Nuestra misión en camino de conversión

Escrito del obispo publicado en el número de octubre de la revista diocesana 'DUMIO'

"Los cristianos tenemos un enorme poder para cambiar las cosas, liberándonos de lo que nos hace daño a nosotros mismos y a los demás: el poder de Cristo"

Hemos iniciado el curso 2017/2018 con la fuerza que tiene todo lo nuevo, con la ilusión y la curiosidad por lo que iremos descubriendo. En la diócesis de Mondoñedo-Ferrol lo hemos hecho con el impulso del Espíritu que renueva nuestra fe y nuestra esperanza para recorrer nuevos caminos desde el amor que viene de Dios y vemos nítidamente en Cristo y en su Evangelio.

El plan diocesano de pastoral, iniciado en 2016 y que pretende mirar hasta 2020, lo estamos denominando plan diocesano para la misión. Mondoñedo-Ferrol ha de ser Iglesia constituida en estado permanente de misión, respondiendo a la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (cf. EG 25). La alegría del Evangelio es consigna de nuestro camino misionero estos años. Para recuperarla, para encenderla, para avivarla…

Durante este curso queremos abrir procesos de cambio. Si el curso pasado nos pusimos en camino, éste tomamos conciencia de que nuestra misión solo puede darse en conversión (cf. EG 25-33) y nos disponemos a obrar en consecuencia. La conversión no goza de muy buena prensa. No creemos que sea posible. Nos parece que depende del esfuerzo voluntarista. Nos deja frustrados porque lo hemos intentado muchas veces y seguimos igual. Pensamos que es algo que exige sacrificios inhumanos… Podéis continuar la lista de valoraciones detractoras. Con todo, goza de bastante éxito la frase atribuida a Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Como también alguna otra parecida, que resalta que el cambio es la clave para obtener mejores resultados tanto personales como corporativos y, por supuesto, empresariales y económicos.

Con todos los respetos a Einstein y a su exitoso mensaje, los cristianos tenemos un enorme poder para cambiar las cosas, liberándonos de lo que nos hace daño a nosotros mismos y a los demás: el poder de Cristo. Somos sus discípulos misioneros en camino. Vivir en este camino es avanzar hacia la plenitud, hacia la santidad. Y no hay que aspirar a menos. El horizonte es alto, merece la pena y llena el corazón de quien se ha encontrado con Jesucristo y quiere que muchos otros se encuentren con Él.

Así pues, reconozcamos que necesitamos y nos viene bien el cambio, la conversión, la transformación de nuestra Iglesia, comenzando por cada persona bautizada. No merece la pena ser tibios, vivir la fe a medias, quejicosos o cómodamente insatisfechos. Como tampoco vivir esperando que nos solucionen los problemas desde fuera. Cada cual sabe qué procesos de cambio debe abrir y emprender con determinación. Cada cual debe estar dispuesto a dar un paso adelante, a reconocer que otros ya se orientan hacia la conversión y que debemos hacerlo todos en una misma dirección, coordinándonos y apoyándonos unos a otros.

Cada uno de los diocesanos, personas laicas y consagradas, sacerdotes, obispo, necesitamos dejarnos evangelizar para vivir nuestra misión en camino de conversión. Para dar, en lugar de exigir. Para pensar antes en los demás que en uno mismo. Para hacer de modo distinto lo que “siempre se ha hecho así” y no ha dado resultado. Para acoger a quien se incorpora, compartiendo lo que uno sabe y aceptando lo que aporta el recién llegado. Para asumir humilde y agradecidamente que otra u otras personas empiecen a tomar las riendas de lo que nosotros habíamos hecho hasta ahora. Para adquirir nuevas responsabilidades. Para no sentirse propietario de nada ni de nadie. Para no imponer mi pequeña verdad al otro. En definitiva, necesitamos dejarnos evangelizar para ir abriendo cada vez más espacio al Reino de Dios que ya está presente en medio de nosotros.

Esta extensión del Reino que hemos empezado a disfrutar tenemos que ofrecérsela a todos, especialmente a quienes necesitan un acompañamiento samaritano en estas tierras. Un acompañamiento que brota y se alimenta de la misericordia del Padre contemplada en el rostro de Jesús y alentada por el Espíritu Santo. Nuestra misión en conversión es condición imprescindible para evangelizar, ungidos como somos por el Espíritu para realizar un servicio evangélico, misericordioso y samaritano en Mondoñedo-Ferrol.

Deseo de corazón y también os pido a cada uno que tengamos el valor de vivir desde Dios y transitar así la senda liberadora de la misión en clave de conversión.

+ Mons.Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de Mondoñedo-Ferrol