Homilía en la ordenación presbiteral de Adrián de Prado Postigo, CMF

Segovia, 10 de junio de 2017

"Tus manos consagradas con el sagrado crisma serán manos que seguirán consagrándose accidentadas en el servicio a todos, especialmente a los más pobres, a los que no han encontrado a Dios, a quienes no conocen su rostro misericordioso y samaritano"

Queridos hermanos, amigos y amigas.

Os felicito por estar aquí esta tarde.

Querido Adrián. Como en Jesús, y en san Antonio Mª Claret, el Espíritu del Señor está sobre ti, porque él te ha ungido. Te ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor (cf Lc 4, 18-19). Así, eres y, sin dejar de ser lo que eres, serás.

Cada día estamos más seguros no de que el mundo va mal —que es una expresión pesimista y desesperanzada—, sino de que el mundo necesita ese tiempo de gracia de Señor, el Reino de Dios. Un proyecto de salvación que se va realizando lentamente en la transformación del corazón de las personas y de un pueblo que se extiende en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el nombre del Dios uno y trino que ha venido a dar vida, sin descanso y con paciencia.

Dentro de ese pueblo de sacerdocio real en Cristo, Él te ha elegido, Adrián, y ya eres bautizado y consagrado. Hoy continua tu historia de Amén, que es historia de Amor de Dios para con su pueblo, contando con tu libertad para asentir esta vez a la participación en el ministerio de los Apóstoles con un estilo de vida evangélico y profético (cf CC 82).

Tomado de entre los hombres para servirles en lo que se refiere a Dios, a partir de ahora, serás… Serás, en su nombre, Maestro, Sacerdote y Pastor sin dejar de ser discípulo.

Convivirás, como hermano, con la porción de pueblo que se te encomiende. Te preocuparás pastoralmente de los enfermos y de aquellos que, por cualquier motivo, están marginados (cf CC 84).

Serás tocado por la gracia del Hijo de Dios para adquirir sus sentimientos, que son los del Buen Pastor. Los mejores sentimientos. Serás amado por el Padre misericordioso con una medida nueva, nuevamente sin medida. Serás ungido por el Espíritu Santo que hace clamar Abba y edificar comunión hacia una humanidad naciente en Cristo.

Tocado, amado y ungido por Dios uno y Trino, tendrás vocación cotidiana de lavatorio. Tus manos consagradas con el sagrado crisma serán manos que seguirán consagrándose accidentadas en el servicio a todos, especialmente a los más pobres, a los que no han encontrado a Dios, a quienes no conocen su rostro misericordioso y samaritano.

Tocado, amado y ungido por Dios, tendrás, como tú has escrito, ánimo pronto para lo eterno, para unirte definitivamente a Dios y abrirte a tus hermanos.

Serás corazón ofrecido hasta el martirio uniendo tu destino al del Hijo. Serás testimonio vivo de que en Él se halla la auténtica alegría de la vida para darlo todo a Cristo, para dar a Cristo a todos. Dirás con tu vida indivisa y, al mismísimo tiempo, bien partida: “Mi cuerpo por vosotros”. Apurarás en fe el cáliz del Señor.

Y sí, a partir de ahora, no antes, “serás pescador de hombres” (Lc 5,10); red, camino, puente de salvación ofrecido a las gentes que se acerquen a tu ministerio, particularmente al banquete eucarístico, que estará en el centro, para tener vida en abundancia o para ser alzados al amor más grande, que es lo mismo. Tomarás el cuerpo de Cristo para serlo y lo serás para tomarlo.

Finalmente, tendrás corazón de pastor, fraguado en el Corazón materno de María, donde bien podrás atender los avisos de Claret a los sacerdotes. El primero, tener por norma suprema el amor, tal y como viene de Dios. Después, mantenerte atento a la humildad, conservar la paz, ser más fácil en dar que en recibir, guardarte de contaminar la palabra de Dios. Y, entre otros, de un total de 32, el que describe cómo celebrar el sacramento de la reconciliación, al que Claret llama asilo de misericordia, donde habrás de vestir entrañas paternales, uniendo a la caridad de padre la pericia de médico, dice nuestro Fundador.

El Señor pasará ante ti, Adrián, como ante Moisés, manifestándose compasivo y misericordioso. Te inclinarás y postrarás, como Moisés, comprendiendo que este sueño de Dios para su pueblo y para ti se hace vida, es verdadero y tiene horizonte de plenitud. Te estremecerás y asombrarás cada día de tu vida claretiana sacerdotal, fiado del único infinitamente fiable.

Te echarás rostro en tierra y serás, con mirada de eternidad, Adrián de Prado Postigo, hijo del Corazón de María, misionero presbítero. Digo con todos; decimos contigo: “Amén”.

+ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de Mondoñedo-Ferrol