los márgenes para hacer justicia al oprimido y adelantar la llegada del Reino. Para lo cual necesitamos acoger la Palabra de Dios viva y eficaz que nos abre el corazón a Dios y a los demás al mismo tiempo, porque, si lo cerramos a Él, se lo cerraremos a ellos, y si se lo cerramos a nuestros hermanos, al mismo tiempo, se lo cerramos a Dios.

Existen nuevos ayunos, oraciones y limosnas para esta Cuaresma de 2017. Ayunar del hartazgo y hastío que vuelve invisibles a los pobres. Orar deseando el bien a todos, especialmente a quienes más sufren. Limosnear el amor de Dios para amar como Él ama.

¡Buen camino de amor hacia la Pascua!

+ Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal
Obispo de Mondoñedo-Ferrol